Víctimas por la Paz: construyendo desde el dolor

La sanación opera sobre el vínculo social que se ha roto con el delito

Coordinadora de Víctimas por la Paz. Abogada, Mediadora, especialista en resolución de conflictos
Víctimas por la Paz: construyendo desde el dolor (Shutterstock.com)
Víctimas por la Paz: construyendo desde el dolor (Shutterstock.com)

Víctimas por la Paz es una agrupación creada hace 5 años por ese incansable hacedor que fue el juez Mario Juliano. Formamos parte de un colectivo mayor llamado Asociación Pensamiento Penal.

Los integrantes de VxP hemos sufrido en carne propia, o en la de nuestros seres queridos, delitos de diversa gravedad. Desde leves a terribles. Y podemos hacerle frente al consabido “sí, vos hablás porque no te pasó”. Nos pasó.

Ya sufrimos el delito. Atravesamos o seguimos atravesando el dolor, eso no está en juego. El dolor quizá nos acompañe toda la vida. De lo que nos hemos liberado es del odio, del sentimiento de venganza, del “que se pudran”, del “se necesita mano dura”. Y nos preguntamos: ¿queremos vivir toda la vida con odio y con miedo o queremos transformar esos sentimientos en algo distinto, en generar algo mejor para la convivencia en sociedad?

Lo contrario a inseguridad no es seguridad, es convivencia. Queremos convivencia, la seguridad es un subproducto de ella. Estamos en una sociedad imperfecta, desigual, que no es equitativa, que genera exclusiones, rencores, genera otros con los que no nos identificamos, genera víctimas y victimarios. Debemos convivir con todos. Debemos ayudar a generar condiciones para convivir con todos. Solo entonces podremos sentir que poseemos cierta seguridad. Que nunca será total. No nos engañamos tampoco al respecto. Es un trabajo arduo, largo y difícil, que no se resuelve con más penas, más cárcel, menor edad de punibilidad, todas medidas que solo llevan a escalar el conflicto social. A empeorar las cosas.

Desde nuestro lugar de víctimas no hacemos ni ostentación de una posición moral de superioridad, ni queremos ser ejemplo, ni tampoco hacer flamear la bandera de que una víctima es una heroína o un héroe, sino que pretendemos hacer de nuestra propia vida una construcción para la pacificación de la sociedad. Ser protagonistas de nuestra propia vida luego de padecido el delito. Suena difícil, pero con los pequeños gestos que intentamos, con las acciones que realizamos vamos poniendo nuestro granito de arena en pos de la paz social.

Eduardo Galeano decía que podemos hacer la historia en lugar de padecerla.

El filósofo italiano Daniele Giglioli dice que “el que actúa nunca es víctima (…) es alguien que ha tomado sus propias decisiones (…) La víctima siempre está ligada al pasado, a algo que le hicieron. Por el contrario, el que actúa siempre lo hace hacia delante. Se puede recomenzar, decir no importa lo que me han hecho, lo que importa es lo que yo haré a partir de ahora”.

No somos ni filósofos ni pensadores ni sociólogos. Nos gusta mirarnos como personas que hacemos: acompañando a víctimas que se acercan a nuestro colectivo, difundiendo nuestra mirada contracultural, participando en comités de resolución de conflictos en cárceles, participando de debates en el marco de las instituciones, interviniendo en talleres en cárceles, realizando trabajos solidarios en barrios excluidos, dando charlas en universidades. Todas esas expresiones de lo que hacemos están sustentadas en una visión que tenemos para con la sociedad.

Pablo el Colo Pérez, dirigente de La Plata Solidaria y VxP, dice: “Nadie tiene el dolorómetro para cuantificar qué muerte es más lacerante. Los que perdimos un padre, un hijo, alguien querido por la violencia delictual asimilamos esa tragedia de diferentes modos. De lo que sí estoy convencido es de que cualquier circunstancia que nos meta en esa situación espantosa no nos convierte en mejores ni peores personas. El dolor es tan de uno que lo manifestamos como podemos”.

Alejandra Álvarez, también VxP: “El dolor no es un manto de pureza. Aprendizaje y empatía, estemos en la parte del puente que nos toque”.

