El secretario de agricultura estadounidense, Sonny Perdue (Adrián Escandar)
El secretario de agricultura estadounidense, Sonny Perdue (Adrián Escandar)

El secretario de Agricultura de los Estados Unidos, Sonny Perdue, anunció una ayuda de 16 mil millones para compensar a los agricultores por la pérdida del mercado chino. Esta ayuda se suma a los 12 mil millones otorgados en julio del año pasado con el mismo motivo. La asistencia consistirá en pagos directos por 14.500 millones y el resto para compra de commodities y el desarrollo de nuevos mercados.

La decisión de los Estados Unidos de compensar a los agricultores afectados por la imposición de tarifas en China en represalia por las dispuestas por el presidente Donald Trump significan una cachetada para los países productores y exportadores de productos agrícolas, entre ellos, la Argentina. Durante décadas los países productores han tratado de que los países desarrollados, en especial los Estados Unidos y la Unión Europea, limitaran los subsidios a la producción agrícola para terminar con la competencia desleal en el comercio internacional. Estos esfuerzos quedaron plasmados en la Ronda Uruguay en 1995, previéndose una reapertura del tema que nunca tuvo lugar cinco años más tarde. Si bien los pagos directos para compensar los ingresos de los productores están disociados de las cantidades, la ayuda implementada en esta oportunidad facilitará volcar al mercado internacional la parte de la cosecha destinada a China.

El secretario de Agricultura Perdue expresó, para evitar las críticas, que los agricultores deberán guiarse por las señales del mercado para tomar sus decisiones y no sobre los eventuales programas de ayuda.

El presidente Trump afirmó, haciendo una interpretación similar a las que está acostumbrado, que los aranceles adicionales a las importaciones serían pagados por China, a pesar de las advertencias formuladas por diversas Cámaras de Comercio. Los mayores costos de importación serán trasladados a los precios y pagados por los consumidores por la imposibilidad de las empresas de absorber la diferencia, al no contar con una producción alternativa después de tantos años de abastecerse en un mismo mercado. El presidente Trump también hizo alarde de que los ingresos generados por los aranceles le permitirán implementar nuevos programas sin tener que pasar por el Congreso para autorizar los gastos.

La guerra comercial iniciada por los Estados Unidos para contener a China tiene un efecto negativo sobre la economía mundial por la incertidumbre sobre los alcances y la duración del conflicto. La prolongación de la disputa a la cual se suma la guerra tecnológica afectará las decisiones de inversión de las empresas multinacionales sobre la localización y los mercados. El informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) recoge esa situación y señala que las incógnitas políticas y comerciales tendrán un impacto negativo sobre las perspectivas de crecimiento. La tasa de crecimiento para el corriente año está prevista en 3,2% por debajo de los niveles de los años 2017-2018.

La OCDE afirma que la economía mundial sigue dependiendo de los estímulos de políticas públicas a pesar del tiempo transcurrido desde la crisis financiera de 2008: tasas de interés bajas y mayor endeudamiento público. Las tensiones comerciales que ya se extienden en tres continentes podrían reducir en más del 0,6% el PBI global en los próximos tres años. La posibilidad de una reducción de la demanda interna en China afectaría también en más de un punto el PBI mundial.

Donald Trump pareciera disfrutar del enfrentamiento y no cesa de transmitir seguridad de que logrará un acuerdo que compense todas las ventajas concedidas a China por las administraciones anteriores. En sus propias palabras, no se trata de lograr un acuerdo equilibrado sino de evitar que China se convierta en la primera potencia durante su gobierno. El presidente Trump ha mostrado siempre facilidad para expresarse y caracterizar a sus rivales. Muchos piensan que las declaraciones son parte de su personalidad extravertida, pero en las negociaciones diplomáticas ayuda más el silencio que la elocuencia.

El autor es diplomático y analista internacional.