
El coronavirus no iba a llegar a la Argentina, o al menos eso fue lo que nos transmitió a principios del año 2020 quién fuera por aquellos tiempos el Ministro de Salud de la Nación Ginés González García. Algo más de un año después, estamos contabilizado los 100.000 muertos por covid-19.
“Esto se previene con un té caliente”, “No queremos ser como Suecia”, “Con 40.000 muertos no podría dormir más”, “Con Macri hubiésemos tenido 10.000 fallecidos” y “de alguna manera somos la envidia del mundo”, son algunas de las decenas de frases que quedaran grabadas en las mentes de los Argentinos por siempre.
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Sin embargo, es altamente probable que el podio de las más impresionantes esté ocupado por la frase “entre salud o economía, elegimos la vida”, palabras estas que dieron comienzo a un período nefasto para todos los argentinos. Y aquí estamos, recorriendo un camino que nos está castigando con un promedio de 200 muertos por día desde el comienzo de las restricciones allá por el 20 de Marzo del año 2020. Recorrido que ha dejado no solo un tendal de muertos y familias destruidas (muchas de las cuales ni siquiera les permitieron despedir a sus seres queridos) sino también una economía devastada y miserias humanas, que siendo conscientes que existían siempre teníamos esperanzas en no verlas jamás: el vacunatorio VIP, donde los políticos y amigos del poder accedían a las pocas vacunas disponibles simplemente por creerse dueños de todo, los sobreprecios en la compra de insumos y alimentos y hasta los hisopados “truchos”. La economía en su acelerado proceso de agonía y mientras aquellos que hacen negocios con el Estado florecían sin descanso.
Han quedado en el pasado 45.000 pymes que jamás volverán a abrir sus puertas, 90.000 comercios que dejaron de existir, cientos de miles de desocupados (muchos de ellos aún sin haber recuperado sus ingresos), un año (y algo más) donde una buena parte de los chicos no tuvieron acceso a la educación y una pobreza que se ha convertido cada vez en una realidad más miserable. Si hay algo que ha quedado en claro es que no hemos hecho las cosas bien, nada bien.
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Las vacunas llegaron tarde, las ayudas fueron insuficientes y las medidas tuvieron como distintivo el haber llegado siempre a destiempo o en dosis absolutamente desmesuradas. La soberbia, la negligencia y el poder fueron responsables de todo lo que hemos perdido y que se pudo haber evitado.
En la falaz elección entre un 10% más de pobres o 100.000 muertos, el Presidente Alberto Fernández siempre fue muy claro: prefería la primera opción, ya que “de la muerte no se vuelve”. Sin embargo hoy hemos cumplido con ambos: la pobreza aumentó un 30% (unos 11 puntos más que previo a la llegada del Covid a la Argentina) mientras que el número de muertos es otra realidad (que aún no detiene su marcha).
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A pesar de todo lo ocurrido, no escarmentamos. Seguimos sin pensar en que es lo que nos deparará la pos pandemia, en cuáles son nuestras opciones en el horizonte y por sobre todo, que vamos a hacer para rearmar nuestra realidad, esa que se encuentra sumergida en la pobreza y la desolación.
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