Nuevo mapa de la Argentina: el “relato” geográfico del Gobierno y un nuevo conflicto con Chile

Hace algunos días la Cancillería presentó el nuevo mapa oficial de la República Argentina, una expresión de buena voluntad por ahora sin consenso internacional y que ya desató un entredicho con la administración de Sebastián Piñera

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Constituye un hecho irrefutable e internacionalmente reconocido que la República Argentina aquilata más de cien años de presencia y actividad antártica. En 1904, en lo que actualmente se conoce como Base Antártica Conjunta Orcadas, se estableció una rudimentaria estafeta postal junto a una pequeña estación meteorológica. Ese asentamiento es además el primero a nivel mundial. En efecto, Argentina fue la primera nación en sentar sus reales en la Antártida.

A partir de ese hito, miles de hombres y mujeres civiles y militares fueron jalonando con esfuerzo cada peldaño de esta ininterrumpida presencia nacional en el continente blanco. Año tras año, dotación tras dotación, campaña tras campaña se fueron forjando los cimientos de una presencia científica y militar contenida en 13 bases antárticas, algunas abiertas solo en verano y otras habitadas todo el año sin que “la noche eterna” del invierno polar o sus -40° centígrados hagan mella en esos compatriotas. Si bien en la Antártida se vota, los antárticos no están allí para hacer política.

 La base Conjunta Orcadas es el primer asentamiento argentino en la Antártida
La base Conjunta Orcadas es el primer asentamiento argentino en la Antártida

Esta ininterrumpida actividad polar a lo largo de 116 años otorga pergaminos más que suficientes para que Argentina pueda argumentar en su debido momento derechos soberanos sobre una porción de la Antártida. Remarco la frase “en su debido momento” para tenerla presente cuando retome el tema.

La cuestión de la plataforma continental

Durante más de 20 años la República Argentina trabajó en silencio en tierra y en alta mar para arrancar de las profundidades marinas los secretos de la plataforma continental. Desde lo más hondo de sus entrañas se fueron extrayendo uno a uno los puntos batimétricos que permitieron a los científicos, diplomáticos y marinos involucrados en la tarea presentar finalmente ante la ONU los verdaderos límites de la soberanía económica de la patria en el mar. La tarea trascendió los vaivenes gubernamentales y los sucesivos cambios de administración. Si bien estos hombres y mujeres profesaron muy distintos pensamientos políticos, supieron separar ideología de vocación, y coronaron su esfuerzo con un éxito rotundo no para sí mismos sino para la Nación toda.

La doctora Frida Armas, la embajadora María Teresa Králikas y la ex canciller Susana Malcorra durante el anuncio de la aprobación de los nuevos límites de la plataforma continental argentina (NA)
La doctora Frida Armas, la embajadora María Teresa Králikas y la ex canciller Susana Malcorra durante el anuncio de la aprobación de los nuevos límites de la plataforma continental argentina (NA)

Los dos párrafos precedentes tienen por finalidad separar la paja del trigo. Todo aquel que tiene el privilegio de conocer a un “antártico” o de trabar diálogo con alguno de los muchos profesionales que, liderados por la doctora Frida Armas Pfizer, le dieron al país 1.700.000 kilómetros cuadrados extras para su economía comprende rápidamente que está en presencia de ciudadanos ejemplares. Por eso cualquier crítica u observación contenida en los párrafos siguientes en modo alguno los toca.

El relato geográfico

Parecería ser que, dentro de las costumbres más arraigadas en la clase política, el querer llevar agua para el molino propio -aunque esta hubiera sido extraída en uno ajeno- es tradición. La breve síntesis descripta al inicio de esta columna deja bien en claro que los dos temas de los que parece haberse apropiado el actual canciller Felipe Solá fueron “trabajados” por distintos organismos nacionales bastante antes de su llegada al cargo, incluso algunos antes que el mismo funcionario hubiera nacido. Pero para ser justos, si hablamos de la Plataforma Continental, la presidencia Menem y las presidencias Kirchner (Néstor y Cristina) son parte de ese éxito; y si hablamos de la actividad antártica, democracias y dictaduras con sus más y sus menos hicieron lo posible para que se mantuviera.

El actual canciller Felipe Solá presentó el nuevo mapa bicontinental argentino
El actual canciller Felipe Solá presentó el nuevo mapa bicontinental argentino

Lamentablemente en épocas de vacas flacas, en plena pandemia y con pocos logros para exhibir, Argentina anunció hace algunos días la impresión oficial del “nuevo mapa de la República” tan extenso que ahora Tierra del Fuego se ubica en el centro del país y, tal como reza el slogan emitido por el organismo del Estado nacional encargado de manejar las relaciones exteriores, “ahora con la Antártida incorporada al mapa, Argentina pasa a ser un país bicontinental”.

