El 10 de diciembre comenzó una nueva etapa para todos los argentinos. Las elecciones de octubre fueron una gran oportunidad para expresarnos y definir democráticamente cargos y roles. Quienes fueron elegidos con la mayoría de los votos tienen ahora la tarea de gobernar. Pero además de cargos ejecutivos, los bonaerenses eligieron a quienes hoy tenemos el compromiso de representarlos siendo oposición.

Las elecciones se ganan o se pierden. Pero las derrotas no hacen cambiar las convicciones. Muy por el contrario: si hay algo que nos identifica es la vocación de servir al bien común. Nuestro espacio político surgió con la certeza de ser una alternativa al autoritarismo, a la imposición y al atropello. Apostamos al consenso, al diálogo constructivo y a un nuevo modo de hacer política que deje atrás la vieja idea de que el que gana hace lo que quiere.

Tenemos la enorme responsabilidad de representar a todos los que siguen creyendo en un camino distinto para construir la sociedad. Y ese camino no puede transitarse sin el valor fundamental de la verdad, diciendo las cosas como son y cuidando especialmente a los que más ayuda necesitan para avanzar.

Axel Kicillof y Verónica Magario, gobernador y vicegobernadora de Buenos Aires (Nicolás Aboaf)
Axel Kicillof y Verónica Magario, gobernador y vicegobernadora de Buenos Aires (Nicolás Aboaf)

El proyecto de ley impositiva que fue enviado el martes pasado a la Legislatura provincial nos interpela como oposición porque queremos realmente cuidar a todos los que confiaron en nosotros y ejercer ese rol de manera responsable.

Ante todo, porque creemos que las decisiones que afectan los intereses comunes necesitan espacios genuinos donde las distintas fuerzas políticas puedan sumar ideas. Nadie tiene la verdad absoluta. Desde “Juntos por el cambio” demostramos que las diversas miradas se pueden enriquecer e integrar en una propuesta común y superadora. Así, los acuerdos internos nos fortalecen para defender mejor nuestra posición. Para lograrlo necesitamos dialogar, no solo con honestidad de las partes sino también con el tiempo suficiente para que los acuerdos maduren. Apurados y con explicaciones a medias no se puede pretender que las cosas salgan bien.

Estamos frente a un proyecto de mucho impacto, extenso y complejo. Como oposición queremos que esa ley sea mejor y se convierta en una herramienta que le permita al gobierno cumplir con sus obligaciones, pero sin atropellar a nadie. Buscamos una ley de consenso, convencidos de que ese es nuestro mejor aporte a la gobernabilidad.

En un momento de recesión y dificultad económica, defender un aumento impositivo de hasta el 75%, que afectaría a más de dos millones de propietarios, nos parece excesivo. Por eso hemos propuesto que el máximo de aumento en el inmobiliario urbano y rural sea equivalente a la inflación.

Escuchar y consensuar no son actos de debilidad. La fuerza y la grandeza de un espacio político se demuestran cuando el poder no está teñido de imposiciones ni autoritarismo. El oportunismo y la tentación de creerse dueño de la verdad son en realidad los que dejan “tierra arrasada”. El atropello y la arrogancia destruyen y son un retroceso en todo intento de unir a la sociedad.

Pero tenemos una esperanza y es que en estos últimos años hemos aprendido algo: solo si nos une el bien común vale la pena construir y trabajar todos los días para tener un futuro mejor. Ahí no hay oficialismo ni oposición, ni grieta ni partidismos. Ahí estamos todos porque ese futuro mejor es posible y lo estamos haciendo juntos.

*El autor es intendente de Vicente López