El papa Francisco y la acción política

¿Qué es la acción política?

La búsqueda de votos, la correcta medición de la opinión pública, el impacto simpático de la figura que se propone, sobre el ciudadano, el manejo del arte del discurso destinado a convencer a los demás, el uso eficiente de las técnicas de la comunicación o político es el que es candidato o accede a un cargo público, el que posee un buen olfato de lo que la gente quiere? No. Nada de eso, esos aspectos son como la hiedra que envuelve el árbol y lo oculta sin ser el árbol y mucho menos su esencia. Como la esencia de la aviación no es el saberse los manuales de vuelo, conocer las rutas aéreas, la meteorología, el alfabeto fonético OACI, las normas del transporte o saber como usar los comandos. La esencia de la aviación es la acción del vuelo y la esencia de la acción política es servir. Claro que se puede decir que todos en mayor o menor medida servimos a los otros, lo cual es verdad pero a diferencia de la enfermera, el cura o el dirigente de una asociación vecinal, el político hace de la política su profesión. Y la profesión del político consiste en servir a su pueblo -persiguiendo el bien común y anteponiéndolo a sus intereses particulares -en el ámbito de las instituciones de la res-pública.

¿Qué es la acción política para la Iglesia?

La Iglesia dice: "La política es servicio", un servicio que se presta por "caridad" ya que antepone las necesidades de los otros a las necesidades personales. Una caridad o amor al prójimo incondicional. A cambio de ninguna contraprestación. Claro que puede afirmarse, sin embargo, que el servicio es a cambio del reconocimiento. Veamos un ejemplo, un representante vecinal de mi barrio advierte que me han robado y me ofrece interceder ante la Policía para acelerar la investigación, yo sabiendo que tiene influencia (motivo) acepto su intervención y el me presta ese servicio. En mi aceptación de su intervención se funda el reconocimiento de su autoridad. Por eso dice el papa Francisco no debemos oponer "servicio" a "poder" ya que no se concibe la acción política sin un cierto poder "nadie quiere un poder impotente!" (Mensaje en vídeo del Santo Padre Francisco con motivo del congreso "Encuentro de laicos católicos que asumen responsabilidades políticas al servicio de los pueblos de América Latina" (1-3 diciembre 2017-Bogotá) pero, agrega "el poder debe estar ordenado al servicio para no degenerarse". Siguiendo con el ejemplo imaginemos que este concejal habla con el policía y le ofrece dinero para que encuentre al ladrón. Ocurre que su poder dejó de estar ordenado a servir y se desvió para transformarse en una negociación ilícita, se degeneró.

La palabra "caridad" define la calidad de ese servicio. Se trata de una virtud teologal central para todo católico que dispone: "Amarás al Señor tu Dios… por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo" (para ver la respuesta de Jesucristo ante la pregunta de: "quién es mi prójimo?", véase Lucas 10-29-37).

"Se necesitan dirigentes políticos que vivan con pasión su servicio a los pueblos, que vibren con las fibras íntimas de su ethos y cultura, solidarios con sus sufrimientos y esperanzas; políticos que antepongan el bien común a sus intereses privados, que no se dejen amedrentar por los grandes poderes financieros y mediáticos, que sean competentes y pacientes ante problemas complejos, que estén abiertos a escuchar y aprender en el diálogo democrático, que combinen la búsqueda de la justicia con la misericordia y la reconciliación." (Mensaje del Papa en el lugar citado).

En Latinoamérica no hay líderes políticos y católicos

En el mensaje que comentamos recuerda Francisco que el papa Benedicto XVI señaló con preocupación en su discurso de inauguración de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida «la notable ausencia en el ámbito político […] de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas». Y los Obispos de todo el continente quisieron incorporar esta observación en las conclusiones de Aparecida, hablando de los «discípulos y misioneros en la vida pública» (n. 502).

El Papa nos dice también que no es un cristiano comprometido con el fin de la política, aquel trabajador o colaborador del clérigo que contribuye con la vida parroquial manteniéndose en el campo de la religión. Y ello es así porque la dimensión política de la fe significa que esta ilumina con las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo y las verdades evangélicas plasmadas en la Doctrina de la Iglesia toda la vida social y también la acción política. E implica la participación en la vida de los partidos y en la vida republicana.

Dijo también en el mensaje citado que: "Hay muchos (políticos) que se confiesan católicos —y no nos está permitido juzgar sus conciencias, pero sí sus actos—, que muchas veces ponen de manifiesto una escasa coherencia con las convicciones éticas y religiosas propias del magisterio católico. No sabemos lo que pasa en su conciencia, no podemos juzgarla, pero vemos sus actos".

