
Thelma Montenegro Centeno, abogada y productora jinotegana, llegó el miércoles 19 de agosto a la delegación de la Policía de Santa María de Pantasma para realizar un trámite rutinario: renovar su licencia de conducir. Sus familiares denunciaron posteriormente que quedó detenida, liberada el fin de semana, y nuevamente detenida el lunes 24 de agosto.
Thelma es el miembro más reciente de una familia campesina de Jinotega que desde 2018 ha sufrido una cadena de asesinatos, encarcelamientos, amenazas, allanamientos, despidos, clandestinidad y exilio.
Cuatro personas de su núcleo familiar fueron asesinadas durante 2019: sus hermanos Oliver y Edgard Montenegro Centeno; Yalmar Antonio Zeledón Olivas, hijo de crianza de Edgard; y Francisco Luis Blandón Herrera, esposo de Thelma.
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A otros miembros de la familia los encarcelaron y tres de ellos terminaron entre los 222 presos políticos enviados al destierro a Estados Unidos, el 9 de febrero de 2023.
Familia de montaña adentro
La historia de los Montenegro tiene como escenario principal el cerro Kilambé, a unos 200 kilómetros al norte de Managua, una reserva natural que se extiende por los municipios de El Cuá, Wiwilí y San José de Bocay, donde la familia se estableció como productora de café y ganado y donde también desarrolló una larga tradición antisandinista.
Thelma Montenegro es hija de Viviano Montenegro y Ángela Centeno y creció junto a sus hermanos en las propiedades familiares del Kilambé. Además de ejercer como abogada, ha estado vinculada a las actividades agropecuarias de la familia.
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Después de 2018 se convirtió en una de las voces que denunciaban ante la prensa independiente los allanamientos, amenazas, detenciones y asesinatos sufridos por sus parientes. Mientras varios de sus hermanos permanecían escondidos o habían salido de Nicaragua, ella siguió viviendo en Jinotega y hablando públicamente sobre lo que ocurría con la familia.

Durante veinte años estuvo casada con Francisco Luis Blandón Herrera, un productor que provenía de una familia de tradición sandinista y había pertenecido al Ejército en los años ochenta. Esa diferencia política no impidió el matrimonio ni la vida que construyeron juntos. Blandón se dedicaba a actividades productivas y fue asesinado en agosto de 2019, cuando la persecución ya había dejado tres muertos entre los Montenegro.
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Para entonces, Thelma había pasado de denunciar lo ocurrido a sus hermanos y sobrinos a convertirse directamente en víctima. En los años siguientes denunció allanamientos de la finca familiar y la detención de sus sobrinos.
En noviembre de 2020 responsabilizó públicamente a la Policía por lo que pudiera ocurrirle a Dorling Antonio Montenegro Muñoz después de que este fuera capturado en Maleconcito, Wiwilí.
La confrontación política entre los Montenegro y el sandinismo tiene más de cuatro décadas. Viviano Montenegro y Ángela Centeno criaron a sus doce hijos en las montañas de Jinotega. Los hijos ayudaban desde pequeños en las labores agrícolas y, cuando tenían edad para estudiar, eran enviados a la ciudad, Jinotega, capital del departamento del mismo nombre.
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Guerra contra el sandinismo
La guerra de los años ochenta alteró aquella vida campesina. Edgard Montenegro cursaba segundo año de secundaria cuando, según el relato familiar, fue sacado del colegio durante una redada para incorporarlo al Servicio Militar obligatorio. Tenía 17 años, escapó del vehículo en que lo trasladaban y caminó hasta una finca de su padre en La Marañosa, Wiwilí.
Posteriormente se incorporó a la Resistencia Nicaragüense, la guerrilla armada que combatía contra el sandinismo, donde fue conocido con el alias de “Cabezón”. Otros dos hermanos también se sumaron a la Contra.
Edgard trabajó como radiooperador, paramédico y jefe de grupo en el comando regional Salvador Pérez, que operaba entre El Cuá y Pantasma. Luis Fley, uno de los antiguos jefes de la Resistencia, recordó que los tres hermanos ingresaron prácticamente al mismo tiempo y que, terminada la guerra, regresaron a sus propiedades para restablecer los cultivos de café y los potreros que habían quedado abandonados.
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La desmovilización de la Contra en 1990 no modificó la posición política de la familia. Edgard continuó participando en actividades opositoras y en 2004 fue candidato a alcalde de Wiwilí por el Partido de la Resistencia Nicaragüense.
Los Montenegro atribuyen a esa historia antisandinista buena parte del hostigamiento que comenzaron a experimentar nuevamente después del regreso de Daniel Ortega al poder en 2007.
