
El fenómeno meteorológico La Niña provocó, entre muchos otros inconvenientes, importantes faltas de precipitaciones en Brasil. Además de las consecuencias no deseables como sequías, esto trae un impacto severo en materia energética. El país vecino tiene una fuerte dependencia de la energía hidroeléctrica, que alcanza en años normales cerca del 70% del consumo total eléctrico.
Las puertas a los beneficios de la integración energética están abiertas. Desde hace unos días, Argentina exporta a Brasil 1.600 MW de potencia y energía asociada, colaborando con las necesidades del sur brasileño. La cifra podría eventualmente llegar hasta 2.100 MW, la máxima potencia que el electroducto existente admite.
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Pero la exportación de energía eléctrica sólo cubre una porción de la necesidad. Brasil podría también tomar gas natural argentino, actualmente con exceso de oferta por la baja demanda local. Ese gas puede llevarse desde Vaca Muerta, en Neuquén, hasta Uruguaiana, en Brasil, a través del sistema de gasoductos ya existente –y en parte en desuso– para transformarse en energía eléctrica en la Central Térmica Uruguaiana, de 640 MW de potencia.

La exportación desde Argentina a Brasil sería entonces inmediata, ya que no requiere nuevas inversiones ni implica demora alguna, y podría alcanzar un volumen de hasta 2,5 Millones de m3 por día. Esto significaría recuperar un mercado que desde hace cinco años Argentina no abastece, con potencial para ampliarse exponencialmente y viabilizar de ese modo enormes inversiones en el país, favoreciendo la creación de empleo, el desarrollo de valor agregado y el ingreso de divisas.
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Hoy en la Argentina estamos discutiendo el anunciado pero aún no activado Plan Gas IV: las dificultades para adecuar las tarifas de gas y energía; la necesidad de otorgar incentivos a los productores para que inviertan en el desarrollo de pozos de gas y la urgencia de invertir para revertir el declino de los yacimientos ya existentes. Acelerar el proceso de exportación de excedentes de gas es parte de las medidas que deben tomarse para ponernos en marcha en materia de energía.
La coyuntura de Brasil nos permite darle impulso a una integración energética ampliamente beneficiosa para nuestro país. La exportación de gas (además de la exportación eléctrica hoy existente) abre la puerta a condiciones muy atractivas para los productores, que están ávidos de señales que incentiven las inversiones y se encuentran en muchos momentos cortando producción por el bajo consumo local. A su vez, permitiría también remunerar mejor a las transportistas de gas del país, que podrían cobrar tarifas de exportación y optimizar el uso de capacidad ociosa en los meses de baja demanda. Incluso pondría en valor el gasoducto, está inactivo desde hace cinco años, que atraviesa las provincias de Entre Ríos y Corrientes.
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Esta exportación representaría además un gran alivio para las arcas del Estado, gracias al ingreso de las tan necesarias divisas para fortalecer nuestra economía. Y, por otro lado, reforzaría los lazos de comercio y cooperación con Brasil, aliado económico clave de Argentina.
El autor es presidente de SAESA
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