En Latinoamérica la política perdió la dignidad

Bajo el subtítulo "Rehabilitar la dignidad de la política", el Santo Padre nos dice:

Al mismo tiempo, también estoy seguro que todos sentimos la necesidad de rehabilitar la dignidad de la política.

Si me refiero a América Latina, ¡cómo no observar el descrédito popular que están sufriendo todas las instancias políticas, la crisis de los partidos políticos, la ausencia de debates políticos de altura que apunten a proyectos y estrategias nacionales y latinoamericanas que vayan más allá de las políticas de cabotaje! Además, con frecuencia el diálogo abierto y respetuoso que busca las convergencias
posibles con frecuencia se sustituye por esas ráfagas de acusaciones recíprocas y recaídas demagógicas. Falta también la formación y el recambio de nuevas generaciones políticas. Por eso los pueblos miran de lejos y critican a los políticos y los ven como corporación de profesionales que tienen sus propios intereses o los denuncian airados, a veces sin las necesarias distinciones, como teñidos de corrupción.

Cristianos fingidos y cristianos corruptos

Y en su mensaje del miércoles 28 de marzo en la Audiencia Pública habló de los cristianos corruptos y de los cristianos fingidos. En ocasión de la Pascua dijo que todos los cristianos somos pecadores pero no corruptos. Somos pecadores y nos arrepentimos de nuestras faltas y renovamos nuestro compromiso y Dios nos perdona. "El corrupto -dice textualmente el papa -finge ser una persona honrada, pero en el fondo de su corazón hay podredumbre". Tras llamar a pensar en "los cristianos mafiosos" afirmó: "Estos de cristianos no tienen nada: se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma".

Jesucristo como modelo del político católico

"Se podría afirmar -dice Francisco -que el servicio de Jesús —que vino a servir y no a ser servido— y el servicio que el Señor exige de sus apóstoles y discípulos es analógicamente el tipo de servicio que se pide a los políticos. Es un servicio de sacrificio y entrega, al punto tal que a veces se puede considerar a los políticos como "mártires" de causas para el bien común de sus naciones."

En este punto nos parece oportuno recordar a Jesús cuando dijo a sus apóstoles: "Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas. Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas. A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.

El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir. Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.

Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre." (Mt 10,16-23)".

El bien común

El Concilio Vaticano II definió el bien común, de acuerdo con el patrimonio de la Doctrina Social de la Iglesia, como «el conjunto de aquellas condiciones de vida social con las cuales los hombres, las familias y las asociaciones pueden lograr con mayor plenitud y facilidad su propia perfección» (Gaudium et spes, n. 74).

Para el logro del bien común el católico debe tener presente la opción preferencial por los pobres como vector de su actividad política, reconociendo que pueblo somos todos los segmentos sociales, pero el "núcleo central" de nuestro compromiso está en la periferia.

Así como para el piloto lo esencial es el volar, para el político es el estar en la realidad y hacerla suya, apropiándose de la realidad, aprehendiéndola desde sus sentidos e inteligencia, y luego, discerniendo junto al pueblo cómo se logra el bien máximo de todos para pasar a la acción, teniendo siempre presente que "la realidad es superior a la idea".

El político unidimensional

Como vemos este político esencial es algo más que el "barra" o un "ágil puntero" que cobra por lo que hace, algo más que el chico avispado y simpático que enseguida se hace cargo de todo, mucho más que el joven convincente y dispuesto a hablar, del aspirante a un cargo rodeado de privilegios, del que se coloca por arriba de sus semejantes, no puede ser el gestor de intereses económicos que pugnan contra los intereses del pueblo.

Aquel político esencial, capaz de dedicar la vida sin desviaciones a una causa justa es el que, a mi modo de ver, en las primeras décadas del siglo XXI, debe encontrar, por fin, su definición, depurado de tantas confusiones, vicios, mercantilismo y ambiciones personales.

Si para ocupar cargos públicos, vamos a perpetuar el modelo del político unidimensional, dependiente de los grupos económicos y del mundo de los negocios, guiado por encuestadores y comunicadores sociales, que invocan el "bien común" pero anteponen el "interés particular", vamos -desde el plano moral o religioso -por la ruta equivocada. Este camino, tan trillado, y ya superado en muchos países que tienen una dirigencia honesta puede ser eficiente para los intereses personales de los aspirantes a politiqueros, pero nos conducirá inexorablemente a gestiones desviadas cada vez más alejadas del pueblo y propensas a caer en la corrupción, cualquiera sea su ideología.

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