El país del delirio total

Argentina es un país extraño, donde cada día pagamos los costos de cada uno de nuestros delirios: un firme avance hacia el pobrismo más absoluto, a pesar de que para algunos delirantes, todo parece estar cada día mejor

El presidente Alberto Fernández
El presidente Alberto Fernández

Cuando quienes hoy gobiernan la Argentina estaban en campaña, allá por mediados del año 2019, los delirios que eran anunciados por aquel entonces no eran otra cosa que parte del triste folclore electoral que vivimos en cada año impar en el país. Aquella recordada amenaza del candidato Alberto Fernández a los bancos, prometiendo destinar los supuestos espurios intereses que ganaban impunemente, hacia el bolsillo de los jubilados el mismísimo día de su asunción. Más allá de la inconsistencia en el anuncio que pretendía expropiar los intereses de un instrumento financiero del Banco Central para pagar incrementos jubilatorios, lo cierto es que nadie le dio demasiada importancia porque a todos los candidatos se les permite de algún modo algo de exageración en sus dichos. Incluso poco tiempo antes de asumir en calidad de Presidente de la Nación, Fernández indicaba que “el dólar a $60 estaba bien” a pesar de que al momento de la frase, ya había superado holgadamente ese valor: ni vale la pena aclarar que desde allí a la actualidad ese valor se ha más que triplicado.

Lo cierto es que más allá de las campañas electorales, uno pretende que ya con la tranquilidad de haber obtenido el sillón de Rivadavia (al menos por cuatro años) esos delirios queden en el pasado. Lo curioso es que desde que asumió Alberto Fernández esos delirios muy en contra de mermar, se han incrementado de manera exponencial. Los divagues oscilaron en todos los temas, pasando por los sanitarios, económicos y hasta políticos.

Argentina se encuentra entre los países con mayor cantidad de fallecidos por millón de habitantes relacionados con el virus de origen chino

En el plano sanitario, lo conocido: nos dijeron que el coronavirus nunca llegaría a la Argentina (incluso nos llegaron a transmitir que por lo que había que preocuparse más que por el Covid era por el dengue), el vacunatorio VIP (donde se vacunaron primero los políticos y amigos del poder), el retraso en el plan de vacunación (a lo que se le sumaron los innecesarios traspiés públicos con algunos de los laboratorios productores de vacunas) y hasta un faltante de testeos que hace que incluso hoy (más de un año y medio después de comenzada la pandemia) no sepamos a ciencia cierta la cantidad de infectados que existen. Desde ya que el resultado fue el indeseado: Argentina se encuentra entre los países con mayor cantidad de fallecidos por millón de habitantes relacionados con el virus de origen chino.

En el plano económico siempre ocurren serios desórdenes del sentido común cuando impera el populismo. Mucho más cuando este populismo es sin recursos, o al menos sin los recursos que el populismo argentino tiene recuerdos de poseer. Se intentó la expropiación de empresas, se trató de miserables a los empresarios (mientras la cuarentena intentaba fundirlos), se le prohibió a los empleadores despedir personal y se emitieron sin ningún plan más de 3 billones de pesos. Más aún, el propio Fernández dijo no creer en los planes económicos: esta fue una de las frases más desopilantes de todo su mandato. De igual forma el congelamiento de precios reciente, sustentado en una ley de hace 47 años, hace también sus esfuerzos por ser de las locuras más exóticas.

Se intentó la expropiación de empresas, se trató de miserables a los empresarios (mientras la cuarentena intentaba fundirlos), se le prohibió a los empleadores despedir personal y se emitieron sin ningún plan más de 3 billones de pesos

En el plano político también estuvieron a la orden del día los delirios: se jactaron de haberle dado a la Secretaría de Salud de la Nación rango ministerial a pura demagogia. Sin embargo cuando jaqueado por el vacunatorio VIP se tuvo que ir, el Presidente se limitó a decir que perdió un amigo mientras a miles se le habían muerto familiares y amigos por el desaguisado sanitario. El Presidente también nos amenazaba por televisión con su dedo índice levantado. Nos asustaba con la posibilidad de secuestrarnos el auto si no cumplíamos con lo que él decía. No le importaba demasiado si uno necesitaba moverse para buscar el plato de comida del día: claro, el organizaba y permitía encuentros sin ninguna restricción puertas adentro de la Quinta de Olivos.

También se dedicó a intercambiar palabras con su vicepresidente, Cristina Fernández Kirchner, de una manera muy particular: él le dedicaba tuits y ella le escribía cartas. Todo muy alternativo. Ocurrieron más episodios desopilantes: muchos ministros del gabinete pusieron su renuncia a disposición del Presidente luego de la derrota en las elecciones PASO: se fueron los que no lo hicieron. Incluso tenemos una “Portavoz” de Presidencia que aclaró que no será la portavoz del Presidente sino de toda la coalición gobernante. Sin dudas la nota la dio el Presidente enfrentando el accionar seudo-mapuche en la Patagonia (esos delincuentes que con violencia usurpan territorios ajenos): dijo que no era su responsabilidad la seguridad del territorio. Increíble, pero cierto.

Argentina es un país extraño, donde cada día pagamos los costos de cada uno de nuestros delirios: un firme avance hacia el pobrismo más absoluto, a pesar de que para algunos delirantes, todo parece estar cada día mejor.

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