No hay evidencia científica de que las mujeres embarazadas presenten un mayor riesgo antes el COVID-19 o incluso un compromiso fetal. (Shutterstock)
No hay evidencia científica de que las mujeres embarazadas presenten un mayor riesgo antes el COVID-19 o incluso un compromiso fetal. (Shutterstock)

Sin dudas, el COVID-19 es un desafío desde varios puntos estratégicos para la humanidad. Desde las relaciones interpersonales, pasando por el trabajo y lógicamente la salud. Pero lejos de los casos positivos de todos los días y las cifras de fallecidos, tanto en el país como en el mundo, está el universo de embarazadas o aquellas que están en la búsqueda de ser madres. Sin dudas que atravesar un embarazo en plena cuarentena y con un aislamiento social obligatorio no es fácil ni la situación que la familia tenía en mente o idealizaba. Pero al final de cuentas es la realidad que nos toca vivir a todos. Hasta el momento no hay evidencia científica de que las mujeres embarazadas presenten un mayor riesgo antes el COVID-19 o incluso un compromiso fetal. Si es importante destacar que aquellas que presenten patologías preexistentes o bien producidas durante el embarazo entran en la población de riesgo y requieren un control y cuidado muy estricto. Estudios realizados en China sobre mujeres embarazadas infectadas con COVID-19 no han demostrado transmisión vertical por placenta, transmisión por secreciones vaginales ni por leche materna. Tampoco se comprobó que exista relación entre el virus y el parto prematuro.

Por otro lado, estudios realizados sobre recién nacidos infectados reportan enfermedad leve en todos los casos. El modo de parto no tiene influencia sobre el riesgo vinculado al virus para la madre o el recién nacido. Incluso, el contacto piel a piel no parece aumentar el riesgo de enfermedad para el bebe. Las medidas apropiadas de Prevención y Control de Infecciones (PCI) y la prevención de complicaciones descriptas para la población general adulta también se aplican a las mujeres embarazadas y recientemente embarazadas, incluidas las que presentaran aborto espontáneo, perdida fetal tardía y mujeres posparto/postaborto.

Estas precauciones de la PCI deben aplicarse especialmente para todas las interacciones entre un cuidador infectado y un niño. Según la Organización Mundial de la Salud, es recomendable la terapia prenatal con corticoesteroides para mujeres en riesgo de parto prematuro de 24 a 34 semanas de gestación cuando no hay evidencia clínica de corioamniotis, la edad gestacional es confiable y se dispone de atención adecuada para el parto y el recién nacido. Sin embargo, en los casos en los que la mujer cursa infección leve por COVID-19, los beneficios clínicos del corticoesteroide antenatal podrían superar los riesgos de daño potencial para la madre. En esta situación, el equilibrio de beneficios y daños para la mujer y el recién nacido prematuro debe discutirse con la mujer para garantizar la decisión informada, ya que esta evaluación puede variar según la condición clínica de la mujer, sus deseos y los de su familia y los recursos de la atención medica disponibles.

Expertos de la OMS recomiendan el parto vaginal aun en infecciones de COVID-19. En caso de existir sospecha o confirmación de infección es importante que los trabajadores de la salud tomen las precauciones apropiadas para reducir las posibilidades de contagio dentro del quirófano.

Otro punto muy importante y que genera angustia y preguntas en las recientes madres es la lactancia. Al día de hoy no hay evidencia científica de que la leche sea un medio de transmisión. Es por eso que ante esta situación o la mera sospecha de ser COVID positivo se recomienda a la madre lavarse las manos antes y después de tocar al bebe, mantener las superficies desinfectadas y procurar una buena higiene respiratoria, mediante el uso de mascarilla. Las mujeres que están cursando un embarazo y trabajan se encuentran se encuentran exceptuadas de concurrir a sus lugares de trabajo. Sin embargo, aquellas que están amamantando no forman parte de este grupo, a pesar del riesgo de contagio por el contacto estrecho con el bebé.

Las embarazadas y los bebés, sin determinadas patologías, no forman parte del grupo de riesgo de esta enfermedad. Pero teniendo en cuenta el estado emocional y la sensibilidad que las embarazadas o madres de bebes tienen es muy importante el apoyo y la contención del medico y su equipo. Esta nueva realidad que nos toca vivir hace que la llegada de un hijo al mundo sea totalmente nueva y distinta a la que imaginamos. Con videollamadas en vez de besos de abuelos, con fotos en lugar de abrazos a los padres. Pero no por esto la experiencia debe ser traumática para la mujer ni para su familia. Los abrazos volverán, los abuelos podrán abrazar a sus nietos bebés y los tíos se sacaran fotos. Hoy lo importante es mantenerse cuidado, evacuar las dudas y desde el lado médico acompañar a las pacientes y sus familias, para que el momento del nacimiento sea inolvidable por lo bueno y no por el coronavirus.

El autor es médico obstetra especialista en fertilidad