
Marian Moretti atraviesa la escena teatral y audiovisual con una mirada afilada sobre la ironía y el humor en el arte. Reconocida por su trabajo en comedia y su presencia en series, la actriz protagoniza durante mayo la comedia ¡Morite, Beba! en el teatro Picadilly, bajo la dirección de Gabriel Villalba. Junto a ella, actúan Julián Pucheta y Marco Gianoli en un espectáculo que aborda vínculos, deseos postergados y el contraste entre la vida y la muerte desde la inteligencia y el ingenio.
Moretti, que participó en series como División Palermo y El amor después del amor, hoy graba una producción de Underground y Netflix junto a Carla Peterson y Luciano Castro. En su recorrido profesional, aunque no se excluyente, su historia como mujer trans está marcada por la insistencia de la autogestión y el impulso por abrir caminos de diversidad en el arte y en la vida.
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El desafío de interpretar ¡Morite, Beba!
— ¿Qué te atrajo de esta obra y cómo construiste el personaje?
— Mira, la obra yo la estaba leyendo y apenas empecé me pareció espectacular el tema, porque es original. Es algo que no está muy tratado y el abordaje de la comedia con profundidad me resultó superatractivo, porque habla de los vínculos, de los deseos no concretados y de la muerte. El personaje se fue armando con la dirección de Gabi Villalba y junto a Julián y Gianoli, mis compañeros, nos planteamos cómo sería esa Beba de ochenta años: nos apoyamos en el imaginario, pero también en ejemplos cercanos, como mi mamá, que tiene ochenta y sigue activa. Al final, decidimos mostrar el agotamiento y la vida no tan bien vivida, jugando con ese contraste.
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— En la comedia, la muerte es un tema central. ¿Cómo te conectás con eso?
— Con el tiempo, dejé de tenerle miedo a la muerte. Siento que es una cuestión de planos que se cruzan: estamos aquí, y también están los seres queridos que cambiaron de plano, no desaparecen. No le tengo miedo a la muerte, sí tal vez al sufrimiento. La obra habla de eso también, de la vida cotidiana ante la muerte; mi personaje atraviesa la negación y eso resulta interesante, porque Beba murió, pero no lo sabe.
— Estás spoileando la trama...
— No, no siento que sea un spoiler, porque es una pregunta que nos hacemos todos: ¿quién nos vendría a buscar si muriéramos? Pensamos mucho cómo contar esto. Toda la obra gira en torno a si las amigas de Beba logran llevarla a la vida eterna; es como ir a ver Titanic, ya sabés lo que pasa, el interés está en cómo se resuelve.
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— ¿Creés que existe algo más allá de la muerte?
— Sí, estoy convencida de que no desaparecemos. Algo queda: somos espíritu en este plano y, después, somos alma. Investigué mucho sobre parapsicología y ciencia para la obra y creo que hay algo comprobado que va más allá, aunque no sabría explicarlo en detalle. Me resulta fascinante y divertido.

Perspectiva sobre la identidad y los estereotipos en el arte
— Sobre tu pertenencia a la comunidad trans y los estereotipos en el arte, ¿cómo lo vivís?
— Los estereotipos siguen estando. Me doy cuenta porque la pregunta sobre identidad siempre surge porque soy trans, mientras que a una persona heterocis sólo le preguntan sobre su carrera y logros. No se cuestiona, no se pregunta, no se indaga sobre su identidad. Ni siquiera las y los heterosexuales se cuestionan su identidad.
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—Es cierto lo que decís.
—No es que me ofenda ni esté incómoda, si no, no la respondería. Pero sí llamo a la reflexión a esto. Pero creo, volviendo a la pregunta, que hay roles que todavía se nos deben. En mi caso, los roles que hago me divierten y no buscan remarcar la identidad de género: en ¡Morite, Beba!, no se resalta ese aspecto, el personaje podría tener cualquier identidad. Pero muchos proyectos todavía reproducen estereotipos en vez de romperlos; a mí, a veces, la gente me recuerda que soy trans, aunque para mí es sólo un ingrediente más.
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— ¿Sentís que hay limitantes en la oferta de roles para actrices trans?
— No creo que haya limitantes, aunque acceder a diversidad de papeles depende también de que se den oportunidades y que una se anime. Me manejé mucho con la autogestión, haciendo unipersonales, y cuando surge la ficción audiovisual, decido si la identidad trans es relevante para la historia.
La actriz Marian Moretti y el video que se viralizó por su enfoque en preguntas que nunca son dirigidas a heterosexuales y sí les hacen a trans
— A propósito de lo que mencionabas antes, hiciste un video que se hizo muy viral, donde enumerabas preguntas a heterosexuales...
