
Hace unos años vi en la televisión un experimento que me dejó azorado. Se trataba de calcular cuántos confites estaban depositados en un recipiente de vidrio. El promedio de la intervención de los participantes daba un resultado muy cercano al real. Ese experimento daba cuenta de que el conocimiento como atributo humano también resulta una obra colectiva.
De igual manera, nuestros sabios destacan que las acciones físicas más apropiadas son aquellas que ensalzan los atributos que nos hacen a los humanos distintos del resto del mundo animal.
El individuo tiene la gracia de conocer más allá de los sentidos, puede meditar, inferir, proyectar, ponderar, también puede conversar con el otro. Ningún otro animal puede hacerlo, pero lamentablemente, no siempre procedemos haciendo gala de nuestros atributos humanos, sino que tomamos decisiones primitivas, que están más cercanas a las reacciones de nuestros congéneres animales que de nuestra singularidad humana.
Mucho de esto se ve en relación con la dramática situación que nos aflige, donde algunos hacen caso omiso a las recomendaciones de las autoridades, porque lo que no se ve, no se percibe; y otros, en sentido opuesto, se bañan en litros de alcohol en gel como si fuera un agua bendecida de los cielos que los protegerá frente a cualquier calamidad.
Mi tarea como rabino —por ejemplo— consiste en que gran parte del tiempo lo dedique a buscar conocimiento, a leer, a interiorizarme de las opiniones de los expertos y, de esa manera, poder bajar a la realidad cotidiana los escritos y enseñanzas de la tradición sobre distintas temáticas.
Si mi conocimiento de la realidad fuera erróneo, los consejos de la tradición no me servirían de nada ni a mí ni a los feligreses.
En todos los actos de la vida se presentan tres estadios que, de ser ejecutados adecuadamente, habrán aportado todo lo posible para lograr el éxito.
1. Conocer: percibir la realidad, la auténtica realidad lo más objetivamente posible, sin inclinaciones personales.
2. Analizar: examinar las opciones por ejecutar y meditar sobre ellas de acuerdo a lo percibido en el primer paso, ”el conocer”, y encarar la elección de una de las opciones del análisis.
3. Hacer: ejecutar lo decidido.
Estos estadios para el éxito son necesarios en todos los ámbitos de la vida: el familiar, el comercial, el espiritual y el amoroso.
En un principio, se pensaba que lo esencial era actuar, hacer, ejecutar; la acción era el bien más preciado. Fue la época de los caballeros y héroes de guerra, cuando la fuerza y el coraje eran los ídolos supremos.
Se educaba con ese espíritu, el de la gloria y el honor, para incentivar la acción. No se le daba importancia al conocimiento y al análisis. Los grandes eran los que actuaban; era la época de las conquistas y la ley del más fuerte.
Luego, con el tiempo, se comenzó a ponderar el análisis de las ideas existentes y la especulación sobre lo que hay, las opciones del razonamiento, las consecuencias que producirían las distintas variantes y la elección de la mejor.
A la primera opción, “conocer”, o sea, dedicarse a contemplar, nunca se le dio mayor importancia.
Pero el Talmud enseña que la opción “conocer” es la esencial. Solo quien contempla, quien tiene clara la realidad es el que se abre camino al éxito.
Muchos analizan qué hacer para alcanzar el amor, otros hacen algo para lograr el amor. Pero las opciones y las acciones serán fallidas si no nos percatamos de la realidad de “qué es el amor”.
Todos los gobiernos analizan opciones contra la crisis de sus países, todos ejecutan planes y eso es correcto, pero no siempre encuentran soluciones. Porque la esencia del problema radica en conocer, ante todo, la realidad según nuestras capacidades.
Deberíamos empezar a darle importancia al primer estadio, a invertir esfuerzo en percibir la realidad que nos rodea fehacientemente. Promover la contemplación, observar, medir y entender, hasta percibir una situación clara de dónde estamos y con qué nos enfrentamos en la vida.
Para tomar decisiones, debemos estar seguros de que lo que percibimos es real, y de que no estemos viendo lo que queramos o influenciados por presiones sociales, mediáticas o intereses personales. Después de darle la importancia adecuada al conocimiento correcto y objetivo, el camino al éxito y la solución vienen solos, con el proceso del análisis y la acción en función de ese conocimiento correcto adquirido. Porque el conocimiento es la esencia de nuestra humanidad, y solo utilizándolo sobreviviremos.
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