Una campaña desquiciada

Encerrados en el microclima del poder, quienes pretenden conducir nuestro destino no parecen registrar el enojo y la apatía que la gente común ha ido acumulando

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Acto del Frente de Todos
Acto del Frente de Todos en La Plata

Corre una campaña rara, desmadrada. Sin logros a la vista que exponer, en el caso del oficialismo, y teniendo que esquivar la penosa memoria del pasado reciente que dejó el macrismo, para la oposición, los argumentos viran hacia lo extravagante.

Sin un comando unificado, cuáles electrones libres, candidatos y candidatas de la coalición de gobierno, van por la vida y los medios compartiendo sus ideas y pareceres. Todo deviene un tanto bizarro, freaky.

Forzados a hacerse ver y conocer, no reparan en daños. Apremiados por seducir al votante avanzan a cualquier precio. Más hablan, más se complican.

El odio y el amor. El sexo y el goce. El miedo y la traición. Sentimientos y pasiones dominan los discursos por momentos hilarantes, vacíos de contenido, sin debates de fondo. Todo absolutamente alejado de los padecimientos de las mayorías, que escasas de alimentos, trabajo y seguridad penan sin tanta bambolla. Ellos, mientras tanto, ausentes, disociados.

El Presidente enmarca sus “deslices éticos” en la intimidad de Olivos en descuidos y distracciones. Alega autopercibirse como “un hombre común” que de a ratos olvida su condición de Jefe de Estado. Tan sincero como preocupante.

Una suerte de “qualunquismo” parece afectar a toda nuestra clase dirigente en campaña.

Demasiada gente común. Gente que, de tan común y vulgar, olvida sus tareas y responsabilidades. De la grandeza, templanza y recato, que demanda aquí y en todo el mundo el ejercicio de la política, ni hablar.

La apelación constante a goces y disfrutes suena provocadora en el contexto de desasosiego que nos deja la pauperización que sobrevino a la cuarentena XL. La politización del sexo también.

A “garchar” que se acaba el mundo. Cristina habla del amor y Vicky del “garche”.

El uso del lenguaje nos define. Las palabras no son inocuas. La expresión lunfarda “garchar” alude a una forma grosera y avasallante de las relaciones sexuales. Una cosa es “hacer el amor”, otra “coger’' y una muy diferente es garchar o para ser más precisos: “que te garchen”.

“No terminé de entender si es que una política mujer no puede hablar del goce y el disfrute. La palabra garchar la puede decir un tipo y no una mujer”, sostuvo Tolosa Paz en tren de encuadrar su dislate en una cuestión de género. Error. Si hay una expresión falocrática es justamente “garchar”.

El memorable meme no tardó en aparecer. Estaba cantado. “El peronismo te garchó siempre”, viralizaron las redes, en respuesta a la ligereza discursiva de la primera candidata a diputada por el Frente de Todos.

Si no hay asado, al menos hay que promover las relaciones carnales. El sexo es gratis, no admite cepo, no te obliga a pagar impuestos y no aumenta es déficit fiscal.

Cuando el precio de los alimentos trepa por encima de la inflación promedio y es la principal preocupación de la gente, trasladar el foco de la #La vida que queremos a la performance sexual que, supuestamente, nos garantiza el peronismo es no solo una tilinguería, es que te agarren para la chacota. No es por ahí, Victoria.

En orden a congraciarse con los suyos Javier Milei juega a ser aún más crudo, más explícito, más brutal. El usa una palabrita más contundente: aplastar.

Luego de calificar a Horacio Rodríguez Larreta de “gusano asqueroso arrastrado” y “zurdo de mierda”, aseguró que lo puede “aplastar aún en silla de ruedas”. La escabrosa imagen que plantó le valió el pedido de una disculpa pública por parte de una agrupación de militantes discapacitados. Tendrán que esperar.

“Yo se que te duele sentir que te voy a aplastar y te ponés a embarrar la cancha”, le clavó a la frentetodista Fernanda Vallejos en medio de un debate caliente.

La lógica del “aplastamiento” como método de exterminio político parece estar firme en el imaginario del candidato libertario que arrasa entre los más jóvenes.

Violencia simbólica, violencia verbal. Nada que no haya precedido en la historia política la escalada de la violencia física. Algo que ya conocimos. Mete miedo.