— Si, son las preguntas absurdas que nos hacen a las personas trans y me pregunté: ¿qué pasaría si se las hicieran a los heterosexuales? Mucha gente no soportaría ni una de esas preguntas bajo el pretexto de “querer aprender”. No suelo recibir mucho odio en redes, pero sí noté resistencia y desconocimiento cuando lo hice.
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— El humor aparece siempre en tu vida y en tu arte. ¿Qué lugar ocupa para vos?
— El humor es mi forma de relacionarme con los demás. No es impostado; me sería imposible hacerlo sin haber procesado antes lo que me dolió. Para mí, el humor exige inteligencia emocional y la ironía eleva el chiste a otra dimensión.
— ¿Tuviste referentes dentro del universo trans que te marcaran?
— Siempre me llamaron la atención figuras como Cris Miró y Bibi Andersen, más por su atrevimiento que por sentirlas referentes. Pero mi gran referente fue al ver a Norma Aleandro en teatro. Y ahí quedé como: “Ah, es esto inalcanzable”. Y ella cuando terminó nos saludó, yo le pedí que me firmara el programa, porque no había selfies. Me firmó, le dije que era estudiante de teatro y me dijo: “Ojalá compartamos algún escenario juntas”. Hoy, compartiendo trabajos con gente talentosa, veo que aquel deseo no era tan lejano.
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Trayectoria y el camino de la transición
— ¿Cómo comenzó tu interés por la actuación?
— Empecé a los quince años porque en la secundaria faltaba alguien para actuar en una obra y, sin saber quién, me nombraron. No era desenvuelta: al contrario, fui muy vergonzosa y sufría bullying, pero el teatro fue un refugio. Descubrí el poder de provocar risa y emoción, de manejar la situación en escena; eso me rescató, junto con el humor.
— ¿De qué manera tuviste que enfrentar el bullying en tu etapa escolar?
— Fueron tiempos difíciles, no había mucha información ni había refugio. Ahora tal vez sigue sin haberlo, pero al menos existe mayor acceso a información. La hostilidad en la escuela era evidente, el teatro y el humor me ayudaron mucho a sobrellevarlo.
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— ¿Cómo transitaste el proceso de transición en lo personal y profesional?
— Fue durante la escuela de teatro, con Raúl Serrano. En plena transición, le planteé mi inquietud sobre los personajes que podría interpretar. Me dijo: “Usted es versátil en la actuación, podrá hacer el personaje que quiera, así que adelante.” Eso me liberó; empecé a interpretar mujeres y fue maravilloso. El tránsito no fue traumático; fue paulatino, primero conmigo, luego con mi entorno, más tarde físicamente y finalmente de modo integral. Con el tiempo, todo fue encontrando su lugar.
— ¿Hubo aceptación en el entorno familiar?
— No fue tan fácil con la familia, pero logramos acomodarnos. La palabra “aceptar” nunca me gustó; prefiero pensar que lo incorporamos como parte de la vida, algo que trasciende.

Inclusión laboral y experiencias fuera del escenario
— ¿Qué aprendiste en tu experiencia con proyectos de inclusión laboral como Contratá Trans?
— Aprendí muchísimo sobre realidades ajenas y sobre la falta de oportunidades para las personas travestis y trans. Me crié en un entorno de clase media acomodada y transicioné de grande, lo que me permitió acceder a salud y educación. Pero, para muchas personas trans, la exclusión del sistema comienza muy temprano y limita muchísimo.
— ¿Qué observás sobre el empleo y la inclusión de personas trans?
— Hay un talento enorme y diverso que se está perdiendo. Las empresas, tanto en el arte como en la industria o los servicios, no reconocen todavía el potencial de la población travesti-trans. Recomiendo que, al buscar personal, se piense primero en una persona trans; generalmente son quienes menos posibilidades tienen de acceder a su primera experiencia laboral.
— ¿Qué obstáculos enfrenta la comunidad trans en materia de empleo y oportunidades?
— Persiste la exclusión estructural y la invisibilidad. Muchas veces se asocia a la marginalidad y esa no es una opción, sino la única posibilidad de sobrevivir que existe para algunas personas. El desconocimiento y los prejuicios siguen presentes.
— ¿Ves a la sociedad más abierta?
— Hay algo aprendido que no nos van a sacar nunca. Pero también hay algo naturalizado o avalado en cuanto al odio y la violencia ejercida. Peligrosamente avalado.
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