General Paz: de amo del interior del país a prisionero

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¿Puede un general invicto —además endurecido por las guerras de la independencia y la que librara la República contra el Imperio del Brasil— ser traicionado por su espíritu de escritor? Sí, el general José María Paz.

Después de derrotar a Quiroga en la batalla de Oncativo, el general Paz se había convertido en un verdadero amo del interior del país. No solo Córdoba estaba a sus pies después de la victoria sobre el general Bustos en San Roque, sino que varias provincias habían sucumbido ante ese general: La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán. A ellas habría que sumar Mendoza: una revuelta había destituido al fraile Aldao y, enviado (por Paz) el coronel Videla Castillo para restablecer el orden, resultó designado gobernador el mismo coronel para ocupar el sillón que dejaba vacante Aldao.

El general Paz se aprestaba para hacer la guerra contra las provincias litoraleñas, que tenían como general en jefe a Estanislao López. Un golpe de suerte cambió la historia.

Paz escuchó el sonido de unos disparos a pocas cuadras de su ejército. Secundado por un secretario, un oficial y un paisano del lugar que oficiaba de baquiano y su proverbial intrepidez, se abalanzó sobre el tiroteo, que se oía a través de un bosque. Dice Saldías que Paz ordenó a Videla Castillo que avanzara sobre las líneas enemigas por su flanco izquierdo efectuando después una conversión sobre su posición, procurando que no se enterara López, a los fines de sorprenderlo.

Esos tiros incomodaron a Paz. ¿Se habría encontrado Videla Castillo con López? Cuando advierte que solo son unas montoneras, envía al oficial para informar al general Deheza que unas montoneras molestaron al coronel. Pero el oficial no regresa. ¿Qué hacer? Debe despachar un hombre para conocer su suerte. La lógica indica que debe ser el secretario, pero él es un escritor, que le va dictando al secretario las impresiones del momento; este hombre es lo suficientemente "canchero" como para tomar notas al dictado. En síntesis: lo manda al baquiano y sigue su marcha. Ella lo lleva a acercarse al tiroteo, pero los bandos han invertido las posiciones, de manera que Paz se acerca peligrosamente a su enemigo.

El baquiano, que se ha dado cuenta, intenta avisarle, pero está demasiado lejos. Serrano, que está a cargo de la montonera, se percata y lo alienta a acercarse. Cuando el general Paz se apercibe de su error, ya es tarde. Serrano, bien montado "bolea" el caballo de Paz, lo hace caer y lo toma prisionero.

Muy pocas veces registra la historia un hecho accidental de tantas consecuencias. ¿Qué lo llevó a Paz a perderse? ¿Su espíritu aventurero? ¿El haber despachado al baquiano en lugar del secretario? ¿El haber ido mal montado? ¿El no ser buen jinete en un país donde todo el mundo lo era? La Historia, con su rígida observación de los hechos, no aclara nada; tampoco Paz en sus memorias dice algo. ¿Para qué hacerlo nosotros?