
La realidad internacional demuestra que la defensa nacional no constituye una aspiración teórica ni un resabio del pasado, sino una necesidad permanente de todo Estado responsable. Desde esa perspectiva, vale preguntarse por qué la profesión militar sigue siendo indispensable para la Argentina.
Todo combate, batalla y operación militar, sea en la paz o la guerra, puede devenir en un desastre. Un soldado del siglo XXI convive y se prepara cotidianamente, para los conflictos contemporáneos, pero también, para aquellos de un futuro que pareciera ser, al decir de muchos especialistas, muy incierto.
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El riguroso y continuo adiestramiento, la disciplina y el servicio prolongado son clave para forjar a los jóvenes integrantes de las Fuerzas Armadas y así enfrentar las exigencias y difíciles geografías adonde se puede llegar a operar. Conducir medios militares y manipular, eficientemente, un sistema de armas de alta tecnología, son todo un desafío.
En su preparación para esta tarea, miles de jóvenes militares dedican sus vidas a esta singular profesión. Tal singularidad deviene en que la función militar implica la subordinación política, la aplicación ordenada y ética de la fuerza y un código de justicia particular. El modelo Sanmartiano constituye un legado que nos tipifica, distingue y honra.
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La profesión militar comparte, sin embargo, muchos rasgos con otras profesiones tradicionales como la medicina, la ingeniería y el derecho, que poseen especializaciones, códigos profesionales y éticos, autonomía y el servicio a la sociedad de las que se nutren.
Entonces, ¿qué es lo que distingue a la profesión militar? La respuesta contempla tres aristas. La primera es que el militar asume ciertas restricciones a sus derechos ciudadanos; la segunda se relaciona con las extraordinarias exigencias, riesgos y paradojas morales, que se le pueden presentar. Pero, en su ápice, se encuentra el estar dispuesto, de ser necesario, a perder la vida por el país, es decir, la Argentina y su sociedad.
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En un ambiente moderno, el rol de un jefe militar es mucho más complejo que en el pasado. Las decisiones se ven afectadas por múltiples requerimientos y demandas; van mucho más allá que planear tareas, ordenar, ejecutar y supervisar. Son cabeza de organizaciones complejas que tienen en cuenta numerosas variables, hoy permeadas, en todo su espectro por la tecnología.
Si bien cualquier fuerza armada se prepara para actuar en una guerra, el militar ama, por sobre todas las cosas, la paz. Quizás, porque haya estudiado y visto de cerca su flagelo y el sufrimiento que acarrea. También aquellos derivados de emergencias, desastres naturales, pandemias y en operaciones de paz de lejanas geografías.
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Al prepararse, permanentemente, para defender los bienes tangibles, como puede ser, una ciudad, una infraestructura crítica o los espacios terrestres, aéreos y marítimos, las fuerzas militares protegen los intereses nacionales, la soberanía y la libertad y vida de sus habitantes.
Si bien la defensa nacional es una función indelegable a sostener en cualquier estado, los enfoques contemporáneos, empleados en los países más avanzados, tratan a la seguridad nacional y, en consecuencia, a la defensa, desde una perspectiva integral. Es decir, que agrupan los esfuerzos colaborativos de las áreas, departamentos y agencias de un gobierno, para lograr la unidad de esfuerzos, hacia un objetivo compartido para situaciones de crisis o de guerras.
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Pero este enfoque integrado de gobierno ha sido ampliado, en los últimos tiempos, para involucrar a todo el sector privado y la sociedad en su conjunto, atento a que, si los conflictos son multidimensionales, las soluciones también deben ser integradas, colaborativas y multidimensionales.
Otra peculiaridad respecto de las Fuerzas Armadas y la Defensa Nacional es que, además de su empleo efectivo y de disuasión permanente, cumplen otros roles durante la paz, adonde ponen a prueba su temple y dedicación al servicio, como, por ejemplo, las muestras dadas en estos días en Venezuela y en lejanas operaciones de paz, prestigiando a nuestro país.
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En síntesis, se considera una ventaja y un activo considerable el contar con profesionales de las Fuerzas Armadas al servicio de la Nación y de su población para cumplir en forma permanente con los roles asignados por el Poder Ejecutivo, integrando sus esfuerzos para el Bien Común.
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