Con la apertura al debate en el Congreso Nacional del proyecto de interrupción voluntaria del embarazo impulsado por la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito, con la firma de 71 diputados, encabezados por Victoria Donda, se ha instalado en la agenda pública no solo la discusión acerca del aborto, sino que se empieza a hablar más de la educación sexual integral. Ya era hora, porque en 2018 la ESI o ley 26150 cumple 12 años de su sanción.

Incansablemente, quienes desde el feminismo impulsamos el aborto legal decimos que es una deuda de la democracia y una causa de justicia social, porque desde 1983 hay más de tres mil mujeres muertas y al menos 70 mil internaciones con secuelas para la salud por abortos clandestinos. Medio millón de abortos al año se realizan en nuestro país y todas las mujeres sufrimos los abortos inseguros, pero son las más jóvenes y las más pobres las que realizan esta práctica en las peores condiciones sanitarias y pierden la vida en el intento.

La Campaña por el Aborto Legal tiene por consigna: "Educación sexual integral para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir". Los países desarrollados, e inclusive otros más cercanos a nuestra realidad, como Uruguay, al aplicar como política pública integral la educación sexual y el acceso gratuito a los métodos anticonceptivos, junto a la legalización del aborto y su práctica hospitalaria, lograron no solamente disminuir la muerte de mujeres gestantes, sino bajar el número de abortos que se realizan.

Nadie desea el aborto, hoy se discute si es legal o clandestino para que no mueran mujeres. La educación sexual integral y la provisión de anticonceptivos gratuitos en los centros de salud son políticas públicas indispensables para vivir mejor nuestras sexualidades y evitar los abortos.

En el acto de apertura de sesiones en el Congreso Nacional, el presidente Mauricio Macri planteó abrir el debate acerca de una ley de aborto, sobre la cual se posicionó en contra, al igual que la mayoría de su gabinete de ministros y legisladores. Las encuestas de estos días dicen que en la zona metropolitana un 57,7% de la población está a favor de despenalizar el aborto, y entre los menores de 40 años la cifra asciende al 65 por ciento.

El Presidente también habló en su discurso de la educación sexual como herramienta para empoderar a los jóvenes. A las feministas, y en particular a quienes somos educadoras, nos encanta que se hable de la ESI. Estamos muy de acuerdo en que la educación sexual es indispensable para evitar embarazos no deseados. En la Argentina, cada tres horas una niña de entre 10 y 14 años es madre, son 8 niñas por día y 2787 al año. La mayoría de ellas accede al sistema de salud al momento del parto, deja la escuela, vive en hogares con necesidades básicas insatisfechas, y su embarazo es producto de un abuso o una  violación por parte de un hombre de su familia o cercanía.

En estos casos en los que el aborto es legal, por falta de información de las víctimas o por trabas en la Justicia y el sistema de salud pública, casi nunca se garantiza el acceso al aborto no punible.

En cuanto a las adolescentes, al menos el 15% de los partos en nuestro país son de chicas menores de 19 años. Son 108.912 embarazos anuales de adolescentes, según el informe de Unicef que recomienda la urgente aplicación de la educación sexual integral. En su mayor parte se trata de embarazos no deseados y, en muchos casos, producto de abusos sobre los cuerpos soberanos de niñas y adolescentes, nuestras pequeñas mujeres.

En 2016, a 10 años de la sanción de la ley nacional de educación sexual integral, nº 26150, y de su par en la Ciudad de Buenos Aires, nº 2110, coordiné una encuesta a jóvenes de entre 18 y 25 años sobre la aplicación de la ESI en su escolaridad secundaria con el Instituto de Investigación Isepci y la organización feminista Mumala. Los resultados indican que en las escuelas secundarias de la Ciudad de Buenos Aires un 31%, uno de cada tres estudiantes, no recibió ESI, y que quienes sí tuvieron ESI solo lo hicieron dos horas al año.

Otros datos significativos de la encuesta señalan que la mayoría de los jóvenes recibieron contenidos de ESI sobre el aparato reproductivo, métodos anticonceptivos y enfermedades de transmisión sexual en clases de biología o educación para la salud. En un 82% no se trataron contenidos de ESI de prevención de violencia para el #NiUnaMenos, y en un 89% no se trabajó en prevención de abuso y acoso.

