Liberalismo, antítesis completa respecto del nacional-socialismo y del marxismo

Las columnas fundamentales de esta corriente de pensamiento son el Estado de Derecho, la democracia y la economía de mercado

John Lock, uno de los principales referentes del liberalismo
John Lock, uno de los principales referentes del liberalismo

Los principios del liberalismo consisten en la sustitución del concepto de “súbdito”, propio de la monarquía absoluta por el de “ciudadano” que se convierte en sujeto de los derechos inalienables, o sea en el concepto universal de libertad y de propiedad y en la sustitución del origen “divino” de la soberanía para radicarla en la nación o en el pueblo. Todo ello conduce a un principio esencial que es el ejercicio del poder político de acuerdo con la supremacía de la ley, esto es, de una Constitución, no siendo posible tal ejercicio sin una adecuada e imprescindible división de poderes que permiten su propio control y equilibrio.

De manera tal que al liberalismo lo definimos como la doctrina política, económica y filosófica que defiende la libertad individual, preconiza el Estado limitado restringiendo su intervención en la vida social y promoviendo en consecuencia la iniciativa privada como medio para el crecimiento económico y el bienestar general. Asimismo es un firme y apasionado defensor de las libertades individuales oponiéndose desde sus inicios al absolutismo y al “despotismo ilustrado”, regímenes vigentes durante la lúgubre y siniestra Edad Media. Constituye, en síntesis, la corriente de pensamiento cuyas columnas básicas fundamentales son: el Estado de Derecho, la Democracia y la Economía de Mercado.

Por otro lado, para el nacionalista el mundo está constituido por diferentes naciones con similares afanes de hegemonía. El mal supremo es la pérdida de identidad y el único que puede realizarlo es otra nación más poderosa. Es decir, el enemigo natural de una nación es otra nación y la historia bajo los términos tergiversados, de soberanía y dignidad que repiten incansablemente, es la guerra entre naciones, especialmente con los vecinos. Por eso buscan que las fronteras sean murallas indestructibles, muros de acero y cemento que dividan, que los aíslen de todo lo malsano para ellos, que proviene del exterior.

Para el marxista el supremo mal, además del anterior, es la denominada “injusticia social”, siendo la minoría opresora dueña de los medios de producción, el principal enemigo. En consecuencia, la lucha primaria que cabe concebir es la de “clases”, coincidiendo nuevamente con los nacional-socialistas en férreos muros con el inconfesable propósito, según esta óptica doctrinaria, que sus conciudadanos no escapen de la opresión por ellos provocada.

En definitiva, el liberalismo ha sido el responsable fundamental del indiscutible progreso de la humanidad en los últimos siglos siendo la Economía de Mercado el sistema compatible con una justicia independiente basada en el cumplimiento de la igualdad ante la Ley con el fin de asegurar la preservación de los derechos y garantías individuales por los cuales el mundo luchó incansablemente siendo este el medio para que se puedan consolidar los requisitos fundamentales para el óptimo desenvolvimiento de una República: estabilidad política, confianza económica y seguridad jurídica.

Sin embargo, este camino de prosperidad incuestionable no estuvo ni está exento de obstáculos por parte de las dos doctrinas totalitarias mencionadas precedentemente. Vemos con gran preocupación especialmente la mimetización del “nacionalismo siglo XXI” que rehúye ahora a ser catalogado con este nombre por el rechazo universal que se tiene a dicho término y se lo reemplaza por otras denominaciones moderadas para no producir una reprobación masiva pero el punto importante es que no renuncian en lo más mínimo a sus principios basados generalmente en el sentimiento, en el resentimiento y la agresividad permanente. En este contexto, aprovechan para tomar solo algunos temas aislados sobre libertad económica como propios, de los que abjuran íntimamente, siendo su objetivo al final del día, penetrar los partidos auténticamente liberales, inocular sus doctrinas anti republicanas para asumir posteriormente la titularidad de ellos y cambiar la libertad por el autoritarismo. El conflicto ideológico está planteado, los ciudadanos libres de todo el mundo debemos estar alerta. De lo contrario, inexorablemente, será demasiado tarde.

En definitiva, marxismo y nacional-socialismo comparten los mismos propósitos: férreo control del Estado en todas las áreas, confiscación de cualquier vestigio de actividad privada, aversión total a la división de poderes, mordaza a la prensa independiente, atropello profundo a la dignidad individual, en fin rechazo indisimulado al Sistema Institucional de la Libertad que es la antítesis de ambos regímenes porque el liberalismo, a través de la razón excluye dogmas de cualquier naturaleza, apunta a la tolerancia, al libre pensamiento, a la confluencia de intereses y a la interdependencia como motor de la globalización en el más amplio sentido de la palabra, aspectos estos que se aglutinan en el excelso respeto de los derechos y garantías del ciudadano como formidable dique de contención al avance del Estado sobre los individuos.

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