
Comparto la enorme pena e impotencia que siento por las miles de personas que salen a trabajar por la dignidad de ganarse el peso, que rechazan los planes por pensar “mientras pueda trabajar...”.
Algunos los conozco, tienen nombre, y sé de sus enormes esfuerzos por sacar adelante su familia. No conocen feriados, sábados o domingos. No tienen obra social, ni vacaciones pagas, ni ayuda de ningún tipo.
Ellos quieren ganarse la vida decentemente. Esos “héroes anónimos” son casi un 35% de los argentinos. Esos, quizás con suerte, obtengan del Estado $10.000.
Hay otros argentinos que con esfuerzo, sin conocer descanso, abrieron un pequeño restaurante, un kiosco, una librería, una peluquería, una mercería, un negocio de ropa... Hablo de los negocios de nuestros barrios, que son pequeños emprendimientos familiares.
Son los que con un pequeño negocio se ganan un sueldo y no precisamente alto. Son aquellos que conocemos desde hace tiempo, que quizás en los innumerables momentos de crisis hasta nos dieron de “fiado”.
No son grandes empresas, ni millonarios, sino argentinos que encontraron cómo ganarse la vida trabajando. Esos argentinos, que vemos en todos los barrios, hoy si no tienen ningún empleado a cargo, no cuentan con ayuda del Estado.
Esos argentinos, que no abren sus negocios pero tienen la angustia de no saber si cuando termine la cuarentena podrán volver a abrir, también necesitan ayuda. Plata hay poca, lo sé, solo deles tiempo para que puedan pagar sus impuestos cuando vuelvan a funcionar.
Que los bancos les den plazo, que les aumenten sus descubiertos. Además, si los conocen, saben que cuando trabajan tratan de cumplir con sus obligaciones.
Pregunto: ¿no podrían abrir aunque sea dos veces por semana y solo en los barrios? Que cada municipio estipule los días, pero deles oxígeno. Para que cuando todo esto pase, puedan volver a empezar, como tantas veces lo hicieron.
Últimas Noticias
Milei y la caja de Pandora
La acelerada erosión de las condiciones económicas y el incremento de la conflictividad política alimentan la incertidumbre en torno a la capacidad del gobierno para gestionar una crisis de múltiples frentes y recuperar la iniciativa perdida

¿Vale más el agua que el oro?
Entre problemas de calidad del agua y debates sobre la protección de las fuentes naturales, el país enfrenta un desafío central: garantizar seguridad hídrica para las próximas generaciones

Los Andes necesitan una arquitectura científica para su gobernanza
Los Andes forman la columna vertebral ecológico de América del Sur

El futuro de Indecopi: menos fragmentación y más refuerzo de su autonomía
El diseño institucional del Indecopi establece una clara separación entre los órganos resolutivos y la estructura administrativa, lo que garantiza independencia en la toma de decisiones

El nuevo paradigma que afecta la política comercial global
La adopción de enfoques más proteccionistas y competitivos redefine la interacción global y plantea interrogantes sobre el futuro de las instituciones, la estabilidad económica y la gobernanza internacional


