
Una de las últimas novedades que hemos recibido desde España ha sido el crecimiento del partido VOX. Esta agrupación, fundada a fines del 2013, no sólo obtuvo excelentes resultados en las elecciones regionales en Cataluña, sino que las encuestas nacionales lo muestran en franco crecimiento a nivel nacional.
Repasemos en primer lugar el panorama de la derecha española. Hasta hace poco tiempo dos partidos dominaban este sector. En primer lugar, un Partido Popular que junto con el Partido Socialista ha formado la mayoría de los gobiernos desde la vuelta de la democracia. Ciudadanos, por otra parte, supo tener su momento de gloria un par de años atrás, cuando su líder de entonces, Albert Rivera, parecía encaminado a ganar las elecciones. Si bien existen ciertas diferencias (Ciudadano es, por ejemplo, más progresista en temas sociales) ambos partidos pueden ser definidos como partidos liberales cercanos a la clase dirigente española.
Por el contrario, VOX se ha posicionado como un partido conservador, nacionalista y antisistema. Entre sus banderas se encuentra la oposición a la agenda de género, a la inmigración desde países musulmanes y una interpretación sobre la historia de España que muchas veces difiere de la de los partidos tradicionales. Esto último se vio reflejado en el debate parlamentario sobre la exhumación del cadáver de Francisco Franco del Valle de los Caídos.
El fenómeno VOX no debe sorprendernos, ya que este tipo de discurso viene ganando fuerza alrededor del mundo. Algunos ejemplos son Donald Trump en Estados Unidos, Narenda Modi en India, Racep Erdogan en Turquía y Jair Bolsonaro en Brasil. Al igual que ellos, Santiago Abascal, el líder de VOX, es un conservador popular que acusa a la dirigencia progresista de haber dejado de representar los valores e intereses de la población.
Con el paso de los meses, VOX ha tenido varios éxitos. Fue el partido de alcance nacional que más votos y escaños obtuvo en las elecciones regionales en Cataluña, mientras que las encuestas nacionales lo muestran tan sólo un par de puntos detrás del Partido Popular -con un Ciudadanos muy por detrás. Su crecimiento coincide con la adopción de un discurso más radical que, como sucede en varios países, busca incrementar la brecha política. Abascal incluso acusa a la dirigencia del Partido Popular de ser cómplice del gobierno de izquierda. Según su discurso, VOX sería la única alternativa.
Pero además de querer sumar a sus filas a los votantes del Partido Popular, VOX también apunta a restarle votos al Partido Socialistas y a Podemos. En efecto, este es un fenómeno que se viene dando en otras naciones. En los últimos años partidos tradicionalmente conservadores y representativos del establishment, como son el Partido Republicano en Estados Unidos o el Partido Conservador en Gran Bretaña, han sufrido una profunda transformación. De la mano de Trump y Boris Johnson han buscado, de forma exitosa, el apoyo de aquellos obreros que solían votar a la izquierda. Defraudados por un progresismo que, según su visión, esta más interesado en cuestiones identitarias que en mejorar su nivel de vida, muchos de ellos migraron hacia conservadurismo popular.
Hasta ahora el conservadurismo popular no ha llegado a la Argentina. ¿Lo hará en algún momento? Un problema que enfrenta este movimiento en nuestro país es que el sistema de partidos de la Argentina es sumamente resistente, habiendo atravesado numerosas crisis desde la vuelta de la democracia. Por lo tanto, la incorporación de un discurso tan rupturista como el que promueve VOX se vuelve sumamente difícil. Pero el conservadurismo popular cuenta con algunas ventajas. Para comenzar, el creciente descontento de la sociedad con una clase dirigente que no ha brindado demasiadas soluciones a sus problemas. Por otra parte, el primer peronismo (conservador y contrario a las élites de su momento) es un claro antecedente histórico al conservadurismo popular.
Hoy son pocos los especialistas que debaten la posible llegada del conservadurismo popular a la Argentina ¿Por qué? En parte por desconocimiento, pero también porque se considera que al darle visibilidad a un fenómeno que ya es global incrementaría sus posibilidades de éxito. Pero el escenario más peligroso consiste en que este arribe de manera imprevista y poco organizada, poniendo así en riesgo la solidez de nuestras instituciones.
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