El Día del Trabajo Doméstico son todos los días de las mujeres


(Shutterstock)
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El 22 de julio se conmemora el Día Internacional del Trabajo Doméstico, para reconocer el trabajo que millones de personas realizan en los hogares, una labor altamente feminizada, y poco reconocida.

En el año 2011 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aprobó el Convenio 189, que establece que una empleada/o doméstica/o es “toda persona, de género femenino o masculino, que realiza un trabajo doméstico en el marco de una relación de trabajo”. En el mes de marzo del año 2013 se sancionó en nuestro país la Ley 26.844 sobre el “Régimen Especial de Contrato de Trabajo para el personal de Casas Particulares”. Dicho régimen considera al trabajo en casas particulares como toda prestación de servicios o ejecución de tareas de limpieza, de mantenimiento u otras actividades típicas del hogar, e incluye también a la asistencia personal y acompañamiento prestados a los miembros de la familia o a quienes convivan en el mismo domicilio con el empleador, así como el cuidado no terapéutico de personas enfermas o con discapacidad.

El aislamiento social preventivo y obligatorio quitó el velo que existe sobre la informalidad, incluso de quienes están dentro del mercado laboral. En la Argentina, el 22% de las trabajadoras asalariadas se desempeña en el sector de servicios domésticos, que alcanza alrededor del 76% de informalidad. Los salarios que reciben estas trabajadoras son los más bajos de la economía y estas actividades están altamente feminizadas: el 95% de las trabajadoras son mujeres. Le siguen enseñanza y salud.

No cometer los mismos errores

Esta nueva etapa arrastra un cúmulo de experiencias y resultados de decisiones y políticas públicas anteriores. El mundo ya pasó por otras epidemias como son el ébola y el zika, así como también otras crisis económicas, que dejaron resultados devastadores en las sociedades y, está demostrado, son las mujeres las más perjudicadas.

El gobierno nacional tomó una medida fundamental para este sector de la economía, ya que el 55,7% de los beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) son mujeres, quienes, además, están sobrerrepresentadas en el sector de menores ingresos de la población, donde 7 de cada 10 personas son mujeres. Según datos oficiales, más de 272.000 trabajadoras de casas particulares recibieron el IFE.

Cabe destacar que el 68% de estas políticas de transferencia (IFE, bonos AUH, bonos para jubilaciones mínimas y refuerzo de la tarjeta Alimentar) se dirigieron al 50% de la población de menores ingresos.

Las trabajadoras de casas particulares y la perspectiva del cuidado en el AMBA

Tenemos que avanzar en políticas públicas pospandemia que resuelvan los problemas con los que hoy nos encontramos. Dirigirnos, por ejemplo, hacia la contratación de servicio de cuidado de cercanía para que los y las trabajadores no utilicen transporte público y puedan llegar caminando o en bicicleta a sus lugares de trabajo, reduciendo al mínimo el trasporte público. Para ello, es necesario la elaboración de un mapa de cuidado con el Gobierno de la Ciudad y los Municipios del Conurbano (AMBA): geo-referencia de trabajadoras del cuidado y geo-referencia de trabajadoras de casas particulares.

La certificación de las trabajadoras del cuidado/limpieza/etcétera, mediante la modalidad virtual, con protocolo COVID-19 es un paso importante para dos resultados: la bioseguridad del trabajo y el autocuidado y, también, una oportunidad para la regularización de esas trabajadoras que hoy no estén registradas.

Algunas de las preguntas que no podemos dejar de hacernos para interpelarnos como sociedad y para entender la situación de las mujeres que trabajan con los servicios de cuidado son: ¿quién cuida de los hijos/as de las mujeres que cuidan de nuestros hijos/as? ¿Cuál es la oferta pública de cuidado que tienen quienes viven en zonas más periféricas de las ciudades? ¿Cómo es la organización del cuidado en los barrios populares en Argentina? Temas que son directamente proporcionales a la disminución de las oportunidades que tienen las mujeres para salir a trabajar de manera remunerada, y que las llevan a la pobreza.

En América Latina existen experiencias de reformas constitucionales en que se registra el trabajo no remunerado y de cuidado dentro de sus derechos.

En la Constitución de Venezuela (1999) se reconoce de manera explícita el trabajo del hogar como actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social, y el derecho de toda persona a la seguridad social. E

Ecuador (2008) garantiza el derecho a la seguridad social irrenunciable para todas las personas, además, pone especial énfasis en el cuidado.

La Nueva Constitución Política del Estado de Bolivia (2008) establece en su artículo N° 338 que debe reconocerse el valor económico del trabajo del hogar como fuente de riqueza que deberá cuantificarse en las cuentas públicas.

En República Dominicana, la Nueva Constitución Política del Estado (2010) señala, junto con el principio de igualdad, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, el reconocimiento del valor productivo del trabajo doméstico, el reconocimiento de la unión de hecho, la igualdad salarial por igual trabajo y la iniciativa legislativa popular, observándose el lenguaje de género en todo el texto constitucional.

El gobierno nacional avanzó de una manera histórica, reconociendo los cuidados dentro de dos direcciones nacionales en los Ministerios de Desarrollo Social y de la Mujer, Género y Diversidad. Atravesados por la pandemia, y con las dificultades económicas arrastradas, es un tema instalado en la agenda pública, y hasta discutimos los cuidados como activadores de la economía local. Vamos a avanzar, este es el momento.

Licenciada en Ciencia Política, Magister en Políticas Públicas, Diplomada en Desarrollo Local con Perspectiva de Género y en Gestión y Control de Políticas Públicas. Actualmente, Doctoranda en Ciencias Sociales


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