
Perdió Macri. Dígalo bien fuerte, no tema que lo tilden de simplista.
Los presidentes en nuestra región están en condiciones de generar, concentrar y sostener un conjunto de recursos de poder que los convierten en el punto central de la dinámica política, cuyo foco no está ni en los partidos, ni en el Congreso y mucho menos en los líderes opositores.
Un presidente en ejercicio es siempre el “campeón del mundo” en términos boxísticos. La situación no admite las victorias “por puntos”. Por eso Macri es el primer presidente sudamericano que compite por su reelección y la pierde. Por eso es el protagonista de un enorme fracaso político.
El 30 de octubre de 2017, el Presidente contaba con abundantes recursos de poder. Y decidió ofrecer un discurso en el Centro Cultural Kirchner en el que avanzaba en una agenda de reformas en los terrenos laboral, previsional e impositivo, que encontraron fuertes resistencias sociales.
En abril de 2018 comenzó la corrida cambiaria que aún no termina y, sin embargo, Macri pudo mostrar todavía más y más impresionantes respaldos: el del poder judicial-comunicacional con la “causa cuadernos”, el de Washington, el del Fondo Monetario, el del establishment económico. Se mostró en el G20 y aceleró para mostrar un pacto con la Unión Europea.
Cuando los presidentes están fuertes, las oposiciones están débiles y fragmentadas. Los cinco meses que fueron de diciembre de 2017 a abril de 2018 abrieron una ventana de oportunidad: la sociedad dio un mensaje y los dirigentes se reagruparon, fortaleciendo una alternativa. Comenzaron las charlas que terminaron en la conformación del Frente de Todos. Alberto Fernández fue un muy activo impulsor de diálogos clave. Cristina Kirchner definió con precisión histórica la fórmula presidencial.
Comenzó así una campaña que acompañó a la política y a un dirigente que se convirtió en candidato. Centenares de referentes de todo el país tuvieron la voluntad de alinearse con un mensaje y una expresión política. Miles de militantes dieron también forma a un nuevo regreso del peronismo al poder.
Desde las primarias hasta la elección general, el presidente Macri usó los recursos que le quedaban: la experiencia y eficacia del PRO en los dispositivos político-comunicacionales como los debates y las campañas. La centralidad de un presidente para fijar agenda, imponer temas y agitar consignas (y fantasmas).
Pero al final, perdió Macri. Cayó el “campeón del mundo”. Si lo dicho hasta aquí es cierto, Alberto Fernández pasará a ser la pieza central de un sistema político que no se mueve en clave oficialismo-oposición sino presidente-oposición. Por un lado, uno; por el otro, muchos. Hay múltiples especulaciones sobre el futuro del mandatario saliente. Pero la única certeza es que Macri perdió.
El autor es politólogo, docente UBA y FLACSO
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