
El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo lleva 19 años consecutivos en el poder en Nicaragua desde el regreso del dictador Daniel Ortega a la presidencia en 2007. Esa permanencia lo ubica como el segundo mandatario con más tiempo en el cargo en América Latina durante el último medio siglo, solo por detrás de Fidel Castro en Cuba.
La reforma constitucional aprobada por el oficialismo extendió de cinco a siete años cada período presidencial. Con esa modificación, Nicaragua pasaría a tener el mandato presidencial más largo de América Latina.
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La información fue publicada por Diario La Prensa, que indicó que Ortega y la copresidenta Rosario Murillo podrían asumir en 2036 otro ciclo de siete años. Esa posibilidad llevaría a casi 30 años la permanencia de ambos al mando del país.
Nicaragua pasó de mandatos de cinco años a períodos de siete
Antes de la reforma constitucional de 2025, Nicaragua formaba parte del grupo de países latinoamericanos con períodos presidenciales de cinco años. Cuba, Bolivia, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay tenían la misma duración.
El Centro de Estudios Multidisciplinarios de Relaciones Internacionales (CEMERI) publicó un análisis en 2022 y lo actualizó un año después. El estudio señaló que la mayoría de los países de la región conserva mandatos de entre cuatro y seis años.
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Diario La Prensa recordó que México y Venezuela fueron históricamente las únicas naciones latinoamericanas con períodos de seis años. La reforma nicaragüense superó ese plazo y se apartó de la tendencia predominante en el continente.
La modificación se suma a la estructura política que el régimen consolidó cuando Ortega nombró a Murillo, su esposa, como “copresidenta”. Ambos ocupan la conducción formal del Estado nicaragüense.

La reforma redujo la frecuencia de las elecciones
La ampliación del período presidencial no se limita a un cambio de calendario. La nueva norma reduce la frecuencia de las elecciones y excluye de la competencia política a las personas a las que el oficialismo considera “traidores de la patria”.
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Esa exclusión elimina las condiciones para que existan elecciones competitivas. Los cuestionamientos se concentran en la falta de mecanismos que permitan disputar y reemplazar al poder mediante procesos democráticos.
El exaspirante presidencial opositor nicaragüense Juan Sebastián Chamorro y el politólogo nicaragüense desterrado Félix Maradiaga consideran que la medida refuerza el control de la familia Ortega-Murillo sobre las instituciones estatales.
Entre las críticas aparece la definición de que el cambio implica “prolongar el secuestro del Estado”. Para sus detractores, la reforma representa una advertencia regional sobre los riesgos de desmantelar los mecanismos democráticos.
Maradiaga puso el foco en la posibilidad de sustituir al gobierno
Félix Maradiaga sostuvo que el debate no debe limitarse a si un mandato presidencial dura cuatro, seis o siete años. El politólogo centró su cuestionamiento en la posibilidad de que la ciudadanía pueda reemplazar a quienes gobiernan.
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“El problema fundamental no es si un presidente gobierna cuatro, seis o siete años: es si los ciudadanos pueden sustituirlo mediante elecciones libres”, afirmó Maradiaga ante Diario La Prensa.

El dirigente desterrado advirtió que la reforma representa un nuevo nivel de concentración de poder. También señaló que disminuye la cantidad de procesos electorales sin señales de apertura democrática.
Chamorro atribuyó la extensión a una estrategia política
Juan Sebastián Chamorro afirmó que la ampliación responde a una estrategia política y no a una necesidad institucional. El opositor vinculó el próximo período con el final de la administración de Donald Trump en Estados Unidos.
“Esta es una movida estrictamente táctica de simplemente alargar el período para coincidir con el final de la administración Trump”, dijo Chamorro a la publicación.
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El exaspirante presidencial añadió que no interpreta la reforma como una herramienta para aumentar el poder ya concentrado por el régimen. “Lo veo más como una estrategia política que como algo que vaya a consolidar más poder”, sostuvo ante el medio.
Chamorro comparó el caso nicaragüense con la alternancia que atravesó a gran parte de América Latina. Según su planteo, Cuba y Venezuela son las principales excepciones entre los países de la región.
La continuidad de Ortega contrasta con los recambios regionales
Argentina tuvo los gobiernos de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el expresidente Mauricio Macri, el expresidente Alberto Fernández y el presidente Javier Milei. Brasil pasó por las administraciones del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la expresidenta Dilma Rousseff, el expresidente Michel Temer, el expresidente Jair Bolsonaro y nuevamente Lula da Silva.
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Chile fue gobernado por la expresidenta Michelle Bachelet, el expresidente Sebastián Piñera, el expresidente Gabriel Boric y el actual presidente José Antonio Kast. México, Colombia, Venezuela, Uruguay, Paraguay y los países de Centroamérica también registraron cambios frecuentes de gobierno.
Esas transiciones reflejaron alternancias ideológicas, crisis e inestabilidad política. Perú tuvo ocho presidentes desde 2007, uno de los casos de mayor rotación institucional en la región.
Ortega solo es superado por Fidel Castro en la comparación de los liderazgos presidenciales más prolongados de los últimos 50 años. El dirigente cubano gobernó durante más de tres décadas, mientras que entre las otras figuras de larga permanencia aparecen Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Evo Morales en Bolivia y Lula da Silva en Brasil.
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La OEA pidió presión internacional sobre el régimen
El secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Albert Ramdin, instó a los cancilleres del hemisferio a ejercer una mayor presión internacional sobre el régimen nicaragüense tras la nueva modificación constitucional.
Diario La Prensa informó que el planteo de la OEA se produjo después de la decisión oficialista de volver a reformar la Constitución. El pedido se sumó a las advertencias sobre el deterioro de las condiciones democráticas en Nicaragua.
Ortega tiene 80 años y Murillo, 75. La posibilidad de que ambos asuman en 2036 otro período de siete años consolidaría la continuidad de la pareja al frente del Estado nicaragüense.
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