El Presidente volvió a atacar a la Corte Suprema cuestionando inexplicablemente su autonomía. Es evidente que está más preocupado por los problemas de su Vicepresidenta que los de los argentinos y eso está a simple vista: no hay plan contra la pandemia, ni vacunas, ni plan económico, tampoco educativo. Su única y principal preocupación es garantizar la impunidad de Cristina Fernández de Kirchner y, para ello, controlar y someter a la Justicia.
El cuadrilátero de la impunidad se viene gestando desde antes de que asumieran, y viene consolidándose: ley de Ministerio Público para designar un Procurador afín, condicionando a todos los Fiscales bajo la amenaza de remoción; modificación de la composición del Consejo de la Magistratura, donde comienza el proceso de designación de los jueces que culmina en el Senado, que controlan con abrumadora mayoría; tribunales paralelos a la Corte como un Tribunal Intermedio de Arbitrariedad que le robe la competencia y licue sus facultades; Reforma judicial para meter 23 jueces por la ventana y que sintetiza lo peor de la Reforma Judicial del menemismo, con el escandaloso Proyecto de Democratización de la Justicia del Kirchnerismo, que designó jueces subrogantes irregularmente. Este cuadrilátero de impunidad, busca encerrar a la Justicia para someterla y hacerla adicta al poder político, dinamitando los cimientos de la República.
Alberto Fernández, en su discurso de asunción en el Congreso de la Nación, prometió que venía a cerrar los sótanos de la democracia y aseguró que “sin una justicia independiente del poder político, no hay república ni democracia”, pero a poco andar olvidó sus palabras y profundizó esos sótanos, con constantes ataques a la Corte, remoción de magistrados y nombramientos de jueces militantes, intentando transformar a la Justicia en una escribanía del Instituto Patria, que certifique la inocencia y absuelva a los corruptos, bajo el paraguas del relato del lawfare.
La obsesión por someter a la Justicia no sabe de pandemias, ni descansa por vacaciones. Fue su prioridad en el 2020 y lo seguirá siendo este año. Actualmente, cuentan con una abrumadora mayoría en senadores y a pocos legisladores de tener mayoría propia en diputados, que les de rienda suelta a su plan de colonización de la Justicia. Por ello, las próximas elecciones no van a ser una elección más, vamos a definir si queremos una Justicia independiente o adicta al poder. Y si transitamos por el desfiladero de la reconstrucción de la República o su definitiva pérdida, de todos nosotros depende.
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