
Cada vez más gente vive en ciudades. Por eso, lo principal de la nuestras historias ocurre en ellas. Tokio Olímpica, Wuhan 2020, Chernobyl 1986 o Berlín 1989. También La Plata 2013. Las celebraciones, las tragedias, los grandes hitos, tienen sede urbana. Los cambios sociales comienzan en las ciudades.
En las ciudades vive el 92% de la población Argentina. Las fortalezas y las debilidades de las ciudades representan, a su vez, la plenitud, la incertidumbre o el dolor de las personas. En estado real o potencial. Por eso, hay países que tienen una mirada estratégica, que se proponen respuestas integrales para los centros urbanos.
Es hora de que la agenda política nacional de la Argentina tome nota de esas experiencias. Hay denominadores comunes para los distintos rangos de urbes que pueden hacer más eficaces y más sólidas las respuestas que necesitan las personas para vivir mejor, de manera más confortable y segura. De eso se trata. Es hora entonces de considerar en nuestro país una agenda para una política nacional de ciudades. A modo de ejemplo, proponemos algunos puntos de abordaje.
Movilidad urbana
La multiplicación de los automotores en las calles hace ya tiempo que dejó de ser solo un novedoso dato de la modernidad y la tecnología. Hoy es un desafío para el pensamiento urbanístico. La convivencia armónica del tránsito vehicular con la realidad social de los que caminan, estudian, descansan o trabajan en las ciudades no surge del espontáneo devenir de las cosas ni mucho menos de la inercia.
Aunque parezca inverosímil, las calles continúan respondiendo a la lógica de la antigua retícula de Hipodamo -el mítico primer urbanista- concebida para que unos cientos de peatones y carruajes pudieran transitar las ciudades de la antigüedad. Pero ahora se anegan de automóviles que disputan el espacio a las personas de a pie o en bicicleta. Desde el siglo V antes de Cristo pasó mucho tiempo. En el Siglo XXI la buena movilidad urbana ya no puede asegurarse sin un mínimo de planificación, que demanda recursos técnicos y económicos que los gobiernos locales no tienen.
Cambio climático
Días pasados pudimos ver el desastre en las calles de Schuld, el pequeño pueblo alemán que sufrió el azote de lluvias terribles. También se vio caer nieve en 48 ciudades de Rio Grande Do Sul, de habitual clima subtropical. El mundo cambia. Ahora, en Argentina, la bajante del Paraná escala en la preocupación social e informativa.
Son hechos de este planeta que ocurren en estos días. Sin embargo, no hay un lugar en la agenda política argentina –la mayoría de las veces centrada en discusiones sin sentido- para la elaboración de mínimas respuestas anticipatorias acerca de las consecuencias del cambio climático en las ciudades. La inundación de La Plata en 2013 puede ser mañana cualquier otra localidad argentina que, de la noche a la mañana, se encuentre desbordada por violentas y copiosas precipitaciones.
El Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la Corporación Andina de Fomento, entre otros organismos e instituciones, hace ya años que previeron acciones que en nuestro país han sido muy pocas veces consideradas. No parece la mejor de las opciones continuar con el bajísimo nivel de prioridad actual respecto de este desafío. Más intensidad de lluvias en menos tiempo es un pronóstico que no necesita más ratificaciones. Mientras los desagües urbanos absorben 25 milímetros por hora en la mayoría de los casos, las precipitaciones tienden a exceder mucho esa capacidad de drenaje.
Prevención local del delito y la violencia
En las ciudades es donde mayoritariamente se roba, se hiere, se viola y se mata. Como toda conducta social humana, cualquier delito responde a un patrón estadístico, georreferenciable, perfectamente identificable. Eso lo vemos continuamente en series policiales. La perspectiva local de esa información es la que permitiría poner una lupa de gestión previsible y planificada en cada ciudad, y así mejorar la seguridad. Para eso hace falta descentralización. Por el contrario, la espectacularidad ineficaz de algunos “shérif”, pretendiendo resolver las complejidades del delito desde la televisión, habla de las dotes actorales del funcionario. Pero no garantiza una gestión útil para la prevención del delito y la violencia.
Los oficios de siempre en el siglo XXI
Es en las ciudades donde mayormente los oficios se demandan y se ofrecen. Es en sus calles también donde toma rostro humano la desocupación y la marginalidad. Complementario al largo plazo de la educación formal, es la enseñanza de oficios lo que puede acercar a un trabajo a las vecinas y vecinos de las urbes. Las habilidades potenciales de cada persona, de cada familia, que necesita un mínimo apoyo para progresar o enfrentar la realidad económica actual con mayores oportunidades de éxito, es lo que pueden detectar o conocer mejor los gobiernos locales. Mucho más de lo que permite la mirada lejana desde cualquier ministerio nacional o provincial.
El hábitat, la vivienda, el uso de la tierra y del espacio público, la preservación de los patrimonios y muchos otros aspectos pueden y deben ser considerados en el marco de una gran estrategia nacional para las ciudades y los seres humanos que las hacen.
Una ley para las ciudades
La Unión Europea tiene un área específica para tratar estas problemáticas. Brasil en su momento creó un Ministerio de Ciudades. Ahora, la Argentina debe avanzar en una gran ley de ciudades mejores para la gente.
Los gobiernos locales, libremente elegidos por los vecinos y vecinas de cada ciudad, no deben quedar luego librados a su suerte. Para enfrentar desafíos como los expuestos no es necesario que cada ciudad tenga que empezar desde cero. Todos los saberes y experiencias deben estar a su alcance. Porque hay países que hace décadas comenzaron a transitar como política de Estado en la planificación de las ciudades. El Congreso argentino debe discutir para todos los argentinos una Ley de Ciudades Mejores para la Gente. Los derechos de los vecinos, a través de sus gobiernos locales, de contar con los recursos técnicos y financieros necesarios para afrontar las transformaciones, deben estar garantizados en esa ley. Más allá del color político que tenga cada ciudad.
Derecho a la ciudad
Quizás convenga cerrar estas líneas trayendo aquí una cita del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, que define el derecho a la ciudad como: “El derecho de todos los habitantes a habitar, utilizar, ocupar, producir, transformar, gobernar y disfrutar ciudades, pueblos y/o asentamientos urbanos justos, inclusivos, seguros, sostenibles, democráticos, definidos como bienes comunes para una vida digna”. Mejores ciudades para la gente es posible. Solo se trata de tener voluntad política para hacer de esta genuina aspiración una realidad.
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