
Las redes sociales forman parte del escenario cotidiano de información y comunicación de millones de personas en el mundo, habilitando el acceso a la información en tiempo real y la posibilidad de difundir datos, opiniones y noticias sin intermediarios. A su vez, son una prolongación del debate público. Sin embargo, no son inmunes a muchos de los abusos de derechos humanos que las mujeres y personas LGBTI+ enfrentan fuera de Internet.
Desde 2018 desde Amnistía Internacional venimos realizando diversos estudios sobre las experiencias de las mujeres en Twitter. De acuerdo a los Principios Rectores sobre las Empresas y los Derechos Humanos de la ONU, las corporaciones deben adoptar medidas concretas para evitar causar o contribuir a la violación de esos derechos, tanto en sus políticas como es sus prácticas.
Según las investigaciones llevadas a cabo en Argentina, una de cada tres mujeres sufrió violencia en esa plataforma. Esto incluye: amenazas, difusión de información privada, imágenes íntimas y acoso dirigido y reiterado a una persona con el objetivo de humillarla o silenciarla.
Tal como señala una de las periodistas entrevistada en nuestro último informe, si en algún momento decíamos que Twitter era el ágora, ahora empezó a ser el coliseo.
Con el propósito de hacer un seguimiento e impulsar la rendición de cuentas de Twitter para prevenir y erradicar la violencia de género en la plataforma, Amnistía Internacional elaboró 10 indicadores para medir los progresos de esa red social e identificar las deudas pendientes.
Estos indicadores se enfocan en 4 ejes fundamentales: la transparencia, los mecanismos de denuncia, el proceso de revisión de las denuncias de abusos y las características de privacidad y seguridad mejoradas.
Si bien, Twitter aumentó la cantidad de información disponible en sus Informes de transparencia; lanzó nuevas campañas de sensibilización y amplió el alcance de su política sobre conducta de odio, esto ha demostrado no ser suficiente.
De acuerdo con los testimonios relevados en nuestro último informe, Tabla de puntuación de Twitter 2021 (o Scorecard Twitter), hay usuarias que se han visto forzadas a modificar su conducta en la red o a autocensurarse como forma de preservarse, ante la violencia de género. Hay quienes incluso decidieron abandonar por completo la red social y cerrar sus cuentas. Esto afecta gravemente el debate público, ya que busca silenciar y disciplinar a mujeres y personas LGBTIQ+, especialmente cuando se vuelven referentes de la defensa de los derechos humanos y de los movimientos trans feministas.
La violencia y el abuso online afecta su libertad de expresión, al no garantizar un espacio seguro en el que las personas puedan comunicarse sin temor a represalias.
Que Twitter garantice un procedimiento de denuncia sólido ante los ataques que puedan surgir, es fundamental para combatir la violencia en línea. En este punto, la red social del pajarito debe proporcionar mayor claridad acerca de cómo identifica los comportamientos de violencia y abuso.
Por su parte, el Estado debe trabajar en la producción estadísticas que permitan conocer la dimensión de la violencia online. Además, debemos contar con leyes y políticas para la erradicación de la violencia de género que contemplen su dimensión digital. Estas medidas deben ser acompañadas por procesos participativos multisectoriales, en los que se garantice que la voz de las mujeres y personas LGBTI+ sea debidamente representada.
Dar respuesta a la violencia en internet, evitando que los esfuerzos para regular las situaciones de abuso deriven en prácticas de censura ilegítima, es fundamental para garantizar el derecho humano a la libertad de expresión. De lo contrario, será muy difícil garantizar un contexto propicio para el desarrollo de conversaciones plurales y democráticas, en donde todas las voces estén representadas en condiciones de igualdad, sin discriminación, ni violencia.
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