Si alguien no pone un poco de cordura a tiempo, en pocos meses miles de alumnos de los colegios públicos y privados del país comenzarán a estudiar una geografía que -al menos en parte- es por ahora solo una expresión de deseos que -en el mejor de los casos- se hará realidad en la segunda mitad de este siglo.

Al margen del yerro educativo que se está a punto de cometer, el apresuramiento del Canciller parece darse de patadas con la pregonada -desde hace ya varias décadas- condición de zona libre de conflictos de la porción de planeta que habitamos. Corriendo por carriles separados, haber conformado un combo político uniendo la pretensión soberana sobre un sector de la Antártida con el reconocimiento parcial de la ampliación de la Plataforma Continental (en algunos puntos reclamados por el país, dado el conflicto con el Reino Unido la Comisión de la ONU no se expidió) y hacer un mega anuncio sostenido solo con verdades parciales comienza a perfilarse como un grosero error.

Referirse a la Antártida como “una de las provincias más grandes del país” ignorando que desde el 1° de diciembre de 1959 existe un convenio internacional denominado “Tratado Antártico” que casualmente nace como respuesta a la necesidad de poner marco a la actividad de varios países en el continente blanco parece cuando menos insensato. Al margen de ello, resulta oportuno recordar que para nuestro sistema jurídico los tratados internacionales están incorporados a la Constitución Nacional y que el tratado en sí mismo taxativamente establece el statu quo de todas las reclamaciones territoriales que varios países han planteado sobre la Antártida. Ergo no tenemos soberanía, ojalá algún día la tengamos ya que merecemos tenerla, pero solo para comenzar a discutir el tema faltan unos 30 años. En relación con las cuestiones de soberanía, el tratado dice que “En interés de toda la humanidad es menester que la Antártida continúe utilizándose con fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional”. Nueva Zelanda, Australia, Noruega, Bélgica, Sudáfrica, Rusia, Chile, Francia, Gran Bretaña, Japón y Estados Unidos firmaron este precepto. También lo hizo un país que con orgullo cuenta en su territorio a la ciudad más austral del mundo (Ushuaia). Ese país es, casualmente, la República Argentina.

 Avión Twin Otter  operando en la Antártida
Avión Twin Otter operando en la Antártida

Dado que la pretensión soberana nacional coincide en buena parte con la de la vecina República de Chile, la infundada y repentina vehemencia con la que la Cancillería comenzó a pergeñar este mapa “con el visto bueno de las Naciones Unidas” (sic) motivó una veloz reacción de los poderes legislativo y ejecutivo trasandinos y hace pocas semanas Chile promulgó la llamada “Ley de la Antártica” con el obvio propósito de no quedarse atrás en materia de reclamaciones soberanas sobre la Antártida al tiempo que -debo decir con razón- su canciller afirma que nada tienen que ver los límites de la plataforma continental concedidos por ONU con la soberanía en la Antártida, remarcando que recién a mediados de este siglo tal vez se abra a discusión el tema de la soberanía antártica.

Conflicto en puerta por mar y tierra

En las últimas horas el presidente trasandino Sebastián Piñera anunció que Chile presentó ante la misma comisión de límites de la plataforma continental de la ONU su propia reclamación respecto a los alcances de sus profundidades oceánicas. Si bien las mismas autoridades chilenas reconocen que el país vecino postergó durante más de 20 años la realización de una tarea similar a la que realizó nuestro país, la embestida diplomática Argentina despertó la inquietud de Chile que -como era de esperar- utilizará todos los argumentos posibles para defender su soberanía en la zona del Estrecho de Magallanes y una buena parte del Mar Austral. Pero precisamente para eso está la Comisión de Límites y esas son las reglas del juego. El apuro por publicar un mapa oficial un tanto “prepotente” solo sirvió para exasperar a los vecinos.

Sebastián Piñera anunció el inicio de un reclamo para ampliar su territorio marítimo
Sebastián Piñera anunció el inicio de un reclamo para ampliar su territorio marítimo

Vale recordar que, luego de cerrada la dura discusión limítrofe con la República de Chile por la que ambos países estuvieron a punto de protagonizar un conflicto bélico en 1978, mucho se ha trabajado en procura de construir confianza mutua entre las dos naciones, en especial en los confines australes chilenos y argentinos. La Patrulla Antártica Naval Combinada (PANC) entre las armadas de ambos países que se viene realizando en forma continuada desde fines de la década del 90 es expuesta hasta el presente como un verdadero caso de éxito en materia de cooperación militar dentro de la región. Reavivar la tensión en las actuales circunstancias podría significar escalar un conflicto que nadie a ciencia cierta sabe de qué forma puede terminar.

