
La genial película argentina Relatos salvajes muestra situaciones con las que es fácil sentirse identificado. Nadie quiere reconocer que las brutales reacciones y consecuencias ante los problemas sean buenas ni deseables. Sin embargo, es muy creíble.
La continuidad de la cuarentena-que-no-es-cuarentena plantea múltiples desafíos. A pesar de los muchos problemas que hay, debemos reconocer que es muy difícil tomar decisiones que dejen satisfechos a todos, tanto por el alcance como por las incertidumbres al iniciarse la cuarentena. Los sucesivos cambios en la implementación van mostrando algunos aprendizajes y avances en la coordinación, pero continúan grandes dificultades y se van creando problemas adicionales.
Estas dificultades pueden verse en la decisión de mantener impuestos en la pandemia y ayudar a empresas en crisis, lo que puede parecer muy razonable, pero en realidad no todos reciben ayuda o créditos. El cobro de impuestos para luego devolverlo en ayuda a la misma u otra empresa parece un loop innecesario. La idea de prohibir despidos aunque no tenga ingresos el empleador, por más ayudas que reciba, genera un difícil problema de incentivos.
Todos esos problemas son generados por las decisiones del Gobierno pero –nuevamente- es difícil encontrar decisiones que dejen satisfechos a todos. Lo que no es entendible son los problemas adicionales que se generan por malas decisiones. Las políticas de precios cuidados o congelamiento de tarifas o el decreto con normas retroactivas a telecomunicaciones claramente no son necesarias ni convenientes ni útiles. De esa forma no se controlan los precios ni mucho menos se incentivan inversiones.
También escuchamos de impuestos adicionales justificados en problemas fiscales como es el caso de la propuesta de un Aporte Solidario y Extraordinario. Cuesta creer que la suma de impuestos pueda ser positiva. Escuchamos de la necesidad urgente de reformar la Justicia pero no de mejorar la salud, de la necesidad de dólares pero se dificultan las exportaciones, del orgullo por nuestros científicos y técnicos pero está suspendida la ley del conocimiento. Somos un país enorme pero es muy difícil trasladarse en el país y casi imposible ir o venir a otro país. De nuevo, esas medidas pueden haber tenido alguna razonabilidad, pero seamos conscientes de que así no habrá inversiones ni crecimiento ni solución a nuestros eternos problemas.
Las empresas y familias argentinas están en modo supervivencia, tratando de resolver problemas inmediatos, pero no reciben el tipo de apoyo que necesitan. Las medidas que se han diseñado “arreglan aquí pero rompen allí” y afectan nuestro futuro. Posiblemente hoy ya estemos ante problemas mucho mayores y generalizados que los de Relatos salvajes. Esperemos que ese tipo reacciones odiosas sean sólo una ficción.
La autora es economista de la UCEMA
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