Comercio exterior: adaptarse, anticiparse y estar siempre un paso adelante

Desde la negociación con proveedores hasta la gestión del stock, cada decisión puede incidir en los costos, los tiempos de entrega y la continuidad de las operaciones


Facundo Lahorgue es licenciado en comercio internacional y analista senior de compras y comercio exterior (Foto: Movant Connection)
Facundo Lahorgue es licenciado en comercio internacional y analista senior de compras y comercio exterior (Foto: Movant Connection)
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Hablar de comercio exterior es hablar de movimiento y de cambios constantes. Detrás de cada importación o exportación hay mucho más que papeles y logística: hay personas, proveedores, clientes, normas e imprevistos que se gestionan casi al mismo tiempo.

Lo aprendí de los dos lados del mostrador. Empecé en una pyme salteña de consumo masivo, exportando productos de limpieza por camión a Bolivia, Chile y Paraguay. Hoy compro e importo equipamiento para una empresa de telecomunicaciones, con proveedores de Asia, Europa, Medio Oriente y América. En los dos lugares confirmé lo mismo: el comercio exterior es una cadena en la que todos dependen de todos.

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Del proveedor al socio estratégico

Antes, la relación entre comprador y vendedor era un tire y afloje por el precio. Hoy se trata de construir confianza y previsibilidad, porque los dos tienen que ganar.

Como exportador lo viví con un cliente que tenía licitaciones por delante. Su país tuvo problemas para conseguir divisas y los cobros se complicaron. Podríamos haber cortado los envíos; elegimos acompañar, con más plazo para pagar, volúmenes ajustados y un compromiso de pago por escrito. Ellos no se quedaron sin mercadería y nosotros no perdimos al cliente.

Años después, ya como importador, me tocó del otro lado. Habíamos comprado equipamiento muy costoso a un proveedor europeo con el que trabajamos hace años: orden firmada, anticipo pagado, equipos en fabricación. Nuestras necesidades cambiaron y ya no íbamos a usar todo. El proveedor podía exigir lo pactado. En cambio, nos escuchó y llegamos a un acuerdo: nos envió solo lo que íbamos a usar y revendió el resto, aunque le costara más tiempo y dinero.

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Hoy, para que un proveedor sea un socio, le cuento qué proyectos tenemos, planifico las compras a lo largo del año en lugar de hacer pedidos sueltos y construyo un vínculo personal con quien está del otro lado.

En comercio exterior todo está conectado: cuando algo falla o se demora, no se perjudica un solo eslabón, sino toda la cadena (Foto: Shutterstock)
En comercio exterior todo está conectado: cuando algo falla o se demora, no se perjudica un solo eslabón, sino toda la cadena (Foto: Shutterstock)

Estar un paso adelante

En comercio exterior, esperar a que el problema aparezca para buscar una solución sale caro. Anticiparse es analizar cada operación antes de hacerla: cómo están los fletes, si hay un conflicto internacional que afecte las rutas, qué impuestos paga el producto, qué documentos pide cada país. Lleva tiempo, pero evita frenos y costos que nadie había previsto.

Lo aprendí en carne propia. En una compra a China, el puerto previsto para la salida tenía trabas burocráticas y tuvimos que despachar la carga por otro. El flete terminó costando más de lo calculado por una norma del país de origen, no de Argentina.

Un sector que no permite quedarse en la zona de confort

Las normas, los costos logísticos y las herramientas cambian todo el tiempo, y lo que valía hace unos meses hoy puede frenar una carga. Por eso leo el Boletín Oficial y sigo a despachantes, agentes de carga y colegas del rubro, que muchas veces avisan antes que nadie: “en China no hay lugar en los barcos, se vienen subas”. Y la actualización no es solo del trabajador: las empresas también tienen que revisar sus procesos y adaptarse.

Del consumo masivo a los nichos específicos

Pasar del consumo masivo a las telecomunicaciones fue un cambio enorme. En consumo masivo muchos productos se venden por volumen y con márgenes chicos, así que la estrategia era vender un mix: si un cliente pedía un camión completo de un producto de alta rotación, buscábamos sumar algunos pallets de otros más rentables.

En telecomunicaciones, en cambio, una letra o un número distinto en la descripción de un equipo cambia todo el producto y lo vuelve inútil. Conviven materiales de mucho volumen y poco margen, como la fibra óptica, con equipos de alto valor por unidad, y a eso se suman homologaciones y certificaciones de seguridad eléctrica. Importar y exportar comparten herramientas, pero en un nicho la diferencia está en saber cómo moverse.

Un trabajo que no termina cuando acaba la jornada

Cada país tiene su propio huso horario. Cuando en Argentina son las nueve o diez de la noche, en China empieza la jornada; cuando acá arranca la mañana, allá están cerrando. No se trata de estar conectado las 24 horas, sino de conocer los horarios de cada contraparte y saber en qué momentos del día conviene estar atento: dejar las consultas listas antes de que empiecen su jornada y revisar el celular en esas franjas por si surge algo urgente.

Tecnología, distancia e imprevistos

Hoy se puede seguir una carga en tiempo real y compartir documentos al instante. Pero la tecnología no elimina los imprevistos. ¿Qué ocurre cuando aparece un problema a miles de kilómetros de distancia?

En aquel envío desde China, uno de los equipos llegó golpeado y no funcionaba. Como nos habíamos hecho cargo del transporte desde la fábrica y habíamos contratado un seguro, la pérdida quedó cubierta. Lo que se planificó al principio fue lo que nos salvó al final.

Anticiparse también es abastecer

Durante años, con inflación alta, la lógica fue stockearse: la mercadería no perdía valor y el dinero sí. Cuando el contexto cambia, sobreabastecerse deja de convenir, porque inmoviliza plata. Mi regla es tener lo que se necesita y un poquito más: para lo que la empresa usa todos los días, el consumo de un mes y un margen extra, para no quedarse sin stock justo cuando suben las ventas.

En un proyecto minero en la Puna, ese “poquito más” es clave. Cada viaje cuesta muchísimo, así que si se necesita una pieza para levantar una torre, conviene llevar una de repuesto: si se rompe, hay que conseguir otra y volver a subir.

Adaptarse es parte del trabajo

En comercio exterior todo está conectado: cuando algo falla o se demora, no se perjudica un solo eslabón, sino toda la cadena. Por eso, adaptarse no es una tarea adicional, sino parte del trabajo cotidiano. Y quizás ahí esté uno de los mayores desafíos, y también una de las mayores oportunidades, de un sector que nunca deja de moverse.

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