
Argentina es el único país del mundo que, habiendo estado entre los diez más ricos del planeta, hoy tiene más de un 30% de pobres. Es uno de los fracasos más estrepitosos de una nación en la era moderna. Es por tanto indispensable reconocer el progreso argentino y entender las causas de su decadencia, si queremos recuperar la confianza en un tiempo mejor.
En 1938, Argentina alcanzó el séptimo lugar en el mundo por su desarrollo económico y humano. Un nivel similar al de Francia y superior al de Japón, Italia, Sudáfrica, España, Brasil y México (ver cuadro adjunto). En 1951, M. K. Bennett publicó un estudio en el American Economic Review, clasificando 31 países de acuerdo a sus niveles de vida en el período 1934-1938, incluyendo a más del 85% de la población mundial. Bennett los clasificó en base a indicadores de consumo no monetarios (por tanto no afectados por la inflación y/o los tipos de cambio), incluyendo alimentación, servicios médicos y sanitarios, consumo de energía, vivienda, vestimenta, educación y recreación, transportes y comunicaciones.
La Argentina ocupaba el primer lugar en calorías consumidas, el sexto en cuanto a la menor tasa de mortalidad infantil y el tercero en médicos per cápita, superado solamente por Estados Unidos y Reino Unido. Alcanzó el octavo lugar según el número de autos y camiones per cápita, el doble que Italia. En transportes y comunicaciones superaba ampliamente a Japón y ocupaba el séptimo lugar en materia de teléfonos. Ya en 1913, el Producto Bruto Interno por habitante era superior al de México, Brasil y España juntos. El desarrollo de las industrias, tanto manufactureras como de la construcción, se refleja en el consumo de cemento (7º lugar) y en el consumo industrial de energía (13º), un desarrollo similar al de Italia y superior al de España. La producción de cemento en 1937 era superior a la de Brasil y México juntos, mientras que el consumo de energía per cápita era tres veces superior al de cada uno de ellos.
La Decadencia y la “Argentina Pastoril”
El estudio de Bennett es una refutación contundente a las críticas al período 1880-1940, durante el cual se produjo una vertiginosa transformación del país. Muchos argentinos creen que ese “milagro” generó una gran injusticia social, que fue subsanada con políticas “progresistas” implementadas a partir de 1943. Otros creen que “el fracaso del modelo agroexportador” hizo indispensable un fuerte intervencionismo estatal. Algunos denuncian la falta de industrialización de la Argentina “pastoril”, demorada por una oligarquía agropecuaria aliada con potencias extranjeras para consolidar la dependencia. Otros conceden que la Argentina “creció, pero no se desarrolló”, habiendo disfrutado de un éxito temporario impulsado por condiciones únicas en el mundo que no habrían de repetirse.
Como demuestra el trabajo de Bennett, la Argentina “pastoril” produjo resultados asombrosos, a pesar de sus imperfecciones. En 1880, la Argentina estaba despoblada y con una economía primitiva. Al cumplirse el Centenario, apenas cinco décadas después de la Organización Nacional, la Argentina logró ubicarse en los primeros puestos del mundo, insertándose exitosamente en la economía global. Los sucesivos gobiernos hicieron de la libertad una política de Estado para el ingreso de inmigrantes, capitales y tecnologías. El progreso argentino fue resultado de instituciones estables, razonable apertura comercial y financiera, inmigración abierta, bajos impuestos y moneda estable.
¿Qué nos pasó?
El mundo se complicó a partir de 1913, durante la primera Guerra Mundial y hasta finales de la segunda en 1945. Crecieron el nacionalismo, el racismo, el proteccionismo y el estatismo. En ese período las ideas de gobierno limitado y libre comercio, que permitieron un desarrollo nunca visto en la historia de la humanidad a partir del siglo XVIII, parecían condenadas a morir, desafiadas por el idealismo marxista y la planificación centralizada. Pero a partir de 1945 el mundo volvió lentamente a integrarse iniciando una etapa de fuerte crecimiento y apertura del comercio.
Precisamente cuando, finalizada la segunda guerra, el mundo retomó el crecimiento y la apertura comercial, la Argentina comenzó a destruir los cimientos de su progreso atacando la inversión, combatiendo el capital, depreciando su moneda, pulverizando el crédito, aislándose del mundo con un proteccionismo prebendario, castigando a sus sectores más competitivos y dilapidando recursos a través de privilegios sectoriales y subsidios.
Estas políticas se reflejaron en la inflación, un virus que continúa erosionando el poder adquisitivo de la moneda hasta nuestros días. Se fue conformando un sistema corporativista en desmedro del sistema de representación política. Una alianza tácita incluyendo industriales protegidos, políticos populistas y sindicalistas privilegiados se fue apropiando de la riqueza producida por el resto del país, dinamitando los incentivos para la inversión competitiva. Lamentablemente esa alianza fue amparada por un Poder Judicial que convalidó esos desvíos en desmedro de la Constitución Nacional.
El Estado comenzó a crecer, a controlarlo todo y a dilapidar recursos, administrando empresas ineficientes, aumentando la burocracia, consumiendo riqueza, destruyendo la cultura del trabajo y del esfuerzo individual, aumentando los impuestos, la inflación y el endeudamiento. Se formó un sistema que promueve la corrupción y enriquece a las castas cercanas al poder a expensas del resto del país. Un sistema que, en el nombre de los pobres, los reproduce.
Nadie quiso, supo o pudo reformar ese sistema. Reemplazarlo por un sistema moderno de incentivos para la creación de riqueza, con mucha prisa y sin pausa, es nuestro mayor desafío si queremos recuperar un tiempo que supo ser mucho mejor, si queremos recuperar esa Argentina que se fue.
Ranking de Países (1934-1938)
País Índice (EEUU=100)
1. Estados Unidos 100,0
2. Canadá 80,6
3. Australia 80,0
4. Reino Unido 75,6
5. Alemania 62,0
6. Francia 57,6
7. Argentina 53,7
8. Checoslovaquia 47,0
9. Cuba 41,5
10. Japón 40,1
11. Italia 39,6
12. Sudáfrica 38,7
13. España 36,8
14. URSS 33,6
15. Brasil 31,6
16. México 29,0
17. Polonia 28,8
18. Yugoslavia 27,4
19. Filipinas 25,7
20. Rumania 25,4
21. Turquía 24,2
22. Egipto 22,2
23. Tailandia 21,4
24. India 20,8
25. Corea 19,4
26. Persia 18,2
27. China 18,0
28-31 Otros 17,0
Fuente: M.K. Bennett, International Disparities in Consumption Levels (American Economic Review 61, Septiembre 1951, p.648).
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