
Si el Gobierno no hubiese de entrada dividido en seis el Ministerio de Economía, generando una gran descordinación de la política económica; y dada la gravedad de la herencia recibida hubiese entendido que necesitaba un plan económico consistente, con un equipo económico con gente de trayectoria y prestigio que generaran confianza, con gente con horas de vuelo para evitar errores groseros que se cometieron de entrada, la historia del último domingo hubiese sido diferente.
¿Era previsible la corrida cambiaria que llevó a la crisis del 2018 a la derrota electoral del domingo? Definitivamente sí. Ya en noviembre de 2016 tuve un debate con otro economista en la ciudad de Rosario que decía que el modelo de las Lebac convergía al equilibrio porque la tasa de interés era menor a la inflación y defendía a muerte la política monetaria de Federico Sturzenegger. Era evidente que no tenía horas de vuelo en términos de haber vivido la economía argentina y tampoco hacía el análisis correcto.
Pensaba en términos de que se licuaba la deuda por la tasa de inflación y no veía, por grosero error de análisis y falta de experiencia, que la apuesta era tasa versus dólar. Fue once meses después cuando, cualquiera que hubiese analizado o vivido alguna de las tantas crisis anteriores, sabía que ese esquema de las Lebac era inviable.
Gracias al endeudamiento externo para financiar el gradualismo, esa política de "te doy tasa, dame dólares" aguantó todo el 2017 y le dio un gran triunfo a Cambiemos en las elecciones de medio término. Cuando el 28 de diciembre de 2017 se anunció la baja de la tasa de interés, anticiparon lo que iba a ser inevitable: el cambio de cartera. Al bajar la tasa de interés, el que apostaba a que la tasa le iba a ganar al dólar dudó y dolarizó su cartera.
Esa corrida junto con la sequía, generaron un gran impacto sobre el mercado de cambios que obligó al gobierno a salir corriendo a buscar el apoyo del FMI. Y no tuvieron mejor idea que subir la tasa y cambiar las Lebac por las Leliq que son otra bomba de tiempo. Pero pusieron la tasa de las Letras del Banco Central en niveles insólitos, acentuando la recesión.
El gradualismo terminó en lo que tenía que terminar: en una gran recesión, crisis cambiaria e inflación. La peor combinación posible para llegar bien parados a las elecciones.
El desgaste del gradualismo
Es más, por definición el gradualismo producía un gran desgaste en la población porque el gradualismo no es otra cosa que anunciar malas noticias todos los días. Hoy te aumento el gas, mañana la luz, pasado el transporte, etc., generando un desgaste fenomenal en la población, en particular en la clase media que, además de pagar el ajuste de las tarifas de los servicios públicos (como correspondía), no le bajaron los impuestos porque el Gobierno siguió manteniendo los planes sociales.
Es decir, castigó a la clase media que le dio el triunfo en 2015 y 2017 para poder beneficiar a los perceptores de planes sociales, quienes muchos además de no votarlos, le cortan la calle.

El tema ahora es, ¿qué hacer para revertir este escenario electoral? Si se acepta que en gran medida el Gobierno perdió por la economía, y también se acepta que fue buena parte de la clase media la que le soltó la mano, la lógica indica que el gobierno debería reconquistar rápidamente el apoyo de ese sector de la población.
¿Cómo? Anunciando una inmediata suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias a partir de septiembre. Esa reducción debe ir acompañada de una disminución en el costo de los planes sociales. La inmensa mayoría de los que reciben esos planes sociales no vota a Cambiemos ni lo va a votar.
Hay que recrear la cultura del trabajo
Si me dicen que le incendian el país les contesto: vean la respuesta del mercado financiero al resultado del domingo y elijan qué tipo de incendio quieren. ¿Acaso esta fiesta de reparto de planes sociales no ha generado un incendio económico que le hizo perder al gobierno las PASO por paliza?
Además de restablecer los valores republicanos que la clase media demanda, el Gobierno tiene que restablecer la cultura del trabajo. Me dirán que la gente que vive de planes sociales se muere de hambre si no se los dan. Todos sabemos que no es así, salvo casos muy particulares.
Que los planes sociales se han convertido en un gran negocio político lo sabemos todos y que los dirigentes piqueteros extorsionan con los cortes para cobrar planes también lo sabemos. Bien, la clase media, esa que puede darle el apoyo que necesita el gobierno, es la que está harta de pagar esos planes y no poder ahorrar, no llegar a fin de mes y no poder soñar con comprarse un departamento.

Si junto con eso se hace el canje de las Letras Intransferibles que tiene el BCRA por bonos de largo plazo para dominar mejor el mercado de acá a las elecciones, contaría con dólares y bonos para absorber la liquidez en la medida que no renueven los depósitos a plazo fijo, se puede llegar mejor a las elecciones y descomprimir a la clase media que está harta de sostener a una legión de gente que vive de su trabajo. Esa clase media es la que terminó dándole la espalda al gobierno.
De acá a octubre el Gobierno tiene que dar señales concretas de cambiar el rumbo económico, terminando con la cultura de la dádiva para volver a la cultura del trabajo. Si no se anima a hacer esa tarea, que le deje el lugar al peronismo, que la cultura de la dádiva la maneja mejor.
Me parece que Mauricio Macri debería tomar nota de que tiene que cambiar su gabinete. Los que le hacían ganar las elecciones y gobernar pésimo ya ni le sirven para eso. Son los mariscales de la derrota económica y electoral.
Y, duplicaría la apuesta y anunciaría una dolarización de la economía para el segundo mandato porque Argentina no está en condiciones de tener moneda.
Pondría sobre la mesa temas desafiantes como empezar a terminar con los planes sociales, bajar la carga tributaria empezando por la clase media y una gran reforma monetaria que termine con la inflación que desde hace décadas destruye el salario de la gente. No hay espacio para las medias tintas de aquí a octubre.
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