
Desde que somos niños escuchamos la frase popular que dice: “Dios es argentino”. Pero en rigor a la verdad, por ser argentino, bastante deja que desear su tierra natal. Imagino que muchos ratificaron esta teoría cuando Francisco fue elegido.
Como muchas otras cosas en la vida, al principio te da algo de tranquilidad pensar que Dios nació aquí. Pero luego caés en la dura realidad de que posiblemente sea mentira y no sea más que una de las tantas creencias populares que tienen más de ego argento que de realidad.
“Villanos” es una banda argentina de rock fundada en 1995 por Niko Villano (Fernando Nicoletti) y uno de sus temas se llama precisamente así, “Dios es argentino”.
La letra, que para mi gusto no es una obra de arte, expresa sin embargo, el sentir de muchos: “Dios ya no es más argentino”; o los que nacieron acá, se hartaron y decidieron cambiar su nacionalidad. “¡Dios es argentino! y se mudó, no sé qué pasó ¡Dios es argentino! y se rajó. Y atiende en Europa. Y en Yanquilandia”, asegura uno de los fragmentos del tema.
Hace pocos días un medio internacional me convocó para una nota en referencia a la negociación de la deuda, pero antes de hablar de la deuda, me preguntó si podía hacer un resumen de cómo está la Argentina.
Mi primera reacción fue: “¿Por dónde empiezo?”
- Argentina es el único país de Latinoamérica –con excepción de Venezuela– que no crece desde 2011.
- La pobreza está cercana al 50% y en el caso de los niños llega al 63%, según los últimos estudios de Unicef.
- Con el último default, ya pasó por el décimo. De hecho, hoy –junto a Ecuador y Venezuela– ¡es el país con más default del mundo!
- Existen más de cinco tipos de cambio paralelos y en Argentina es ilegal decidir libremente que hacer con tus ahorros.
- Según la OCDE, el país está tercero en toda América en carga tributaria en relación con el PBI. En el podio está Cuba (41,7% del PIB), seguida por Brasil (32,2% del PIB) y Argentina (31,3%).
- Sobre 141 países analizados, en 2019 sobre el índice de competitividad global por el Foro Económico Mundial, Argentina está en el lugar 83.
- De los 63 países analizados en la edición 2020 del Ranking Global de Competitividad, la Argentina se ubicó en el puesto 62, siendo superado únicamente por Venezuela en su condición de país menos competitivo. En la edición 2019, el país se había ubicado en el lugar 61. La clasificación distingue de forma clara a América Latina entre los menos competitivos del mundo. El país mejor rankeado de la región es Chile (ubicado en el puesto 38), seguido por Perú (52), México (53), Colombia (54), Brasil (56) y, en las últimas dos posiciones: Argentina y Venezuela. El ranking es realizado por el IMD, un think tank con sede en Suiza, que analiza la competitividad a nivel global y elabora la lista desde hace 30 años.
En ese momento el conductor me interrumpió con tono de sorpresa y exclamó: “Es una locura”, a la cual solo respondí con silencio, pensando por dentro: “Y eso que no le dije todo…”.
Con estos devastadores argumentos es claro que, o bien Dios no es argentino o claramente nos está dejando ejercer el libre albedrío. La decadencia política es la causante de toda esta situación y por ende toda la sociedad, ya que la política es el fruto de esta.
La reciente y aún vigente crisis provocada por el Covid-19 es sin dudas una oportunidad para reflexionar e intentar un consenso político y de toda la sociedad en búsqueda de soluciones creativas a problemas complejos y arraigados en lo más profundo de las instituciones y de las personas que las componen; o sea, nosotros.
No obstante, el Gobierno y la política en general parecen anestesiados y solo se preocupan por usar curitas para atender a un paciente que necesita cirugía mayor.
La negociación de la deuda es otra oportunidad, no para festejar, sino para comprometerse a no volver a entrar en default nunca más, lo que requiere de un plan estratégico y un programa económico acorde. Si esto no sucede, es probable que sigamos siendo protagonistas en todos los rankings, pero no por ser los mejores, sino por ocupar los primeros puestos entre los peores, no del mundo, pero sí de Latinoamérica.
Hace poco un cura me dijo que cuando la gente se confiesa, muchas veces busca el perdón para volver a cometer los mismos errores. Tal vez sea momento de hacer lo que corresponde, con humildad y autocrítica. Confesarnos, no para volver a equivocarnos, sino para hacer un borrón y cuenta nueva.
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