
“Lo que es del bolsillo de uno, para guardar, lo que es del bolsillo del otro, para gastar”, así dice el refrán. En nuestro país se cumple en su máxima expresión. El bolsillo de uno cada vez más flaco en el sector privado, tanto empresas y hogares, y el bolsillo del otro para gastar, con en el sector público cada vez más grande y sin límites.
Los invito al diván del bolsillo argentino. Pongámonos cómodos y hablemos sobre lo que nos sucede. ¡Qué pase el que sigue!
1 - Bolsillo hogareño
Tras la inflación del 4,1% del mes de abril resuenan las alarmas de la administración hogareña. Según un informe de Focus Market vía Scanntech, en ese mes el consumo masivo mostró una caída del 19% con un saldo negativo para el acumulado del año del 15%, comparado contra un 2020 donde en cuarentena estricta y en pandemia se vivió un boom de consumo. Sin embargo, hay caída interanual en términos reales. Los argentinos consumen menos que un año atrás. La inflación de alimentos se aceleró al 4,5% por encima del indicador general de la inflación. La categoría alimentos cayó 30% en su consumo en el mes en términos interanuales frente a un crecimiento muy grande que había tenido en abril de 2020. Sin embargo, hay caída real del consumo de alimentos en términos interanuales y frente al 2019. Detrás de este dato está la pobreza e indigencia, con 42% y 10,3%, respectivamente, de acuerdo al Indec.
2 - Bolsillo de plástico
El gasto de tarjeta de crédito en el primer trimestre de 2021 presenta cambios también. El argentino gasta lo que tiene. Ni lo que desea, ni lo que a veces necesita; lo que puede. De acuerdo a Prisma, crece el consumo con tarjeta de débito, que ya representa el 46% de las compras totales con plástico frente al 38,6% en 2020. Y cae el consumo con tarjeta de crédito (51% de las compras totales frente a un 58,5%). Las billeteras digitales ganan terreno y terminan operando en débito con restricción de ingresos. Plástico o digital, el ingreso disponible cae.
3 - Bolsillo del trabajador
Frente a una inflación del 47,6% interanual, el salario promedio en argentina crece 32,7 por ciento. Lo que se recupera por paritarias se va perdiendo por la evolución general del nivel de precios. La expresión de este mes “recibí un aumento de sueldo” se diluye cuando se va a la carnicería y se ve que, en promedio, los cortes de carne avanzaron 70% interanual. El sueño de “llenar la heladera” o que “vuelvan los asados” está postergado. La situación para los cuentrapropistas, monotributistas y autónomos es aún peor. No tienen ingresos constantes, sus actividades son las más castigadas frente a las restricciones sociales y en muchos casos directamente han perdido su ingreso.
4 - Bolsillo del crédito del sector público
Si hablamos del bolsillo del sector público, estamos endeudados hasta la “coronilla”. Alberto Fernández y Martín Guzmán intentan negociar la postergación del pago de USD 2.400 millones con el Club de París y acordar con el FMI por la deuda de USD 44.500 millones. Si observamos nuestra deuda del sector público respecto del PBI, estamos mal. De acuerdo a un Informe del BIS (Banco de Pagos Internacionales), la deuda Argentina es la más alta de la región. Argentina 101,4% respecto de su PBI; Brasil, 92,1%; Chile, 37,9%; Colombia, 65,6%; y México, 42,6 por ciento. Este bolsillo es de los más complicados. El plan de Argentina es aplazar el pago pero sin modificar nada en el presente para que cuando llegue el momento de pagar el nuevo compromiso podamos honrarlo. Es como hablar con el oficial de cuentas de nuestro banco y pedirle que nos posponga el pago de la tarjeta de crédito 4 años a la misma tasa, pero sin que haya de nuestra parte cambios de conducta en el tiempo dedicado al trabajo, administración hogareña, mejora de nuestra capacidad para producir ni nivel de gasto con la misma tarjeta. El banco nos da el tiempo de gracia y a la misma tasa de interés sin punitorios. Pasado el tiempo sin cambios caemos en desgracia nuevamente.
5 - Bolsillo del crédito al sector privado
Cuando te cortan la tarjeta de crédito ningún miembro de la familia puede hacer gastos. Lo mismo pasa con las empresas que desean conseguir crédito para comprar un bien de capital. La tasa de interés a la que accede una empresa es el “riesgo país” de casi 1.600 puntos. Por menos de 17% no hay crédito. Pero lo peor es que no hay quien quiera pedirlos con una Argentina sin cambios ni reformas que ingrese en un sendero de estabilidad con crecimiento económico sostenido en el tiempo. Al día de hoy, una utopía sin un plan macroeconómico sólido. De acuerdo al BIS, Argentina tiene una de las deudas de su sector privado respecto del PBI más bajas del mundo. En el caso de Luxemburgo la deuda del sector privado respecto del PBI es de 305,3%. Suecia, 173,2%; Francia, 169,4%; China, 163,1%; Chile, 121,1%; Estados Unidos. 83,5%; Brasil. 51,7%... y Argentina a la cola con19 por ciento.
6 - Bolsillo del crédito a los hogares
En Argentina no hay crédito. Podemos compararnos una licuadora en 6 o 12 cuotas sin interés o un auto con tasa variable a pagar en los próximos 3 años, pero crédito a plazo para bienes como una casa, un bien de capital o una inversión para un emprendimiento ya es más difícil. Tenemos fundamentos vinculados a la inflación, tasas elevadas de cobertura, devaluación de nuestra moneda, inestabilidad económica y por ende inestabilidad del ingreso de la población.
De acuerdo al BIS, tenemos los hogares menos endeudados del mundo respecto de nuestro PBI. Los países desarrollados por su nivel de ingreso uno podría sostener que son los que menos nivel de deuda debería tener pero la estabilidad económica les permite hacerlo. La deuda de hogares es en Noruega del 112,8% respecto del PBI. En Estados Unidos, 78%. En Chile, 48,2%; en Brasil, 35,3%; en Colombia, 31,8%; y en México, 17,3 por ciento. ¿Y en Argentina? A la cola también, con solo el 5,2% de deuda de hogares respecto del producto.
Sin embargo, parece que vivimos endeudados. Nuestro ingreso no alcanza para nuestro gasto corriente y acudimos a la tarjeta de crédito, préstamo de algún pariente o amigo o una “cueva financiera” para sostenernos día a día. A pesar de esto no hay créditos de largo plazo ni nivel de ingreso que pueda pagarlos.
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