El dictador Nicolás Maduro (EFE)
El dictador Nicolás Maduro (EFE)

Con motivo del Día Mundial de la Libertad de Prensa, considero oportuno hacer un breve balance sobre la situación de la prensa en América Latina. En líneas generales, es indudable que ha habido notables avances durante las últimas décadas. Sin embargo, hoy también nos encontramos frente a algunos casos sumamente preocupantes, los cuales resulta necesario tener presentes en este día tan especial para el periodismo.

Respecto a la Argentina, días atrás una patota del sindicato de taxistas porteños realizó un escrache en las puertas de Radio Mitre, debido a que un conductor de ese medio se expresó a favor de Uber. Afortunadamente, ese tipo de acciones fascistas son hechos cada vez más aislados en nuestro país. Además, cuando suceden, el repudio social suele ser abrumadoramente mayoritario. Podemos decir que, al igual que sucede en la mayoría de los países de la región, la libertad de prensa hoy se encuentra ampliamente garantizada y protegida a través de diversas instituciones.

No obstante, América Latina es actualmente el triste escenario de algunos de los casos más alarmantes a nivel mundial en términos de libertad de prensa. Según la edición 2017 de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, países como Colombia (130), Venezuela (143), México (147) y Cuba (172) se encuentran hacia el fondo de la tabla global. Contrastan con los casos de Costa Rica (10), Uruguay (20) y Chile (38), ubicados entre los primeros puestos de ese ranking. La Argentina figura de mitad de tabla hacia arriba, en el puesto 52.

Detengámonos en los peores casos de la región. Que la isla de Cuba sea el lugar más difícil para el libre ejercicio del periodismo no es ninguna novedad. La dictadura castrista ha hecho estragos en materia de derechos humanos. Y la prensa ha sido una de sus principales víctimas. Veremos qué sucede de ahora en más con el histórico cambio de mando que representa la llegada al poder de Miguel Díaz-Canel. Es probable que se inicie una tendencia hacia una mayor apertura y moderación. Pero no hay razones concretas para ser optimistas en materia de libertad de prensa.

México, en tanto, es uno de los lugares más mortíferos del mundo para la prensa. En 2017, al menos once periodistas fueron asesinados a manos de sicarios ligados al narcotráfico. En algunos casos, los periodistas fueron ejecutados por encargo de políticos de turno que son piezas centrales del entramado mafioso. El saliente presidente Enrique Peña Nieto ha fracasado en su estrategia de guerra contra el flagelo del narcotráfico. Sin dudas, ese ha sido un factor clave para que el oficialismo actualmente cuente con escasas chances de retener el poder en las elecciones presidenciales del próximo 1º de julio.

Respecto a Venezuela, desde sus inicios, la dictadura de Nicolás Maduro ha desplegado una persecución sistemática y despiadada contra la prensa. Dando continuidad a las políticas de su antecesor Hugo Chávez, Maduro ha ido escalando los ataques a la oposición y a la prensa independiente, al compás del desesperante agravamiento de la crisis económica y social.

La dictadura venezolana ha llegado al punto de atacar con grupos armados las sedes de algunos medios, como el periódico El Nacional. Por causa del miedo y la desprotección, la mayoría de los periodistas ha huido del país o bien comenzado a practicar la autocensura. Con elecciones presidenciales ficticias a realizarse en las próximas semanas, la debacle venezolana pareciera no tener fin. En ese lúgubre contexto, desde ya que no hay ningún lugar para la prensa libre.

Menos grave pareciera presentarse el caso de Colombia, con una democracia cada vez más consolidada. De todas formas, el reciente asesinato de tres periodistas del diario ecuatoriano El Comercio volvió a sembrar preocupación acerca del frágil proceso de paz y la altamente vulnerable situación de la prensa en el país caribeño. Todo indica que las víctimas habrían sido secuestradas y ejecutadas por una facción de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En Colombia aún hay vastas porciones del territorio en las cuales la prensa no cuenta con garantías estatales de seguridad para ejercer sus tareas.

Para concluir, los argentinos y la mayor parte de los latinoamericanos hoy podemos celebrar la vigencia de la libertad de prensa. Se trata de un derecho fundamental de la vida democrática, que a esta altura puede parecernos una obviedad tenerlo. Pero no es así. Jamás cometamos el error de olvidar las tantas veces de nuestra historia en las cuales la prensa libre fue abolida o bien estuvo bajo seria amenaza. De la misma forma, tampoco olvidemos en este día la difícil situación que por estas horas atraviesan los periodistas independientes en algunos países de nuestro vecindario.

El autor es doctorando en Estudios Internacionales (UTDT). Master of China Studies (Zhejiang University) y magíster en Políticas Públicas (Flacso). Politólogo y docente universitario (UCA). Director de Diagnóstico Político.