Dictadura usó el aniversario sandinista para reforzar su culto personal y borrar a los históricos en Nicaragua

La celebración oficial giró en torno a Daniel Ortega mientras excomandantes fueron encarcelados, exiliados, desnacionalizados o señalados como “traidores” por el régimen

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ARCHIVO - El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, llegan a la plaza de Juan Pablo II para celebrar el 39 aniversario de la Revolución Sandinista en Managua, Nicaragua, el jueves 19 de julio de 2018. (AP Foto/Cristobal Venegas, Archivo)
ARCHIVO - El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, llegan a la plaza de Juan Pablo II para celebrar el 39 aniversario de la Revolución Sandinista en Managua, Nicaragua, el jueves 19 de julio de 2018. (AP Foto/Cristobal Venegas, Archivo)

La dictadura de Nicaragua usó el 47 aniversario de la revolución sandinista para reforzar el culto a la personalidad de Daniel Ortega y Rosario Murillo y omitir a los demás comandantes históricos del proceso que derrocó a la dinastía Somoza, hoy muertos, encarcelados, desnacionalizados, exiliados o señalados como traidores por oponerse al régimen.

En 1979, la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) estaba integrada por Bayardo Arce, Tomás Borge, Luis Carrión, Carlos Núñez, Daniel Ortega, Humberto Ortega, Henry Ruiz, Víctor Tirado y Jaime Wheelock. Hoy, Daniel Ortega es el único de esos dirigentes que no fue perseguido por el régimen nicaragüense que encabeza.

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El propio Humberto Ortega, hermano del presidente y exgeneral, murió en 2024 bajo arresto domiciliario e incomunicado tras denunciar la deriva dictatorial y dinástica del régimen. Bayardo Arce, antiguo asesor de Ortega, fue condenado por estafa; otros, como Henry Ruiz, siguen bajo detención política. Luis Carrión perdió su nacionalidad y fue forzado al exilio, mientras que Jaime Wheelock y Víctor Tirado quedaron apartados de la vida política. Tomás Borge y Carlos Núñez murieron hace años.

La situación de los antiguos comandantes

La persecución contra los antiguos compañeros de Ortega muestra el carácter excluyente y autocrático del régimen. El poder fue transferido a la esposa de Ortega, Rosario Murillo, convertida en copresidenta mediante una reforma constitucional que institucionalizó la sucesión familiar y la concentración del poder.

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Aniversario de la revolución sandinista pone exalta la figura dictatorial de Ortega. (Foto EFE)
Aniversario de la revolución sandinista pone exalta la figura dictatorial de Ortega. (Foto EFE)

El Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) y analistas como Óscar René Vargas, ahora exiliados, sostienen que Nicaragua ya no es una república, sino una dictadura familiar, donde la institucionalidad responde a los intereses de los Ortega-Murillo. Las leyes y reformas eliminaron la oposición, y la represión se extiende contra la Iglesia Católica y toda voz disidente.

Aislamiento y control interno

Mientras Ortega se aísla internacionalmente, limita sus apariciones públicas y refuerza lazos con China y Rusia. A la vez, el régimen intensifica el control sobre la sociedad nicaragüense.

Las celebraciones oficiales de la revolución sandinista se presentan como un acto centrado en la figura de Ortega y coinciden con la consolidación de una dictadura que reprime, desnacionaliza y silencia a quienes se oponen a la continuidad de una dinastía autoritaria.

El régimen ordenó a trabajadores del Estado asistir al acto del 19 de julio con un acompañante ajeno al oficialismo, una exigencia que, según el medio Divergentes, se suma a la movilización forzada de atletas y a la incertidumbre por una jornada que coincidirá con la final del Mundial de fútbol.

Aniversario de la revolución sandinista pone exalta la figura dictatorial de Ortega. (Foto EFE)
Aniversario de la revolución sandinista pone exalta la figura dictatorial de Ortega. (Foto EFE)

La instrucción obligó a cada empleado público a presentarse al mediodía en su centro de trabajo con una persona previamente registrada en una ficha con nombre completo, número de cédula y teléfono. Entre los funcionarios consultados por la publicación, el malestar se mezcla con el temor a sanciones laborales si no cumplen.

Un trabajador del Ministerio de Salud dijo al medio que la orden “no es opcional” y que, en algunas dependencias, los superiores volvieron a exigir el llenado de las fichas cuando detectaron áreas que no lo habían hecho. Según su relato, algunos empleados anotaron familiares que no trabajan para el Estado y otros recurrieron a vecinos para cubrir el requisito. El mismo funcionario describió el clima interno con una frase que resume la presión de la jornada.

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