
El 13 de julio de 2019, José Francisco García Sobalbarro fue asesinado en Trojes, Honduras, después de haberse exiliado para escapar de la persecución por parte de la Policía y el Ejército del régimen de Nicaragua. Según información recopilada por el Museo de la Memoria Contra la Impunidad, el agricultor de 56 años, exmiembro de la Resistencia Nicaragüense, fue atacado por sujetos armados que irrumpieron en su vivienda tras regresar de trabajar la tierra.
Su muerte representa uno de los casos que simbolizan el impacto de la represión y el exilio forzado que afecta a quienes se han opuesto históricamente a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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De acuerdo con el Museo de la Memoria Contra la Impunidad, José García había dedicado gran parte de su vida a la agricultura y la ganadería, manteniendo una reputación de persona sociable y cercana dentro de su entorno. Su hijo, Adonis García Rivera, afirma que “desde siempre su sueño fue ver una Nicaragua libre”. La familia lo describe como un hombre de trabajo, muy apreciado por vecinos y amigos, y sin antecedentes de enemistades.

Persecución marcan la vida y muerte de un exiliado nicaragüense
Los hechos que rodearon el asesinato ocurrieron de manera violenta. Según declaraciones recogidas por el Museo de la Memoria Contra la Impunidad, esa noche tres individuos armados irrumpieron en la casa en la que José García residía en el municipio de Trojes, departamento de El Paraíso, en el oriente hondureño. El ataque fue directo y premeditado, según explica la entidad, replicando el modus operandi de otros crímenes cometidos en la región contra exiliados de la dictadura de Nicaragua. Su cuerpo fue trasladado posteriormente a Tegucigalpa, donde las autoridades notificaron el hecho a la familia.
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Su historia está marcada por su vinculación con la Resistencia Nicaragüense, conocida como “la contra”, un movimiento que luchó contra el sandinismo en las décadas de 1980 y 1990. En los años siguientes, mantuvo una postura crítica frente a los nuevos episodios de represión en el país centroamericano. En 2018, cuando el régimen intensificó la persecución contra opositores, José García se refugió en Honduras. Su hijo explica que el asedio de la policía y grupos paramilitares lo obligó a abandonar su hogar: “Mi padre quería ver una generación libre de dictadura“.

Al mismo tiempo, su impacto muerte se amplificó por la similitud con el asesinato de Edgard Montenegro, otro opositor nicaragüense exiliado en Honduras que fue ejecutado bajo circunstancias similares. El Museo de la Memoria contra la Impunidad ha documentado ambos casos para ilustrar los riesgos que enfrentan quienes se oponen a la represión estatal y optan por el exilio como única vía de protección.
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“Mi padre no era un criminal, fue conocido como una persona sociable y por lo tanto yo pido que su muerte no quede en la impunidad, pido que se haga justicia”, reclama Adonis García Rivera.
La historia de José García representa el legado de quienes han luchado para que “las nuevas generaciones vivan libres de dictadura” en Nicaragua.
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