
La sorprendente elección norteamericana del martes pasado paralizó al mundo con un resultado insospechado, el republicano Donald Trump fue electo presidente de los Estados Unidos.
Inmediatamente empezaron los análisis explicativos de las causas de la victoria de Trump o la derrota de Hillary y a configurarse radiografías de las realidades o ficciones que llevaron a los Estados Unidos a elegir a Trump como el "45".
Entre las realidades que a veces subyacen debajo del show (rojo o azul) apareció el mapa de un país gigantesco, complejo socialmente, multirracial pero fragmentado entre personas que viven realidades económicas muy diferentes.
Algunos indicios de esto ya se perfilaban incluso desde la elección del 2000 cuando Al Gore perdió con George Bush, los habitantes de las costas integrados a la globalización, competitivos, educados, multiétnicos, con trabajos en sector de servicios vs. los habitantes del centro del país, mucho menos globalizados, nacionalistas apegados a las tradiciones y trabajadores rurales o de manufacturas. Los primeros son azules y los segundos rojos, salvo en los "key states", estados clave como Florida y Ohio, donde conviven las dos realidades y que, en la cabeza de los estrategas de los dos partidos, son los necesarios para vencer en una elección nacional.
Pero en esta elección se presentó una anomalía muy relevante para los azules demócratas. Los estados del midwest, también conocidos como Rust Belt States (Estados del Cinturón Oxidado), que con sus más y sus menos han sido tradicionalmente demócratas, como Pennsylvania, Michigan y Wisconsin y que con 46 votos electorales hubiesen cambiado el resultado de la elección (aún perdiendo la Florida y Ohio) votaron a Trump.
Los demócratas no perdían una elección presidencial en Pennsylvania desde 1988 y Obama ganó en los tres en 2012, y como los analistas proyectaban una victoria de Hillary en los tres el interrogante sobre por qué votaron al republicano va a ser seguramente materia de mucha investigación. De todos modos, ya se puede esbozar algún análisis.
Los tres Estados han registrado desde 1980 problemas económicos prácticamente por la misma razón: el cierre de las fábricas de manufacturas (productores de bienes) en todos los niveles (Pymes, grandes empresas, etc.), especialmente en los más industriales como Pennsylvania (con la ciudad del acero Pittsburgh) y Michigan (con Detroit cuna automotriz), sufrieron el embate de la globalización expresado en la pérdida de puestos de trabajo que sencillamente dejaron de existir dentro de Estados Unidos (se mudó a Asia generalmente) y no se generaron sustitutos de la misma calidad para trabajadores que se vieron en el desafío de aprender otro trabajo.
En consecuencia, se promovió la reconversión de los trabajadores para orientarlos al sector servicios y tecnología (aunque muchos fueron a la construcción) con procesos nada sencillos y con resultados inciertos, y aunque tuvieron cierto éxito, los tres estados, incluido Wisconsin (más agroindustrial), han perdido bienestar económico, particularmente desde la crisis del 2008 y su posterior recesión que no han podido recuperar un ritmo de crecimiento que resuelva el gran problema de empleo y sus devastadoras consecuencias.
En otra palabra el daño al aparato industrial y sus trabajadores fue mucho más rápido que el proceso de reinsertar a dichos trabajadores en empleos con remuneraciones equivalentes o mejores, y el disgusto del sector afectado se vio representado en las propuestas del candidato Trump.
Solo para apuntalar la relevancia del tema hay diversos trabajos de investigación (ver NBER National Bureau of Economic Research) que ejemplifican que hubo una gran y constante declinación del empleo en el sector productor de bienes, desde el 2000 al 2015; y las tasas de empleo de las personas entre 21 y 54 años sin educación superior cayeron un 2 % desde 2000 a 2007, un 7 % de 2007 a 2010 y, para el cierre del 2015, estaban debajo en un 7 % de lo que estuvo en el 2000. La economía estadounidense perdió en el sector productor de bienes 3,5 millones de trabajos entre 2000 y 2007, más otros dos millones entre 2007 -10 y para el 2015 había 5,5 millones de trabajos menos en manufactura que en el 2000. La baja de empleo en el sector manufactura, en los años citados, fue tres veces superior a la registrada entre los años 1980 y 1990. De los estados que hablamos la ciudad de Detroit es una de las que perdió empleo de este tipo, gradual, pero ininterrumpidamente en el periodo citado.
