Fray Antonio Puigjané fue condenado a 20 años de prisión por el ataque al regimiento de La Tablada. Cumplió siete detenido, pasó sus últimos años en el convento de Nuestra Señora del Rosario en Pompeya. Tenía 91 años
Fray Antonio Puigjané fue condenado a 20 años de prisión por el ataque al regimiento de La Tablada. Cumplió siete detenido, pasó sus últimos años en el convento de Nuestra Señora del Rosario en Pompeya. Tenía 91 años

"Piru", como lo llamaban en su familia, era un pibe de no más de 11 o 12 años cuando se le despertó la vocación sacerdotal y se fue de su Córdoba a Buenos Aires. Con los años, su compromiso con los pobres lo puso en marcha en Villa Itatí, la más poblada del partido de Quilmes. Allí ejerció su sacerdocio y tuvo como obispo a monseñor Antonio Novak. Y sus lazos con Novak no quedaron allí como se verá más adelante.

Fray Antonio Puigjané iba de Villa Itatí, sin falta todos los jueves, a acompañar la ronda de las Madres de Plaza de Mayo. Alguna de ellas recuerda aun cuando el cura vio a un hombre descalzo, mal vestido, indigente. El cura no tenía más que su pesada túnica, el lazo que usaba por cinturón, las sandalias y medias. Era un día frío. Se sacó las medias y se las dio a ese hombre que estaba cerca y que tenía menos que él. Piru no hizo comentario alguno. Lo que para otros asistentes era un acto de generosidad para él fue casi un acto reflejo.

Puigjané, de la orden de los Franciscanos, viajó a Nicaragua en 1987, cuando los sandinistas llevaban ocho años en el poder y se quedó en Managua donde se plegó a la decisión de sumarse a la conducción del Movimiento Todos por la Patria (MTP), liderado por Enrique Gorriarán Merlo.

Si bien Puigjané era un apóstol de la no violencia, se encontró con que Nicaragua, con el liderazgo del Frente Sandinista, había derribado a Antonio Somoza. Volvió a Buenos Aires y no pasó mucho tiempo para que el MTP intentara asaltar el cuartel de La Tablada, el 23 de enero de 1989. Si bien Piru Puigjané no participó del ataque, el juez Gerardo Larrambebere, a cargo de la causa, requirió su presencia en los tribunales. Puigjané fue y allí empezó un calvario que duró más de siete años. Para Amnistía Internacional se trató de un preso de conciencia, para el Poder Judicial de un partícipe necesario.

Primero fue a la cárcel de Villa Devoto. Luego a Caseros, ubicada en pleno Parque de los Patricios, detrás de la avenida homónima. Estaba alojado en una celda individual –la celda 44- del pabellón 18B de máxima seguridad junto al resto de los detenidos por la causa Tablada.

Curiosamente llamaba a su pequeña celda la "Porciúncula". Ese es el nombre de una iglesia italiana ubicada en Asís, que en 1212, hace más de ocho siglos, le fue entregada a quien fuera el creador de la orden de los Franciscanos. Puigjané creía en Dios, en Jesús y en San Francisco. Su compromiso era tal que, en esa pequeña celda 44, en la que permanecía encerrado la mayor parte del día, celebraba una misa en solitario. En efecto, contaba con un cáliz tallado en plata por Juan Carlos Pallarols. Fue ese gran platero quien lo hizo especialmente para que Piru Puigjané pudiera hacer su vida espiritual.

La mesa directiva del MTP poco antes del copamiento de La Tablada: Roberto Felicetti, Jorge Baños, Francisco Provenzano y Fray Antonio Puigjané. (RevistaGENTE/Archivo Atlántida)
La mesa directiva del MTP poco antes del copamiento de La Tablada: Roberto Felicetti, Jorge Baños, Francisco Provenzano y Fray Antonio Puigjané. (RevistaGENTE/Archivo Atlántida)

Cuando a las ocho de la mañana le abrían la celda, al igual que al resto de los presos de La Tablada, Piru les transmitía su mensaje religioso, espiritual y también político. Porque siempre ponía énfasis en que la bondad del hombre era sentirse todos los hombres. Piru sabía que la mayoría no eran católicos practicantes, sin embargo, lograba la comunión con ellos.

El obispo Novak lo visitaba con frecuencia. No sólo a él sino a otros dos residentes de su diócesis, Quilmes. Así es que Novak, gran luchador por los derechos humanos durante la dictadura y gran luchador a favor de los desposeídos toda su vida, pasó horas dialogando con Piru, con Miguel Aguirre y con Claudio Rodríguez.

Cuando estaba cerca de los setenta años, las autoridades penitenciarias lo trasladaron a una unidad del complejo penitenciario de Ezeiza. Fue a lo que en los reglamentos se llama "unidad de pre-egreso", destinada a la adaptación de una persona con conductas antisociales a la vida en sociedad. Allí Puigjané siguió siendo el mismo de siempre. Salió de allí con una joven sonrisa, a los setenta años, hace de esto ya dos décadas.

Fray Antonio Puigjané hizo culto de la austeridad y los votos de pobreza. Mañana, miércoles 27 será despedido en una misa que se celebrará en el santuario de la iglesia Nuestra Señora de Pompeya en la avenida Sáenz 1000 a las 10 de la mañana. Será al día siguiente de su fallecimiento, que se produjo hoy a la mañana.