El miedo es, justamente, el sentimiento al que apeló Teresa García para hacer otro invalorable aporte a la campaña.

La ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires apeló a una línea discursiva muy novedosa para ir por el voto de los jóvenes. Ella habló del “miedo al miedo”. Casi una psicoterapeuta.

“Faltan muy pocos días para la elección, muchos de ustedes tienen más de 16 años y van a votar, les quiero hacer un pedido. No miremos ni los programas de televisión, ni las consignas que plantean algunos para desanimarnos. Quieren que nos gane el desánimo, nosotros somos peronistas, no nos va a ganar.”

Teresa García debería saber que los chicos miran muy poca tele y que el desánimo que los aqueja tiene que ver con la falta de oportunidades y la falta de trabajo y de futuro, cuando no de algunas cuestiones más básicas como los alimentos y la educación. No necesitan mirar el candente prime time de las señales de noticias para estar chapaleando en el desencanto y la desesperanza. Mucho menos que les garanticen “libertad sexual” algo para lo cual no necesitan ni del permiso de Tolosa Paz, ni del peronismo, ni de ninguna otra fuerza política. Al menos hasta aquí.

La desesperación por retener el voto joven mete a todos los dirigentes en problemas.

María Eugenia Vidal tuvo que salir a explicar una y mil veces su versión acerca de los efectos adversos del consumo de marihuana de acuerdo al target social al que se pertenezca. Sus consideraciones cayeron muy mal aun entre los jóvenes y no precisamente entre los K. No son pocos los chicos que insuflados de ideas libertarias salieron a replicar.

Entre las patrullas perdidas en este tiempo electoral despunta Sergio Berni. Apenas horas después de la desopilante pieza audiovisual de la mamá de Randazzo, el inefable ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, irrumpió en modo Terminator. Esta vez la emprendió contra María Eugenia Vidal. Sale Sabrina, entra Mariú.

“Esta marihuana y todo lo que está acá está manchado de sangre, para que usted la consuma relajada y tranquila, se comercializó con menores que mamaron desde chiquitos la violencia como un método de vida, por eso hay que tener mucho cuidado cuando se habla’', concluyó Berni.

No conforme con tan atendibles argumentos sacó a escena a su señora madre.

Victoria Tolosa Paz, precandidata a
Victoria Tolosa Paz, precandidata a diputada nacional en la provincia de Buenos Aires

“Después de la paliza que le pegó Axel, la Leona, como la cenicienta, se convirtió en gato y salió corriendo para la capital... Flor de quilombo nos dejó. Decile a esa señora que de pelotudos no tenemos nada….”, dice la supuesta progenitora de Berni en un spot que inspiró otra mami, la de Flori Radazzo.

Mamitas de armas tomar, puteadoras las dos, mal habladas pero disponibles para ponerle el cuerpo y el tono a la campana. De tales palos tales astillas.

La andanada de memes y chascarrillos que desató el disparate de esta campaña le da la derecha a Sabrina Frederic. Todo muy divertido. Onanismo intelectual mediático y pochoclero para todes. Seguro que en Suiza no es así.

La incontinencia verbal afecta a propios y extraños. No hay coach que le haga entender que en los tiempos de Twitter se impone hablar con frases cortas y concisas que no admiten dobles interpretaciones. Frases que no cambien de sentido si se las saca de contexto. Algo elemental a la hora de comunicar.

Empoderado tras su regreso del verano europeo, Mauricio Macri no para de hablar y no tarda en aportar ruido en el tiempo preelectoral.

El ex Presidente, que a la luz de lo bien que le va en la provincia mediterránea asegura ahora autopercibirse cordobés y dispuesto a cambiar su domicilio para competir electoralmente desde la provincia de sus amores, se despachó con una frasecita demoledora.

“El Gobierno, o cambia o se van a tener que ir...va a haber un aire nuevo el lunes diciendo bueno, o cambian o se van”. No ayuda a su fuerza ni a sí mismo. La dejó picando, Santiago Cafiero lo trató de golpista. Es increíble, nadie respira ni piensa antes de hablar. Se atragantan de tanto emitir.

Algunos ruegan que alguien les saquen los celulares y los mantengan alejados de los micrófonos. Otros prefieren que se los dejen seguir hablando para saber cómo sienten y piensan para solaz, esparcimiento y/o espanto de todos.

