
“Cuando un grupo social instaura teorías equivocadas provoca fatalmente consecuencias dañosas. Los errores se propagan con sorprendente velocidad cuando demagogos, a impulsos de intereses bastardos o de fanatismos estúpidos, desorientan y perturban a los hombres sencillos. Cuando la opinión general ampara durante largos períodos sistemas erróneos y nocivos provoca de manera inexorable la catástrofe”.
“Un sistema social por beneficioso que sea, no perdura sin suficiente consenso. No es suficiente que una minoría selecta descubra el camino a la libertad, es preciso que la mayoría sienta repugnancia a caer en la abyecta servidumbre. Sin embargo, la gravedad del tema radica en que es siempre la opinión pública la que a la larga decide”.
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“Cuando el Estado declara lo que es bueno y lo que es malo, define lo ortodoxo y lo heterodoxo y nadie es libre de disentir, quien muestra disconformidad es un ser anormal y perverso”.
La lectura de lo arriba expuesto a simple vista pareciera que es una descripción de la situación en que la Argentina se encuentra, pero no es así, son conceptos que expresa Ludwig von Mises (1881- 1973) el economista austríaco en su libro “La mentalidad anticapitalista” escrito en 1956.
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Hoy nuestra sociedad se encuentra atrapada en un laberinto de dirigentes corruptos, de intereses corporativos que luchan de forma indecente por sus posiciones y privilegios, de una parte de la justicia sobornable y de una población desorientada, cansada, pobre y con un horizonte de más miseria y desigualdades.
Nuestros funcionarios hoy quieren dirigir la economía sin plan, solo con voluntarismo, no pueden comprender que “el mercado determina los precios y a cada factor atribuye el suyo”, por el contrario, creen en las teorías absurdas que ellos desde un escritorio pueden determinar los precios ignorando al mercado, una falacia que solo se sustenta en la ignorancia y desconocimiento básico del funcionamiento de la economía dentro del sistema capitalista que los países líderes practican con tanto éxito.
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Los sistemas comunistas, socialistas y populistas, solo contabilizan fracasos y pueblos que exhiben pobreza, ausencia de libertad y la continua emigración de sus poblaciones hacia otras naciones donde la libertad es el bien más valorado, protegido y ejercido.
Hoy la Argentina lleva muchas décadas de desencuentros y confrontaciones que la condujeron a la decadencia y destrucción económica, la disolución social, el ocaso educacional, los narcotraficantes que se van transformando en algunos sitios en factores de poder, finalmente a este estado calamitoso de desgobierno no puede escapar a nuestra atención, los peligros geopolíticos que significan los actos terroristas cometidos por minúsculos grupos de supuestos mapuches.
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Se perdió el rumbo, continuamos siendo conducidos por los mismos burócratas responsables de esta ruina.
El mundo nos observa con incredulidad, somos motivo de estudio de cómo una nación y un pueblo que a comienzos del siglo pasado había llegado a ocupar los primeros lugares en el ranking mundial por su riqueza y bienestar se autodestruye, solo manteniendo permanentes conflictos internos.
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Una grieta profunda
La realidad que nos toca vivir nos afecta y preocupa, pero sería simplificar el problema si creemos que la grieta que nos separa es solo entre macristas-seudo liberales contra kirchneristas-peronistas, ¡No! es mucho más profunda, cada uno de ellos tiene su propia grieta interna donde operan nuevos jugadores que los indisciplinan, dividen y confrontan.
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Estos conceptos evidencian y demuestran indubitablemente la realidad que acontece con parte de nuestra dirigencia política, empresaria, gremial y también parte de la justicia. Del otro lado, está todo el pueblo argentino que trabaja y paga impuestos, que son angustiados desempleados, de los que perdieron sus empresas, de quienes viven en la inseguridad, de aquellos que sus hijos carecen de educación.
Cuando no hay consenso, cuando todos están contra todos, cuando las posiciones son irreductibles el resultado siempre es el mismo caos y crisis. ¿Cómo creemos que vamos a cortar este nudo gordiano y comenzar a remontar la cuesta? Con ciudadanos comprometidos dispuestos a trabajar. Hay que ignorar y desechar a aquellos dirigentes mentirosos, hipócritas y corruptos, que solo venden, como se dice vulgarmente, “pescado podrido.
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Hay que tener siempre presente que cuando el Estado toma sobre si la tarea de planificar la vida económica del país y de sus ciudadanos, solo consigue pobreza, se pierde la libertad y se va camino a la servidumbre.
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