Sin ponernos, como ya dijimos, en una posición moral superior, desde las víctimas podemos romper con el “nosotros y ellos” y hacer algo en favor de toda la comunidad unida, en favor de una mirada humanizante. Porque lo que se pierde en un delito es la humanidad involucrada, tanto de la víctima, como también del victimario, sin olvidarnos del impacto sobre la sociedad toda. Y es esa recuperación de humanidad lo que nos va a sanar.

Sanar. Perdón por la palabra, pero no hay otra. Quizá, a fuerza de tanto usarla, se ha banalizado. Pero lo que se busca con las acciones de justicia restaurativa es sanar primero a la víctima, esperar que funcione con el victimario, pero siempre sabiendo que la sanación opera también sobre el vínculo social que se ha roto con el delito. ¿Queremos vivir mejor o buscamos simplemente castigar?

Hay que repensar un montón de cosas que, aunque parezcan grandes, debemos empezar a discutir y poner en el tapete:

Acompañar a las víctimas durante y sobre todo luego del proceso, para no dejarlas solas y que hayan sido solamente un “testigo de lujo” de su propia causa. La víctima no se agota con la sentencia y que el ofensor vaya a la cárcel. Necesita mucho más de lo que la Justicia le ofrece hoy en día.

Mejorar las cárceles: necesitamos recuperar “vecinos”, no personas que se han especializado en el delito, como si una cárcel se tratara de una academia de perfeccionamiento, personas que se han deshumanizado dentro de un ámbito deshumanizante. Cuando dicen “que se pudran en la cárcel”, muchos de ellos realmente se pudren y, al terminar su condena, salen así, peor de lo que entraron. Cuando una persona entra a prisión, tenemos una oportunidad como sociedad para mejorarlo, para que no sea reincidente. Cuando se cumple el ciclo de una pena, si no hicimos nada, es una oportunidad perdida para vivir mejor todos.

Cambiar el paradigma vindicativo del castigo. En VxP le decimos no a la impunidad. Un delito no debe quedar impune. El que cometió un delito debe afrontar la condena. No pedimos que no existan penas. Pero la condena no debe ser una venganza social. Y la vida en la cárcel es más parecida a una venganza que a un tiempo que se le exige al condenado para repensar su vida y así volver a vivir en sociedad.

Mejorar las condiciones de educación, salud y trabajo para que se genere más inclusión, base fundamental para la disminución del delito, ergo de la pacificación. No olvidamos que, en muchos casos, las personas que delinquen vienen de un entorno social o familiar de violencia, de exclusión. Esas personas son de acá, de nuestra sociedad, y representan un problema que debemos resolver entre todos. Nadie está exento, y no podemos responder a la violencia individual con violencia como sociedad.

Les ponemos un solo ejemplo del trabajo que se está realizando, uno que nos llena de esperanza. El juez Mario Juliano, fallecido en octubre del año pasado, armó los comités de resolución de conflictos dentro de las cárceles de la provincia de Buenos Aires. Allí, personas del Servicio Penitenciario, junto a personas privadas de la libertad, distintos referentes sociales, religiosos, etc. se reúnen para dirimir conflictos internos del universo propio de cada unidad penitenciaria, con excelentes resultados. Más allá de la solución a un problema concreto que se les presente, el comité de resolución de conflictos funciona como un gran instructor: les da herramientas a esas personas privadas de libertad para resolver sin violencia, para aprender a tener una voz, para entender que hay otros caminos de resolución. El párrafo se lee fácil porque estamos acostumbrados a la libertad, pero para esas personas es una diferencia abismal. Los rehumaniza dentro de ese ámbito tan complicado.

Una columna en un diario (que agradecemos efusivamente) no alcanza para transmitir el total de nuestra mirada sobre el tema de las víctimas, de los victimarios, de la pacificación, de la justicia restaurativa. De la influencia positiva que estas acciones tienen sobre el grueso de la sociedad. De cómo replican a la manera de movimientos telúricos hacia todas las direcciones, mejorándolo todo. Pero, como ya dijimos, nos movemos en base a granitos de arena.

Y esperamos que, de a poco, vayan tomando la forma de una montaña desde la cual se divisa un horizonte de paz.

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