Y nosotros, los argentinos, solemos recordar como un primer hito de la destrucción industrial y de los empleos industriales el plan de Martínez de Hoz de la dictadura del 76, que luego por inercia, ideología o desidia se fue perpetuando en varias regiones de nuestro país pero, fundamentalmente, debilitó el triángulo industrial de Argentina (desplegado principalmente entre GBA, Rosario y Córdoba), que tomo cuarenta años construir (capitaneado por el Peronismo al principio pero continuado por Frondizi y Illia y algunos gobiernos peronistas) y que probablemente haya contribuido a que en 1974 el país solo registraba un 5 % de pobres contra los pavorosos números de ahora.
El hecho es que la Argentina hoy tiene una industria vulnerable y trabajadores vulnerables y no aparece en el horizonte una recuperación tan dinámica (fuerte y rápida) y profunda que reconstruya esa industria o la sustituya y permita sostener el empleo actual (o mejorarlo), sobre todo si se marcha hacía una "ancha avenida globalizadora" que permita destruir industrias y empleos considerados poco competitivos bajo el supuesto que serán sustituidos rápidamente por la dinámica del capitalismo.
Aquí hay un gran tema para debatir y posiblemente la oportunidad se presente cuando Gobierno dé a conocer su Plan Productivo Nacional. Y tiene que ver con no solo cómo hacemos productiva nuestra industria para competir con el mundo sino con cómo cuidamos a nuestros industriales y trabajadores para que se vayan adaptando a este mundo, a veces lleno de oportunidades pero con grandes peligros que pagan mayormente los más débiles de la sociedad como lo demuestra el caso americano.
Pero como los pueblos hablan con los votos no debemos sorprendernos de que el Partido Demócrata Norteamericano, que afrontó con éxito la crisis del 2008 y lleva más de 80 meses de recuperación ininterrumpida, haya perdido la elección porque no resolvió el gran problema que la globalización presenta a los países: que todos los que están arriba del barco (los de los camarotes de arriba y los de abajo) tengan oportunidad de desarrollarse y vivir mejor.
(El autor fue vicepresidente de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia hasta 2015, e investigador senior sobre "Ganadores y perdedores de la Globalización", Foundation for Economic Education. Nueva York).
Últimas Noticias
Se sortea la Copa Libertadores: Boca Juniors integrará el Grupo D
Hay máxima expectativa en la ceremonia en Paraguay para conocer cómo se conformará las zonas de la competición

Qatar alertó sobre una caída del 17% en sus exportaciones de gas tras los ataques de Irán contra su infraestructura energética
La estatal QatarEnergy informó que los ataques dañaron las líneas de producción 4 y 6 en Ras Laffan y provocarán pérdidas cercanas a los 20.000 millones de dólares anuales

Sorteo de la Copa Libertadores 2026 EN VIVO HOY: Universitario, Sporting Cristal y Cusco FC conocerán a sus rivales en fase de grupos
Tres equipos peruanos volverán a participar en esta etapa del certamen continental, con el objetivo de clasificar a octavos de final. Sigue todas las incidencias

Cupón Diario de la Once: resultados del sorteo del jueves 19 de marzo de 2026
Esta lotería cuenta con una larga lista de premios en efectivo. El mayor asciende hasta los 500 mil euros

Paradojas de la vida: los chicos van a clases, pero 1 de cada 3 padres en Perú hace la ‘tarea’ de buscar opciones de colegios por internet
Los padres en Perú siguen priorizando las recomendaciones personales pese al avance digital, según IBOPE. Sin embargo, las universidades no están teniendo piedad