Rebelión de 2018
La ruptura definitiva ocurrió con las protestas iniciadas en abril de 2018. Varios miembros de la familia participaron en marchas y en las barricadas organizadas en Jinotega.
Edgard fue uno de los más activos. Encabezaba manifestaciones, hablaba con micrófono en mano y ayudó a organizar las barricadas (llamados tranques) de El Cuá y Wiwilí. Su hijo de crianza, Yalmar Antonio Zeledón Olivas, también participó en las protestas.
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Cuando el régimen inició las llamadas “operaciones limpieza” para desmontar los tranques, varios hombres de la familia abandonaron sus casas y propiedades. Edgard se escondió durante meses en las montañas cercanas a Jinotega, donde dormía bajo árboles o en una hamaca, se protegía de la lluvia con plástico negro y recibía alimentos mediante una persona de confianza.
Otros hermanos también dejaron sus viviendas y comenzaron a moverse clandestinamente. Según Vivian Montenegro, hija de Edgard, la persecución terminó extendiéndose incluso a familiares que no habían participado en los tranques.
En septiembre de 2018, la Policía acusó a Edgard del asesinato de Héctor Moreno Centeno, conocido como “Pasmado”, ocurrido en la comunidad El Jocote, y lo señaló como dirigente de un grupo de “golpistas”.
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Los Montenegro rechazaron la acusación y sostuvieron que se utilizó para justificar la persecución contra el excontra y su familia. Para entonces, Edgard y varios de sus hermanos ya estaban escondidos y sus propiedades prácticamente abandonadas.
El primer asesinado
El 23 de enero de 2019, Oliver José Montenegro Centeno decidió regresar a trabajar a su finca durante la cosecha de café. Tenía 44 años y, aunque sus hermanos le habían advertido que corría peligro, durante el día atendía sus cultivos y por las noches buscaba dónde esconderse.
Aquella tarde se dirigía montado en una mula a retirar el café recogido por los trabajadores cuando fue atacado. Un joven pariente que lo acompañaba había regresado a la casa porque olvidó un lápiz para llevar las cuentas de la cosecha y escuchó los disparos desde unos cincuenta metros. Según el relato que posteriormente ofreció a la familia, en el ataque participaron más de veinte hombres.
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Oliver recibió numerosos disparos, incluidos impactos en la cabeza que le desfiguraron el rostro. Su madre, Ángela Centeno, entonces de 78 años, fue quien tuvo que recoger el cadáver porque sus hermanos permanecían escondidos.
La familia sostuvo que había policías entre los atacantes y señaló que agentes se encontraban a unos doscientos metros del lugar. Según Enoc Montenegro, el sobreviviente identificó a miembros de la Policía disparando.
Dos semanas después, Edgard y Yalmar concluyeron que ya no podían permanecer en Nicaragua. Cruzaron el río Coco hacia Honduras acompañados por un grupo de campesinos perseguidos procedentes de El Cuá y Wiwilí y se establecieron en fincas de Trojes, departamento hondureño de El Paraíso.

La persecución cruza frontera
En Honduras, Edgard y Yalmar volvieron a trabajar en el campo y ayudaban a otros nicaragüenses que llegaban huyendo de la represión. En mayo de 2019, Edgard apareció en un video vestido de camuflaje y acompañado por varios hombres, en el que llamó abiertamente a organizar una lucha armada contra Ortega. La decisión preocupó a su familia porque lo exponía todavía más.
El 27 de junio de 2019, Edgard y Yalmar subieron a una loma para obtener señal telefónica, una rutina que utilizaban para comunicarse con Nicaragua. Edgard habló con su hija Vivian alrededor de las 6:30 de la tarde. Cuando ambos regresaban en motocicleta hacia la finca fueron emboscados y asesinados en un camino de Trojes.
Los cadáveres fueron repatriados a Nicaragua y llevados hasta Kilambé. Campesinos de la zona esperaron la llegada del vehículo con banderas azul y blanco y cargaron los ataúdes durante unos dos kilómetros hasta la casa familiar. Los hermanos varones no pudieron participar con normalidad en los funerales porque, según la familia, continuaban perseguidos por policías y paramilitares.
Con Edgard y Yalmar, la familia acumulaba tres asesinados en cinco meses. Dos meses después, el siguiente sería el esposo de Thelma.
El asesinato de Francisco Blandón
El 27 de agosto de 2019, Francisco Luis Blandón Herrera, de 53 años, regresaba a su vivienda después de realizar compras en San José de Maleconcito, Wiwilí, cuando fue atacado a tiros por un hombre que se desplazaba en motocicleta. Blandón murió baleado y Thelma quedó viuda después de veinte años de matrimonio.