Alberto Fernández, por su parte, incursionó esta semana en un ítem muy caro para el peronismo: la “traición”.

Sin que nadie le preguntara nada, se despachó con una aseveración inquietante. “No voy a traicionar a Cristina, ni a Máximo, ni a Massa ni al pueblo que me votó”.

Otra vez dejó a la intemperie sin pudor alguno las tensiones que desgarran la coalición gobernante en los días que corren. Expuso las fracturas expuestas que afectan el poder.

Otro al que no pueden hacer callar.

Puede que el ninguneo a la industria y el mantenimiento del cepo a la carne que complica la relación con el campo que sellaron el fin de la semana que termina sea parte del mismo tributo

El Jefe de Estado debería saber que no se puede sobrevivir mucho tiempo corriendo de la misa a la procesión.

Tampoco es cierto que no se pueda ser títere y autoritario a un tiempo. Todo depende de quién maneje los hilos.

El hombre no admite coucheo alguno, solo confía en su impronta personal a la hora de comunicar. Se empeña en explicar todo, en contar todo. Duerme, cuando lo consigue, pegado a su teléfono. Al menos eso es lo que aseguran en el círculo más estrecho de sus asesores.

Todo muy confuso. O demasiado claro. Cada uno con su obsesión. En el turbulento tramo final hacia las PASO cada cual atiende su juego.

Los que se pretenden Juntos enfrentan también su propia tempestad.

Facundo Manes es un cactus salvaje en el jardín florido de Rodríguez Larreta. Ahora se plantó y no quiere compartir bunker el día del escrutinio. No piensa regalarle una foto de unidad de quien dicen no lidera ni su propio espacio y que aspira competir por la presidencia en 2023, un objetivo declarado también por el neurocientífico.

Martín Lousteau, que apoya a Facundo Manes, cruzó duro al Gobernador de Jujuy Gerardo Morales. Dijo que no le pone el cuerpo a la campaña del precandidato radical.

“El ladrón cree que todos son de su condición”, descerrajó el senador. “Aquel que, cuando tiene que hacer algo privilegia sus comodidades y conveniencias cree que todos hacemos lo mismo”, agregó.

No hace falta aclarar que Gerardo Morales también tiene sueños presidenciales.

Patricia Bullrich le da la bienvenida a la coalición a Carolina Losada con una advertencia. “No te conviertas en lo que querés combatir: no mentir es nuestra premisa”. Una devolución de atenciones. Losada aseguró que votar a su contendiente del PRO Federico Angelini se le estaría regalando una banca al kirchnerismo, en alusión al espacio vacante que dejaría el ahora diputado. Todo muy feo.

El río está revuelto en la oposición. Sostener la unidad se complica. Hay que pasar las PASO.

Cristina, entretanto, optó por ponerse en modo pastora. “Nosotros” somos el amor y “ellos” el odio.

Es simple: todo el que no se alinea del lado K es un ser que odia, un antipueblo. En la concepción cristinista de las relaciones políticas, está el que ama y está el que odia. Es su biblia.

Lo único que puede definir la condición de opositor es el “odio”. De tan sencillo te la hace fácil. Te hace la vida más bella y evita meterte en honduras políticas y complejidades. ¿De qué lado estás: del de los que aman o de los que odian?

La pandemia deja de ser un argumento para explicar la economía. Ha pasado a ser un tema incómodo. Con los escándalos todavía abiertos del Olivos Gate y vacunatorio VIP y una confusión en torno a las dosis de Moderna que no están siendo aplicadas tampoco la campaña de inmunización ofrece argumentos.

Sin pasado y sin presente del cual jactarse y sin definición alguna acerca del futuro nos entretienen con obuses que van y vienen y una interminable saga de situaciones desopilantes..

Encerrados en el microclima del poder, quienes pretenden conducir nuestro destino no parecen registrar el enojo y la apatía que la gente del común ha ido acumulando entre privaciones y disparates.

Las declaraciones de Horacio Rodriguez Larreta, quien hace eje en la idea de que lo que está en juego en las elecciones es la disputa entre dos proyectos de país, reinstala la polarización que reaparece más radicalizada que nunca. Terceras fuerzas abstenerse.

Entre la #lavidaquequeremos y #lavidaquetenemos hay un abismo insondable en el que se aloja la ajenidad de los que pretenden representarnos.

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