
La informalidad laboral ha aumentado en este tiempo de COVID, principalmente en las dos regiones con mayor informalidad del mundo: África y América Latina. Era un desafío de larga data y muy difícil de resolver antes del inicio de la pandemia. Ahora es mucho peor.
Sobre esto he estado escribiendo todo el año en un libro que saldrá en unos meses. Lo que más me llamó la atención es la poca investigación y debate que hay sobre un tema tan desafiante para la región. Un reciente reporte del Fondo Monetario Internacional lo deja muy claro: “2 billones de trabajadores, 60% de la población mundial, participa de alguna u otra manera del sector informal”. Si bien la mayoría de estos trabajadores están en las economías en desarrollo -pobreza e informalidad van de la mano- también se ve presente en los países más desarrollados.
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Las causas son muchas, variadas e interconectadas, lo que hace mucho más difícil encontrar soluciones con impacto que tengan una visión general al momento de abordarlas. Además, hay poca evidencia sobre políticas e intervenciones del Estado que hayan tenido resultados positivos en términos de empleo de calidad.
El debate generado por los organismos multilaterales o las Universidades y think tanks de la región suele centrarse en el futuro del trabajo “sofisticado” donde la sociedad del conocimiento potenciará la productividad, dará oportunidades a emprendedores, y la formación profesional se refiere al desarrollo de software y la robótica. Definitivamente temas claves, pero que muchas veces no tienen impacto, ni siquiera cercanía, con lo que está pasando a más del 40% de los adultos trabajadores de América Latina.
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El impacto de la pandemia hizo aún más visible las necesidades del sector informal de la economía debido a que no cuentan con ningún tipo de esquema de protección social. El confinamiento estricto impactó muy negativamente en los medios de supervivencia de todos aquellos trabajadores que dependen de los ingresos diarios para subsistir y los gobiernos, razonablemente enfocados en el COVID y la salud, no pudieron acudir con suficientes políticas y recursos para contrarrestarlo.
Los millones de trabajadores informales de nuestra región, están en ella no por elección sino porque no logran insertarse al mercado formal de trabajo. Debemos ayudar a trasladar las personas informales hacia una mayor formalidad ya que no solo les otorgaría mejores condiciones laborales, sino que contribuye a la economía en su conjunto: existe una mayor productividad, mayor crecimiento económico y más trabajo de calidad, además de mayor presupuesto estatal.
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Teniendo en cuenta esta realidad, el Fondo Monetario Internacional en este reciente trabajo ha elaborado una serie de políticas que pueden ser eficaces para reducir la informalidad.
En primer lugar, mejorar el acceso a la educación sobre todo en habilidades que preparen a los estudiantes para que puedan ingresar a la economía formal, tanto para trabajar en relación de dependencia como para iniciar su propia empresa. También hace hincapié en simplificar los sistemas tributarios y de protección social, muchas veces ocurre que las pequeñas empresas operan en el sector informal por la complejidad de los trámites o por lo alto que son los impuestos en comparación con su productividad.
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Además, es importante reforzar la inclusión financiera, la falta de acceso al financiamiento es una limitación para la productividad y el crecimiento de los negocios, principalmente de las pequeñas y medianas empresas.
Por último, implementar políticas estructurales específicas que sean eficaces para promover una mayor incorporación en el sector formal como dotar de mayor flexibilidad a las regulaciones del mercado laboral que simplifique y facilite el ingreso de los trabajadores informales al empleo formal.
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Pero sobre todo para poder abordar la informalidad es importante contar con información, ya que el diseño y la implementación de políticas eficaces requieren, ante todo, que podamos medirla. Es urgente ocuparnos de esta realidad. Reducir la informalidad es el único camino para un desarrollo sostenido e inclusivo en América Latina.
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