
Uno de los mayores desafíos que afrontamos las empresas durante este 2020 es cómo lidiar con las dificultades y necesidades del cortísimo plazo, producto del comienzo de la cuarentena, del parate en la actividad y de la necesidad de poner a las empresas operativas con esta nueva modalidad de trabajo en muy poco tiempo, y sin previo aviso ni preparación. A la vez que nuestros negocios se fueron reinventando, buscamos oportunidades para desarrollar nuevos servicios o productos, y mantener un nivel de actividad que permita la sostenibilidad del negocio en el largo plazo.
Las empresas con capacidad de adaptación y flexibilidad a los cambios, sumado a una cultura emprendedora y compromiso por parte de sus colaboradores, son las que quedaron mejor posicionadas durante estos meses. Las pymes tuvimos que administrar los recursos financieros, frente a la incertidumbre de la duración de la cuarentena, priorizar los socios y proyectos, y rápidamente adecuar los objetivos para el año, sin olvidarnos que esta pandemia va a pasar y las empresas que queden mejor paradas o preparas, son las que lograrán el mayor crecimiento y recuperación en los meses siguientes.
Sin embargo, en este tipo de situaciones se abren muchísimas oportunidades porque se descubren recursos valiosos ocultos. Una cultura emprendedora implica administrar los recursos en un contexto como este y que todo el personal entienda –desde el cadete al gerente general– que el contexto cambió y que lo que hacíamos ayer ya no es suficiente, necesario o eficiente. Es el momento de buscar talentos, de ver qué perfiles están más dispuestos a ayudar y de escuchar con atención a los clientes –de buscar cómo ayudarlos a cubrir y atender sus necesidades– y, aunque parezca poco oportuno, es el momento de invertir en capacitación y largo plazo. Necesitamos absorber, salir de la rutina y poder ver más allá del problema con el cual nos vamos a encontrar cuando nos sentemos en la computadora.
El boom de las compras online, producto del aislamiento obligatorio, aceleró un proceso que en la región y el mundo venía con tasas de crecimiento muy grandes. Muchos nuevos consumidores incursionaron en esta nueva modalidad de compra y, difícilmente, muchos salgan de ella.
El mundo laboral no volverá a ser como antes y la dinámica de las oficinas tampoco. A lo largo del tiempo hemos visto y escuchado los casos de muchas empresas líderes de su sector que no vieron venir el impacto de la tecnología, de las nuevas tendencias o los cambios en los consumos de los consumidores, y principalmente de sus clientes. Conocemos la historia de Kodak, Blockbuster, Blackberry y muchas otras firmas que hemos visto caer durante este siglo.
Estos procesos se aceleran y lo que nos hizo exitosos hasta hoy no nos garantiza el éxito de mañana. Las crisis, o estos hechos inesperados e irrepetibles, aceleran procesos porque cambian hábitos y conductas, despiertan intereses nuevos y generan oportunidades de negocio, de cambio y nuevas reglas de juego. Lo que hasta ayer era una ventaja competitiva o un diferencial, en pocas horas puede dejar de serlo.
Ya no importa cuán bien estábamos haciendo las cosas, cuan ordenado era el proyecto, cuan claras eran las metas para el año curso y los próximos años. Comenzamos todos de cero con nuevas reglas de juego. El sistema condiciona, el sistema nos influencia, y nuestro éxito ya no depende solamente de lo que veníamos haciendo o lo que íbamos a hacer, sino de cómo nos adaptamos a esta nueva realidad.
¿Cómo hacer para que las mismas personas que han hecho exitoso un modelo, tengan la capacidad de decidir o decir que ese modelo es obsoleto, y es el momento de cambiar?
Considero que esta pandemia podría ayudar a repensar esa pregunta. Saber que todos los años o en cualquier momento podemos atravesar un “Covid-19” que acelere ese proceso de agotamiento del modelo y nos exija un cambio, entonces, trabajamos todos los días para estar preparados para ese cambio, para tener el equipo adecuado, la capacidad de adaptación, los recursos, y flexibilidad para salir rápidamente de esa nueva pandemia que sabemos está por venir.
El autor es CEO del Grupo Traslada
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