La familia denunció que los problemas continuaron incluso después del asesinato. Según el relato recogido en el informe sobre el caso, familiares de Blandón identificados con el sandinismo agredieron física y verbalmente a Thelma y a su hija en la morgue. Ambas tuvieron que refugiarse posteriormente en una casa de seguridad.

Entre enero y agosto de 2019 habían sido asesinados Oliver Montenegro, Edgard Montenegro, Yalmar Zeledón y Francisco Blandón. Una investigación de la plataforma Confidencial y CONNECTAS situó esos casos dentro de al menos treinta asesinatos de dirigentes campesinos opositores registrados entre octubre de 2018 y diciembre de 2019 en el norte del país. Entre las características comunes estaban la participación de varios atacantes, el uso de armas de guerra y múltiples disparos contra las víctimas. Según esa investigación, ninguno de esos treinta casos había sido esclarecido por las autoridades.
La muerte de cuatro integrantes del núcleo familiar no puso fin a la persecución. En 2020 las detenciones comenzaron a alcanzar a miembros más jóvenes de los Montenegro.
Oliver Montenegro Muñoz, hijo de uno de los asesinados en 2019, fue encarcelado acusado de homicidio frustrado. El 29 de noviembre de ese mismo año fue capturado su hermano Dorling Antonio Montenegro Muñoz en Maleconcito, Wiwilí.
Horas después de la captura de Dorling, policías entraron durante la madrugada a la propiedad familiar en Kilambé. Según Thelma, unos diez agentes fuertemente armados registraron la vivienda, golpearon a trabajadores y familiares y agredieron incluso al anciano patriarca de la familia.
La Policía dijo buscar armas. Thelma denunció además que los agentes se burlaron de los cuatro familiares asesinados y amenazaron con detenerla a ella y a Enoc Montenegro si no entregaban sus teléfonos.
Dorling fue acusado posteriormente de homicidio en grado de tentativa contra tres policías, tenencia y portación ilegal de armas y obstrucción de funciones. Su abogado denunció que permaneció detenido más allá del plazo legal de 48 horas antes de ser presentado ante un juez.
Otro Montenegro también se encontraba preso y tres miembros de la familia terminaron entre los 222 prisioneros políticos excarcelados y enviados a Estados Unidos en febrero de 2023.
Otros sobrevivientes habían escogido el exilio o la clandestinidad. Enoc Montenegro, ingeniero agrícola, dirigente ganadero y concejal electo por Ciudadanos por la Libertad, tuvo que abandonar su vivienda. Byron Montenegro, quien había combatido en la Contra desde adolescente, pasó meses escondido en las montañas junto con su esposa.
Las propiedades familiares quedaron parcialmente abandonadas y la familia denunció pérdidas de cosechas, ganado y otros bienes.
Thelma desaparecida
Thelma Montenegro permaneció en Nicaragua. Después de haber denunciado durante años los asesinatos, detenciones y allanamientos sufridos por su familia, redujo su exposición pública, pero continuó viviendo en Jinotega.
Su detención ocurre cuando las organizaciones de derechos humanos han advertido sobre un incremento de las desapariciones forzadas de personas consideradas opositoras y sobre períodos prolongados en los que las autoridades niegan información a sus familiares.
“Queremos denunciar que a mi mamá se le detuvo de manera arbitraria por ir a renovar su carnet de conducir. Pasados tres días fue puesta en libertad y, un día después, a las 9:30 de la noche, llegaron a la casa a buscarla porque la llevaban a hablar con Marvin Castro, jefe de la Policía de Jinotega. Sin ninguna orden judicial o causa”, declaró en entrevista con el periodista Miguel Mendoza, Massiel Ruiz Montenegro, hija mayor de Thelma, y quien reside en España.
“Mi mamá no pertenece a ninguna organización que esté en contra del gobierno. En su momento sí alzó la voz por la muerte atroz de sus hermanos y esposo, pero desde hace más de cinco años se ha dedicado al cuidado de sus ancianos padres y a intentar continuar con su vida. Pedimos que la liberen porque para nosotros ha sido demasiado dolor y sufrimiento el que hemos vivido todos estos años”, añadió.
Horas después de su segundo arresto, Thelma Montenegro fue trasladada a Managua. Hasta ahora las autoridades no han informado públicamente qué delito se le atribuye, dónde permanece recluida ni cuál es su situación física. Organizaciones opositoras y de derechos humanos han reclamado información sobre su paradero y responsabilizado al Estado por su integridad.
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