
Las crisis enseñan, vienen a dejarnos un aprendizaje y a evaluar nuestra capacidad de adaptarnos a situaciones nuevas. El aislamiento nos obligó a perderle el miedo al mundo virtual como lugar para realizar operaciones, estudiar y trabajar. La pandemia determinó que incorporemos conductas más higiénicas en el mundo real. Pero aún tenemos una deuda como sociedad en lo que respecta a “higiene digital”.
¿A qué nos referimos? A incorporar hábitos cotidianos de limpieza de nuestro entorno digital. Es el método más sencillo y económico de prevenir un “contagio” o un ataque virtual.
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¿De qué nos podemos “contagiar”? De un virus muchas veces asintomático, pero de considerable gravedad, que muta y se refuerza a un ritmo descomunal, que se renueva y se expande a gran velocidad, pero por sobre todas las cosas, es un cuadro muy difícil de curar. El virus del que hablamos se llama “crimen digital”.
Al igual que frente al COVID-19, cuya vacuna aun no se pudo desarrollar, la única forma de salvarnos es a través de un cambio de mentalidad.
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No podemos seguir pensando en Internet sólo como un lugar de encuentro, un aula de clases, una sala donde trabajar o un simple patio de juegos porque es mucho más que eso, es un mundo paralelo. Y así como disfrutamos de sus incontables beneficios debemos estar muy atentos a sus peligros y riesgos.
En el entorno real las personas son cautelosas en relación a los lugares por los que transitan, no exponen dinero ni elementos de valor, no hacen compras en comercios de los que desconfían y educan a los menores de edad para que no hablen con personas desconocidas. Todas esas medidas deberían hacerse extensivas al entorno virtual. Sin embargo cada día son más las víctimas de graves delitos por falta de higiene digital mínima.
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Las estadísticas publicadas por las consultoras de seguridad informática y la justicia superan con creces las predicciones que habían hecho al inicio del aislamiento los especialistas, más de un 500% aumentó en lo que va del año la actividad ciber-delictiva.

Fraudes a empresas y particulares, acceso y robo de datos y credenciales, grooming, secuestro de perfiles de redes sociales, suplantación de identidades, extorsiones virtuales y difusión no consentida de grabaciones e imágenes, esos son solo alguno de los platos con los que se están haciendo un festín los criminales. Nosotros somos la cena y nos servimos ante los comensales.
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Debemos dejar de tratar a la red como un electrodoméstico que solo requiere encenderse para su correcto uso y funcionamiento. Tiene un manual de instrucciones que se actualiza todo el tiempo, y estar conectados sin leerlo nos expone a riesgos que desconocemos o que son mucho más graves de lo que creemos.
Permítame preguntar:
- ¿Está utilizando una contraseña que le es fácil de recordar? En ese caso es probable que sea igual de sencilla de “crackear” o adivinar.
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- ¿Usa la misma clave para acceder a su correo electrónico, a su home banking y a una red social? Sepa que si pierde, se filtra o le roban esa “llave maestra” a todas sus puertas podrán atravesar.
- ¿Utiliza herramientas de autenticación multi-factorial? No se imagina cuan fácil es ingresar a su cuenta si no habilita esa capa extra de seguridad.
- ¿Tiene su sistema operativo y sus aplicaciones actualizadas a la versión más actual? Los updates periódicos son parches que buscan tapar una nueva brecha de vulnerabilidad, si usted no se “emparcha” resulta fácil adivinar lo que puede pasar.
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- ¿Sabe qué permisos otorgó cada vez que descargó una app? Se sorprendería si le contara que un videojuego puede acceder a sus contactos y las fotos que tomó con su celular.
- ¿Tiene sus archivos más importantes resguardados en una copia de seguridad? Si no lo hace -estando en auge los secuestros de datos- los perderá.
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- ¿Verifica que quien le envía un enlace o un archivo sea quien dice ser en realidad? El phishing utilizando enlaces y archivos fraudulentos son la puerta de acceso preferida del criminal.
- ¿Sabe qué hacen y con quiénes hablan los menores de edad cuando están utilizando Internet en su hogar? Son de las presas preferidas por su inocencia y vulnerabilidad.
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Concientizar
Como esas preguntas hay cientos más, y sus respuestas (acompañadas por un gesto asustado quizás) permiten evaluar si estamos –o no– en el nivel de higiene digital que demanda el contexto actual. No lo quiero alarmar, sino concientizar.
Estamos en un momento bisagra, frente al comienzo de una verdadera revolución digital, porque eventualmente la pandemia se podrá controlar y el aislamiento obligatorio terminará, pero ya nada será igual. Ahora sabemos que podemos ahorrar tiempo y recursos sin tener que desplazarnos para hacer muchas cosas remotamente desde el hogar, los comercios que mejor se adapten a la venta virtual son los que prosperarán y las unidades académicas tendrán cupo completo en muchos de sus cursos online. El tránsito de las calles se descomprimirá y el de la red se saturará. Esto demanda un rápido cambio de mentalidad, exige que como sociedad despertemos y salgamos de la comodidad, no podemos seguir reposando en la ingenuidad y la fantasía de que “a nosotros no nos va a pasar”.
Es que de ese cambio no está exento el criminal. Aquellos que no se valían de la tecnología para cometer ilícitos ahora se actualizarán, encuentran más herramientas y menos riesgos operando en el entorno virtual.
Lo cierto es que no hay certezas ni garantías de que no nos “contagiemos” del virus y nos convirtamos en víctimas de un cibercriminal; pero si esa situación sucede al menos que no sea porque nosotros no hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance tomando sencillos recaudos de higiene digital.
Son muchas las conductas que están previstas por el Código Penal, los delitos informáticos se pueden combatir y se pueden investigar. Pero la Justicia interviene una vez que ya se concretó el daño y el perjuicio. Más que una cura muchas veces funciona como un tratamiento paliativo, ya que la vacuna contra el cibercrimen está en una fase más temprana de desarrollo que la del coronavirus. Pero al igual que a ese virus, para no tener que curarnos de él lo mejor que podemos hacer es enfocarnos en prevenirlo.
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