El INDEC dio a conocer el Índice de Precios al Consumidor del mes de febrero y las estimaciones realizadas por distintos analistas se volvieron una realidad, en tanto que la inflación del mes en cuestión ascendió a 3,8% respecto de enero. De esta manera, acumula en lo que va del corriente año un 6,8% y las expectativas para el primer trimestre superan el 10%. Un dato a destacar es que el primer bimestre de 2019 ya supera la inflación registrada  en el primer trimestre del año pasado (6,7%), lo cual habla a las claras de la aceleración inflacionaria que estamos observando en lo que va del 2019.

Entre los capítulos que lideraron las mayores alzas de precios se encuentran "Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles", con una variación del 6,4% y "Alimentos y bebidas no alcohólicas", que registró un alza del 5,7%. Detrás de estos aumentos se destacan algunos precios regulados como tarifas de transporte y con incrementos puntuales en rubros como la carne y quesos cuyos aumentos promedios mensuales fueron del 13,7% y 8% respectivamente. Claramente el impacto inflacionario repercute negativamente en los bolsillos de los consumidores (clase media para abajo) constituyendo una de las mayores preocupaciones de la actual gestión. Esta situación, sumada al difícil contexto que atraviesa el salario, cuyo poder adquisitivo cayó un 12% en 2018 según INDEC, presenta perspectivas de nuevos conflictos gremiales en los próximos meses.

Por otro lado, si se observa la tendencia de mediano plazo, después del pico del 6,5% de septiembre del año pasado, comenzó un proceso de desaceleración culminando con un índice de 2,6% en diciembre, vislumbrando cierto optimismo oficial. Sin embargo, se produjo un rebote durante el primer mes del año superando las expectativas del mercado y del propio gobierno.

Con el dato de febrero la inflación interanual ya supera el 51% y parece no encontrar un techo en el corto plazo por varias cuestiones: en primer lugar, las expectativas de los agentes económicos no tienen como un escenario plausible que exista una baja sustancial en el ritmo de aumento de precios, sobre todo ante los últimos eventos de inestabilidad cambiaria. Por otro lado, se han anunciado nuevos incrementos en bienes y servicios que impactan directamente sobre la tasa de inflación, como lo son el combustible y cigarrillos (rigen desde este mes), el transporte (con alzas en el boleto del colectivo a partir del día de la fecha y aumento en el boleto del subte para abril) y las tarifas de telefonía celular (entre marzo y abril según la compañía proveedora del servicio en cuestión).

Para atacar el rebote inflacionario, el Banco Central ha comunicado en el día de ayer un endurecimiento de su política económica monetaria, en busca de convencer al mercado de que el "apretón" podrá vencer la inercia inflacionaria. Así fue que decidió eliminar los ajustes estacionales de la base monetaria de junio, comprimió el ritmo de actualización de las bandas de flotación cambiaria y convalidó nuevos incrementos de tasas de las LELIQ (+20 pp respecto al observado a mediados de febrero) para "secar aún más la plaza de pesos", poniendo en jaque la esperada recuperación económica. Sumado a esto, el ministro Dujovne logró el aval del FMI para efectuar licitaciones diarias a partir de abril por U$S 60 millones (totalizando u$s9.600 millones hasta fin de año) y así darle más liquidez al mercado de cambios e intentar contener la divisa norteamericana de cara a las elecciones de octubre.

En síntesis, existe un consenso de los analistas de que 2019 será un año difícil para la economía argentina en materia de aumento de precios. De acuerdo al último informe del BCRA, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), se estima una tasa de inflación cercana al 32%, la cual posiblemente sea revisada al alza en función del 3,8% publicado por el INDEC y sus consecuentes ajustes programados.

El autor es Economista Jefe del Centro Regional del Estudios Económicos de Bahía Blanca (CREEBBA), Fundación Bolsa de Comercio de Bahía Blanca