
Corría el año 1994 y cumplía mi primer año de Concejal Metropolitano.
Tras el proyecto de Ordenanza enviado por el entonces Intendente Municipal, Jorge Domínguez, que tenía el objetivo de conformar una Comisión Ad-Hoc para trasladar a la incipiente Villa 31 de los terrenos ferroviarios del barrio de Retiro, el bloque de la Unión Cívica Radical nos eligió a Roberto “Beto” Larrosa y a mí para representarlo.
El bloque Justicialista fue representado por el recordado Roberto “Tito” Pandolfi y Raquel Kismer de Olmos. El bloque del FREPASO por Raúl Fernández y Raúl Puy.
Nos reunimos durante dos meses con representantes villeros para escuchar sus inquietudes y en su inmensa mayoría deseaban una vivienda digna sin importar su lugar, siempre que fuera en la Capital Federal o un lugar cercano.

Con el nombre de “Villa Desocupación”, el asentamiento surgió en 1932 durante los tiempos de la década infame y a partir de allí se sucedieron diversos intentos de erradicación por parte de las autoridades, aunque éstos nunca lograron eliminarla por completo. Si bien no es el asentamiento ilegal más grande de la Ciudad, es el más emblemático por su ubicación estratégica, ya que se encuentra junto al principal centro de trasbordo de pasajeros de la Capital y a escasos metros de los barrios más cotizados.
Llevado los proyectos de mayoría y minoría al recinto para su tratamiento, la UCR y el PJ compartimos la idea de brindar tres opciones a los habitantes:
1.- Otorgar un crédito de $25.000 para la compra de una unidad funcional familiar dentro de la Capital Federal.
2.- Otorgar un crédito para autoconstrucción de su vivienda en terrenos cedidos por la provincia de Buenos Aires.
3.- Entregar de $25.000 equivalentes a USD 25.000 en la sucursal bancaria del Banco Nación de su provincia de origen o país limítrofe.

Luego de una sesión que duró más de 9 horas, tras la ferviente oposición de Eduardo Jozami, orador del entonces FREPASO, que “gritaba” las ventajas que le había aconsejado su compañero de bancada Abel Fatala (hoy procesado junto a Julio De Vido por el programa “Sueños Compartidos” -e incumplidos- para radicar la Villa 31 en sus terrenos y posibilitar la construcción en altura imitando el modelo cubano, junto al peronismo menemista y ucedeista), Jorge Pirra nos acompañó con su voto junto a Francisco y Patricia Siracusano y vencimos en la votación a las siete de la mañana.
La sociedad nos apoyaba para facilitar la vida de los ocupantes de terrenos y poder entregarles una nueva vida mucho más libre y digna.
Promulgada la Ordenanza, el Intendente Domínguez comenzó su implementación y cumplió con los tres puntos, a elección de sus entonces 15.000 familias (hoy 40.000).
Vivienda que se desocupaba vivienda que se derrumbaba. Sus antiguos ocupantes ya habían elegido un futuro mejor y más digno.

Y llegó el día de “la topadora Domínguez”, a quien acompañamos.
Los medios de comunicación trataron a Jorge Domínguez como el “exterminador de los pobres” sin ocuparse de difundir las ventajas que lograban los desocupantes. Recuerdo una histórica discusión con el recordado Néstor Ibarra que casi nos acusaba de “genocidas”.
Ese día terminó muy mal. Nos llenaron de pedradas y tiros al aire (por suerte) por los que tuvimos que huir amparados en los patrulleros de la entonces Policía Federal.
Dos días después Domínguez nos convocó a Roberto Larrosa y a mí a su despacho. Cuando el Intendente comenzó a hablar en tono justificativo, agradecido y cuasi-culposo nos explicó que la Villa 31 no de trasladaría de Retiro. Ante nuestro sopor, nos informó que el presidente Carlos Menem había recibido un llamado de monseñor Jorge Bergoglio implorando la radicación de la Villa 31 en su sitio injusto de Retiro.
Y la desazón fue de todos…

No sólo por nuestro trabajo de legisladores porteños por los que habíamos sido votados sino por el retroceso social que significaba ese populismo sacerdotal frente a la realidad social hasta entonces mejorable.
Si la Villa 31 aún está en Retiro tiene un responsable: Jorge Bergoglio.
Como sucedió en nuestra Argentina a lo largo de su reciente historia, “el pobrismo derrotó a los pobres” y el populismo secular conservó los viejos males.
Esta es mi verdad. Me tocó ser partícipe de la historia de mi amada Buenos Aires.
* El autor fue concejal metropolitano por la Unión Cívica Radical entre 1993 y 1997
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