
El desgraciado hecho de Villa Gesell, esto es el asesinato de una persona por un grupo de rugbiers debe de una vez ponernos en alerta.
Las conductas sociales permisivas y violentas se han generalizado en todas las capas sociales durante las últimas décadas.
El rugby como deporte profesional no es el ocasionante de este horrible homicidio.
Es difícil ver en el mundo a atletas de alto rendimiento profesionales del rubgy cometer esta clase de delitos o conductas antisociales.
Pero lamentablemente vemos que en nuestro país todavía se incentiva el rugby arcaico adonde el líder de la manada o equipo no es el mejor jugador sino el que más se pelea, más toma, más se droga y más cosas rompe dentro y fuera de la cancha. Estos “lideres” violentos nunca llegarán a nada dentro de un deporte cada vez más profesional y no violento, pero influencian de forma negativa la conducta de sus compañeros.
La minimización del hecho de Villa Gessell por la UAR hablando del “fallecimiento” del asesinado pone de relieve que estas conductas violentas son toleradas como parte del juego fuera de la cancha.
Hasta tanto no tengamos conductores y entrenadores formados profesionalmente en el espíritu deportivo y no en la misoginia y la violencia, estas conductas seguirán viéndose. En estos disvalores los entrenaron y en los mismos entrenan a las nuevas generaciones.
Resta analizar el por qué de las conductas sociales cada vez más violentas en la juventud, dentro y fuera del deporte. Así, es generalizado y aceptado socialmente el consumo masivo de tóxicos legales como el alcohol e ilegales como la marihuana, cocaína y toda clase de pastillas. La dirigencia política y judicial en el mejor de los casos mira para otro lado y en el peor promueve la legalización de drogas, a veces por ideología “progre” y la mayoría de las veces porque el narcotráfico y la incentivación del narco uso es un gran negocio para quienes lo promueven.
Se olvidan o no quieren ver que el crimen violento va siempre de la mano del narco uso y del narcotráfico. Si no, miremos las experiencias de Uruguay con la duplicación de sus homicidios violentos desde el comienzo de su pésimo experimento social, o el triple de internaciones psiquiátricas observado en Portugal por el abuso de sustancias legalizadas.
Seguramente este crimen tuvo su origen y fuera motivado por los rasgos descriptor e inculcados a estos rugbiers violentos de potrero, pero también en su efecto potenciador de la ingesta de tóxicos legales e ilegales. Todo bajo la mirada cómplice del Estado.
Verdadero cóctel explosivo que debe ser neutralizado urgentemente por el Estado, culturalmente y por sus instituciones de seguridad y justicia.
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