La Organización Mundial de la Salud define a la infertilidad como una enfermedad del sistema reproductivo. En 2012, tanto la Sociedad Americana de Medicina Reproductiva como la Sociedad Europea de Reproducción Humana dejaron de considerar a la criopreservación de óvulos como una técnica "experimental" pasando a ser una práctica habitual en el contexto de la medicina teproductiva. El éxito en la sobrevida de los óvulos luego de la descongelación, sus razonables tasas de embarazo y la demostración de que no incrementa el riesgo de enfermedades congénitas ni alteraciones cromosómicas respaldaron esta decisión de las entidades más respetadas.

Desde entonces, cientos de miles de mujeres en el mundo se han sometido a dicho procedimiento. Muchas de ellas tomaron la decisión a fin de resguardar su fertilidad previo a un tratamiento oncológico que, por lo general, deja a las mujeres hormonalmente en un estado menopáusico.

Varias otras, por contar con antecedentes familiares de riesgo a padecer alguna enfermedad genética, almacenaron sus óvulos sabiendo que el procedimiento haría posible el acceso a estudios genéticos preimplantatorios (PGT, del inglés preimplantation genetic testing) previos a un futuro embarazo previniendo, con certeza, la trasmisión de dicho riesgo a sus futuros hijos.

La criopreservación de óvulos también es una parte muy importante del manejo de la fertilidad en la población LGBTQ+. Sin embargo, la importancia de dicho procedimiento va más allá de estos relevantes e importantes grupos de pacientes. El grupo mayoritario de mujeres lo hacen con el fin de postergar su maternidad para cuando sus condiciones de su propia vida lo determinen (desarrollo profesional, estabilidad económica, el encuentro de una potencial pareja).

Dado que la fertilidad disminuye con el paso del tiempo de una manera impredecible e imprevisible, el manejo proactivo que permite la criopreservación de óvulos no hace al procedimiento menos preventivo que las mamografías, los métodos de detección del cáncer cervical o la colonoscopia. Y, dado que nadie consideraría la mamografía, las pruebas de Papanicolaou (pap) o la detección del cáncer de colon como procedimientos electivos (de hecho, dedicamos mucho tiempo y esfuerzo a convencer a las personas de someterse a estos procedimientos), ¿por qué elegimos etiquetar selectivamente la decisión preventiva de congelar óvulos como "electiva"?

Esta desafortunada "etiqueta" sugiere una diferencia fundamental entre el manejo proactivo de la asistencia médica (estudios preventivos generales) y el manejo proactivo de la fertilidad. Quienes nos comprometemos a mejorar y optimizar la atención médica de las mujeres, necesitamos revertir esta percepción. Eliminar terminologías como "preservación electiva de la fertilidad" o "criopreservación electiva de óvulos" debería ser el primer paso hacia ese objetivo. Tal es así, que hoy se propone internacionalmente el uso del término " Preservación Preventiva de óvulos".

El éxito de la Criopreservación de óvulos (lograr un bebé sano en casa) depende de numerosos factores: la edad de la mujer al momento de congelar, la calidad de sus óvulos en dicho momento, antecedentes propios y familiares, alteraciones genéticas y por qué no, la pericia del equipo profesional reproductivo que acompaña al tratamiento (médico, embriólogo e institución en sí misma) entre otras variables. El tratamiento es, ciertamente, oneroso para algunas mujeres y económicamente inalcanzable para muchas otras. Por ello, tanto el correcto asesoramiento, como la educación, difusión y la divulgación de conocimiento afín al procedimiento resultan indispensables.

De tal forma, el problema es mucho más profundo que una mera disquisición semántica (" electiva" vs. " preventiva" ) y abarca el conocimiento de la fisiología reproductiva femenina y de las nuevas alternativas que hoy las Técnicas de Reproducción Asistida brindan. Esta educación, que debiera estar impartida y promovida por el Estado, quien, desde la promulgación de la ley de Fertilidad en 2013, ha demostrado mayor compromiso en este área, es trascendental para que las mujeres puedan tomar las decisiones más apropiadas con el fin de prevenir una infertilidad futura, pero también comprender que la maternidad es mucho más que transmisión genética.

 

Adán Nabel (especialista en Medicina Reproductiva, CEGyR)

Felicitas Azpiroz (embrióloga Clínica, CEGyR)