La pretensión de Chile se superpone en el Mar Austral con la ya anunciada como propia por Argentina
La pretensión de Chile se superpone en el Mar Austral con la ya anunciada como propia por Argentina

La “ensalada” de la soberanía marítima.

Aún a riesgo de ser reiterativo y aclarando una vez más que el hecho de ser marino no transforma a este columnista en especialista en derecho internacional, no pueden las autoridades políticas de la diplomacia Argentina poner en un pie de igualdad conceptos tales como mar territorial, zona contigua, zona económica exclusiva y plataforma continental. Si todo fuera los mismo, sería en vano el trabajo que el concierto internacional de las naciones se tomó para diferenciarlas. La reciente exposición del Canciller hecho más luces que sombras sobre el tema.

Hagamos un rápido repaso, obviando alguna pequeña cuestión relativa a las llamadas “líneas de más bajas mareas” para no pecar de exceso de tecnicismo. Digamos entonces que desde la orilla hasta las primeras 12 millas mar adentro, toda la superficie marina es jurídicamente hablando parte integral del territorio nacional, rigen sus leyes sus códigos y nadie puede transitarlas sin autorización expresa de las autoridades nacionales. Las siguientes 12 millas se consideran zona contigua y en ellas el país conserva algunas potestades entre ellas poder perseguir policialmente a quienes hubieran cometido un delito en el territorio seco o en las 12 millas anteriormente enunciadas.

Luego (siempre contando desde la orilla) hasta las 200 millas se extiende la denominada Zona Económica Exclusiva. En esta porción marina el país detenta la exclusividad de explotación de los recursos naturales vivos o minerales. Pesca, petróleo, otros recursos existentes en el lecho y/o subsuelo marino y cualquier otra cosa sujeta a interés nacional. Ninguna otra potencia puede explotar recurso alguno sin permiso del país pero asimismo el país no puede impedir el la libre navegación o el derecho de paso de naves de superficie o submarinas por la zona. Finalmente desde las 200 millas a las 350 que en algunos puntos ha reconocido hace pocos años la ONU a nuestro país, los derechos de soberanía económica nacional se reducen a los recursos sedentarios, es decir a aquellos que se encuentran fijos en el fondo o el subsuelo marino. No se nos otorgan derechos adicionales sobre la pesca pero si sobre el petróleo.

Argentina ejerce el control soberano sobre los recursos marinos existentes en la llamada ZEE
Argentina ejerce el control soberano sobre los recursos marinos existentes en la llamada ZEE

En resumen, publicar o explicar en forma incorrecta una fantasía o una pretensión como hecho consumado no otorga más derechos que los que ya se nos han concedido ni abre la puerta o facilita la obtención de otros que nos gustaría que se nos otorguen. Presentar como un logro lo que por ahora es solo una pretensión (la soberanía plena sobre la Antártida) nos acarrea descrédito internacional, nos enfrenta con nuestros vecinos y nos aleja de cualquier intento de reclamo serio que podamos formular en el futuro.

Tal vez lo más grave sea el engaño al que se va a someter a miles de jóvenes y niños a los que se los va a educar en base a un mapa triunfalista que muestra amañadamente una “realidad geográfica” solamente existente en el presente en algunas mentes inquietas para las que respetar un tratado que es ejemplo de convivencia internacional es algo intrascendente o pueril.

EL ARA "Bouchard" la nueva nave de la Armada para ejercer el control de la pesca ilegal
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No es menos grave, por cierto, el atropello perpetrado al trabajo de esos miles de argentinos y argentinas que vieron ponerse el sol una tarde para volver a verlo asomar en el horizonte varios meses después, que vieron deshilacharse una tras otra a centenares de banderas argentinas ante la fuerza del viento blanco y que estuvieron allí presentes para renovar el paño patrio y con él la vocación de servir al país, que tuvieron y tienen perfectamente en claro que solo la continuidad en el lugar es el cimiento en el que se basará cualquier pretensión de soberanía. Sería deseable que antes de cometer tamaño error estratégico las autoridades de la Cancillería junto a las del Ministerio de Educación se ocupen de formar e informar correctamente a una generación de argentinos que dentro de 30 años tendrá la responsabilidad de hacer realidad la soberanía argentina sobre una porción de la Antártida algo que -al menos por ahora- es solo una justa y anhelada pretensión.



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