
Cada vez más escuchamos sobre ambición climática, transición energética, sustentabilidad. Sin embargo, en este lado del planeta sigue sonando como algo ajeno, algo que primero ocurre en el mundo desarrollado o algo que vendrá después de resolver otros problemas. Este noviembre, después de dos años, los países de todo el mundo se vuelven a juntar en una negociación climática presencial, la COP26, para definir entre todos ellos, pasos concretos para la acción climática.
Claramente la responsabilidad no es la misma para todos, pero es de todos. Y cada país desde sus capacidades tiene que hacer los cambios necesarios para detener el cambio climático.
Hoy se publicó el Climate Transparency Report, una publicación que cuenta la performance de los países del G20 en materia climática, y sus resultados muestran, claramente, que la acción es necesaria ahora y que todos los países, sobre todo los grandes, deben hacer más para estabilizar el clima global y prevenir impactos graves. Ahora bien, ¿qué significa hacer más?: ¿Resignar desarrollo? ¿Perder oportunidades? Todo lo contrario. Mientras algunos sectores se aferran fervientemente al pasado y justifican cambiar para que nada cambie, el desarrollo sostenible y sin emisiones realmente ofrece oportunidades de negocio, de inversión, de desarrollo social, de mejor calidad de vida. No es un sacrificio que haya que hacer.
En el caso de Argentina, el reporte destaca que, aún con las dificultades económicas que conocemos, el país no logra alinearse con una reducción de emisiones y un desarrollo sustentable. Hace anuncios, pero no avanza en concretarlos. Aunque en diciembre nuestro país presentó un nuevo compromiso climático mejor que el anterior, pero este no es suficiente. Ni las acciones de los sectores y del Gobierno, ni los discursos públicos que se hacen en cumbres de alto nivel demuestran que vayan a cumplirse las metas propuestas al año pasado.
El presidente Alberto Fernández hace referencia a conseguir un 30% de generación de energía a partir de fuentes renovables para el año 2030, pero la realidad es que no se ve ningún avance en este sector, mientras que la industria de los hidrocarburos sigue abriéndose paso y encontrando beneficios para sí, como la reciente propuesta de ley de hidrocarburos. El Estado plantea reducir emisiones y condenar la deforestación ilegal, al tiempo que el proyecto de Presupuesto Nacional 2022 sigue recortando la partida para la Ley de Bosques Nativos.
El sector de la energía renovable necesita ver señales que le garanticen reglas claras para poder desarrollarse y de manera justa y ordenada ir planificando un desarrollo energético que vaya dejando de lado la quema de combustible. Un reciente informe de KPMG para la Cámara Argentina de Energías Renovables dice: “Argentina necesita una hoja de ruta energética que articule los incentivos del sector público y el sector privado dando un horizonte de visibilidad a 2030 y 2050″. Y agrega: “El país podrá aprovechar la tendencia global hacia las finanzas sostenibles (bonos y préstamos verdes) manteniendo la seguridad jurídica y la estabilidad tributaria.” El mismo informe hace referencia a que en el corto período de expansión que tuvieron las renovables se generaron 17.500 puestos de trabajo y que existe una gran oportunidad de generar industria nacional para el sector.
El tren está arrancando, la transición está en marcha, es una decisión del país elegir una transición justa hacia un futuro próspero y sostenible que garantice la salud, el empleo y el bienestar de las personas.
Mientras los compromisos climáticos de mediano y largo plazo se siguen promocionando y mejorando, lo que falta es la implementación. En la medida que no haya señales claras para dar seguridad a los sectores económicos y a las oportunidades para la gente, nos seguirá faltando un largo trecho.
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