
El corazón de los seres humanos y de todos los mamíferos muy pocas veces se convierte en el origen del cáncer. Eso ocurre a pesar de su exposición constante a la sangre y su incansable actividad.
Científicos de Italia, Austria, Noruega, Reino Unido y Alemania encontraron una explicación. La presión mecánica del latido del corazón crea una barrera que frena el crecimiento tumoral en los tejidos cardíacos.
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Ese hallazgo, que fue publicado en la revista Science, abre nuevas perspectivas para explorar terapias contra el cáncer que aprovechen la fuerza física como aliada.

El estudio fue liderado por el investigador Giulio Ciucci, junto a expertos de Italia, Austria, Noruega y Reino Unido.
Participaron instituciones como el Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología, la Universidad de Trieste y la Universidad de Innsbruck.
Por qué el corazón desafía al cáncer

El cáncer cardíaco en mamíferos se observa en muy raras ocasiones. El miocardio recibe un flujo sanguíneo intenso, pero casi nunca aloja tumores, algo que siempre despertó interés en los científicos.
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El corazón adulto tampoco puede regenerarse fácilmente, ya que los cardiomiocitos dejan de dividirse poco después del nacimiento.
Estudios previos sugerían que tras el nacimiento, el aumento de la carga mecánica apaga la capacidad regenerativa del corazón.

El equipo del doctor Ciucci se propuso comprobar si este mismo proceso podía limitar el crecimiento de células tumorales en el corazón.
El trabajo se centró en entender cómo las fuerzas físicas del corazón afectan la multiplicación de células cancerosas.
Los investigadores también analizaron si los mecanismos que frenan la regeneración cardíaca podrían ser los mismos que detienen la aparición de tumores.
El latido como barrera natural

Para investigar este fenómeno, los investigadores emplearon un modelo de ratón Mus musculus genéticamente modificado para inducir mutaciones cancerígenas en el corazón.
Observaron que, incluso en estas condiciones, “el corazón es notablemente resistente a las mutaciones que causan cáncer”, según escribieron.
El equipo científico implementó un modelo de trasplante donde el corazón de un ratón donante se colocaba en el cuello de otro ratón compatible. Así, ese órgano recibía sangre, pero no enfrentaba la presión mecánica normal.
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Al inyectar células cancerosas humanas en ambos corazones, vieron que la carga mecánica suprimía el crecimiento tumoral, mientras que la falta de esa carga favorecía la proliferación de células cancerosas.

Los tumores crecieron más en los corazones trasplantados, donde la presión era baja, que en los corazones nativos activos. El análisis mostró que las fuerzas mecánicas cambiaban la regulación genética de las células tumorales e impedían su multiplicación.
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Luego, se identificó a Nesprina-2, una proteína fundamental que transmite señales mecánicas desde la superficie celular al núcleo, como pieza clave del proceso.
Cuando silenciaron ese gen que codifica esa proteína, las células cancerosas recuperaron su capacidad de multiplicarse incluso en corazones activos. La investigación incluyó experimentos con tejidos cardíacos artificiales donde se podía controlar la presión mecánica.
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Los experimentos revelaron que las células cancerosas preferían crecer en áreas del tejido cardíaco con menor presión mecánica. “Nuestros resultados descubren cómo las fuerzas mecánicas protegen al corazón del cáncer”, resaltaron los científicos.
Caminos nuevos en la medicina y la ciencia

El estudio planteó que la estimulación mecánica del tejido podría explorarse como estrategia para nuevas terapias contra el cáncer.
Aunque los investigadores señalaron la necesidad de validar estas ideas y de analizar su seguridad en humanos.
Reconocieron que su modelo se basa en ratones y tejidos artificiales, por lo que hace falta comprobar si estos mecanismos se repiten en humanos en condiciones clínicas reales. Advirtieron que otros factores, además de la presión mecánica, podrían ayudar al corazón a resistir el cáncer.
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El equipo recomendó estandarizar los protocolos de estimulación mecánica y validar los resultados en distintos modelos y laboratorios.
La investigadora Serena Zacchigna expresó: “Estamos trabajando para asegurar la reproducibilidad de experimentos complejos de mecanobiología, estandarizando protocolos y validando resultados en modelos y laboratorios diversos”.
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Más allá de los desafíos, el hallazgo abre la puerta a imaginar terapias que aprovechen las fuerzas físicas para limitar el crecimiento tumoral, aunque los propios investigadores afirmaron que se requiere prudencia.

En diálogo con Infobae, la médica Vanesa Gregorietti, del comité de cardio-oncología de la Federación Argentina de Cardiología, comentó tras leer el estudio que “estos hallazgos sugieren que la estimulación mecánica podría ser explotada como una nueva estrategia terapéutica contra el cáncer, al aprovechar los mecanismos naturales que el corazón usa para evitar el crecimiento tumoral”.
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Además agregó que los resultados son interesantes. “Abren nuevas vías para terapias oncológicas basadas en la modulación de la mecánica celular y tisular”, resaltó.
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