La ESI no se aplica o se aplica muy poco, por lo cual, aunque prime un paradigma biologicista para abordar solo contenidos de prevención de embarazo y enfermedades de transmisión sexual, su tratamiento es muy insuficiente. Eso explica que hayan aumentado en el país no solo los embarazos de menores de 19 años, sino los casos de contagio de sífilis y HIV por la disminución del uso del preservativo, a contramano de la tendencia mundial que informa la Organización Mundial de la Salud.

La ESI debería aplicarse en todas las escuelas del país, estatales y privadas, desde el nivel inicial hasta el terciario. Su carácter integral permite abordar de modo transversal, en las distintas asignaturas, contenidos como prevención de acoso y abuso desde edades tempranas, prevención de violencia contra las mujeres para el #NiUnaMenos desde los primeros noviazgos, cuando en la Argentina una mujer a diario es víctima de femicidio.

Con la educación sexual integral aprendemos a respetar la diversidad sexual, a promover la igualdad de trato y oportunidades entre varones y mujeres, a construir relaciones más libres e igualitarias, a cuidar nuestra salud psico-físico-social y a disfrutar nuestro deseo. Cuando no se aplica la ESI, se reproduce en la escuela, y luego en todos lados, el currículum oculto que sigue reforzando estereotipos acerca de los roles que ocupamos varones y mujeres en el espacio público, y en las tareas domésticas y de la crianza en la sociedad. Cuando en los juegos las muñecas son para nenas y los autitos para nenes, o son ellos los que ocupan todo el lugar en el patio, seguimos educando para que las mujeres naturalicemos que el trabajo no remunerado en el hogar es cosa nuestra y para que los varones tengan trabajos mejor remunerados y ocupen los puestos jerárquicos. Cuando maestros y profesores no revisamos críticamente nuestros paradigmas en espacios de capacitación, reflexión y elaboración de proyectos pedagógicos institucionales con ESI, educamos en y para continuar el machismo.

La educación sexual integral en las escuelas puede aplicarse si se la prioriza como política educativa, se destina presupuesto para formación docente y materiales. Solamente 4,5% de los docentes fueron capacitados en 12 años, y en los últimos dos años inclusive descendieron de 16 mil a 2 mil los postítulos de formación docente, mientras los materiales de ESI entregados a las escuelas se redujeron de 800 mil a 40 mil. Por eso, es central que los gobiernos no solo digan que la ESI es importante, sino que hagan lo que dicen garantizando su aplicación.

El año pasado fueron los estudiantes secundarios quienes reclamaron que se aplique la ESI y exista en las escuelas un protocolo de actuación para casos de violencia de género en la Ciudad de Buenos Aires. Cuando en la agenda pública están cada vez más presentes las reivindicaciones del movimiento feminista y de diversidad sexual por los derechos y la igualdad, la educación sexual integral es una herramienta estratégica para avanzar en el cambio cultural, y son los propios alumnos quienes la reclaman.

Este 8 de marzo fuimos cientos de miles de mujeres en las calles de todo el país, pero a la masividad de la movilización contra el acoso y la violencia contra las mujeres, por ESI y aborto legal, por igualdad económica, entre otras reivindicaciones feministas, se suma un dato central: la marea verde y violeta tenía un enorme componente juvenil. La movilización del #8M estuvo llena de pibas muy jóvenes, también de algunos pibes. Estas adolescentes que pueblan de una nueva energía y alborotan al feminismo son la prueba de que el cambio cultural está en marcha. La ESI es clave para acompañar este tiempo, para Decidir con mayúscula. ESI para decidir con toda libertad nuestra maternidad o paternidad como parte de un proyecto de vida. ESI para decidir y hacer posible una sociedad con relaciones más humanas, libres e igualitarias.

La autora es educadora y feminista, maestra y profesora en Letras. Integrante del Parlamento de Mujeres de la Legislatura porteña y del Frente por la ESI. Directora de proyectos del Consejo Económico y Social. Dirigente de Libres del Sur.