
Margarita García Robayo se alzó con el Premio Herralde de Novela gracias a Querida Sharik, la historia de una mujer del Caribe colombiano que persigue su linaje a través de un test genético hasta los orígenes del comercio de esclavos. El galardón, dotado con 25.000 euros, corresponde a la 44.ª edición del certamen, al que se presentaron 2.223 manuscritos de todo el mundo.
La escritora, nacida en Cartagena de Indias en 1980 y radicada en Buenos Aires, compitió bajo el seudónimo Orika Biohó. Entre los cinco finalistas figuraban también Elevación, de Yael Weiss; En esa tierra extranjera, de Juan Ignacio Chávez; Institución, de A. Brown; y Un vacío que estalla, de Antonio Godoy. El jurado —integrado por el librero Fernando Pelayo, los escritores Marta Sanz y Juan Pablo Villalobos, el editor Gonzalo Pontón Gijón y la editora Silvia Sesé— optó por la obra de García Robayo.
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Querida Sharik arranca con un viaje a una isla caribeña que la narradora tenía planeado hacer con sus hijos, hasta que su exmarido altera los planes y ella parte sola. Instalada en ese paisaje tropical, la mujer inicia una correspondencia con su antepasada más remota, rastreada mediante un test genético: una mujer africana cuyo ADN recorrió el camino del comercio de esclavos hasta el Caribe colombiano. Las cartas, sin embargo, también se dirigen a su abuela, su madre, su tía, su hermana, sus primas y la mujer que las cuidó durante la infancia.

Villalobos definió la novela como “unas vacaciones familiares fallidas que derivan en la indagación de una mujer sobre sus orígenes genéticos y una naturaleza apocalíptica”, según indicó el jurado en su resolución. El entorno cotidiano de la isla —un vecino estadounidense, videollamadas con los hijos, perros vagabundos, quemas de basura y fantasías eróticas— enmarca una historia de afectos, silencios y herencias. El jurado señaló que la novela aborda asuntos como “la esclavitud, la raza, las relaciones de poder, el consumo, el turismo y la degradación ambiental”. El libro llega a las librerías el 12 de noviembre bajo el sello Anagrama.
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Una trayectoria construida entre géneros y fronteras
La trayectoria de García Robayo es extensa e internacionalmente reconocida. Sus novelas Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí y Educación sexual fueron reunidas bajo el título El sonido de las olas. Su colección de cuentos Cosas peores obtuvo el Premio Literario Casa de las Américas en 2014, y el relato Alegría, ilustrado por Powerpaola, fue publicado por Páginas de Espuma. En 2018, la compilación en inglés Fish Soup integró la selección anual de The Times, y dos años después la traducción de Tiempo muerto —publicada como Holiday Heart— recibió el English PEN Award. Sus libros fueron traducidos a múltiples lenguas.
En Anagrama editó La encomienda, El afuera y Primera persona, un libro de crónicas que fue reeditado con textos reorganizados, relatos nuevos y un prólogo que la autora describió como el cierre definitivo del volumen. Fue precisamente en esa reedición donde García Robayo repasó su método de trabajo: “Soy una tomadora de notas serial. Es lo que más hago”, dijo en una entrevista con la periodista Hinde Pomeraniec para Infobae. “Antes andaba con una libretita. Después que perdí la letra, ando con el celular, el archivo de notas. Me mando audios”, agregó.
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Esa acumulación de registros es el motor de su escritura. La autora explicó que guarda muchos más archivos de notas que de documentos comenzados, pero que con el tiempo esas anotaciones “se expanden en alguna parte de mi cabeza y conforman un texto”. El afuera, su libro de ensayos centrado en el aislamiento de la pandemia, la crianza y la construcción de una casa familiar —que, dice, puede volverse también una jaula de oro—, nació precisamente de ese proceso: notas antiguas que cobraron nueva vigencia cuando el confinamiento extremó todo lo que ella ya venía observando sobre el repliegue de las familias de clase media hacia el espacio privado.
“Veníamos trabajando rigurosamente y sin que se nos moviera un pelo por encerrarnos y abandonar el espacio público”, señaló sobre ese fenómeno que, según ella, excede a Buenos Aires y se repite en las capitales latinoamericanas. “La mugre se te va a meter por debajo de la puerta. Te va a ensuciar las alfombras”, advirtió, como metáfora de la imposibilidad de blindarse del todo frente a lo colectivo.
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“Incluso el yo es un personaje, una construcción”
En esa misma entrevista, García Robayo reflexionó sobre los límites entre autobiografía y ficción. Recordó que cuando volvió sobre los diarios que escribía de niña descubrió que todo era, en realidad, invención: “Era como uno elaboraba cosas sobre lo que había vivido y, por supuesto, le ponías algún condimento y te armabas fantasías”. Para ella, la distancia entre lo vivido y lo escrito no es una trampa sino una condición inevitable del acto literario. “Incluso el yo es un personaje, una construcción. Nunca es uno mismo puesto ahí, en escena”, afirmó.
Esa conciencia define también su posición frente a la llamada autoficción. La escritora advierte sobre los riesgos de los dos extremos: la autocomplacencia y el autoflagelo. Para García Robayo, un relato en primera persona que elude la responsabilidad propia es “tramposo” porque le dice al lector “pobrecita yo, solidarízate conmigo” sin reconocer que buena parte de lo que nos ocurre también es producto de nuestras propias decisiones.
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En esa misma entrevista, García Robayo también anticipó que concluía una nueva novela sobre el linaje y la herencia, un proyecto que tenía pendiente desde hacía tiempo. “Este año estuve dedicada, sobre todo, a concluir ese proyecto y ahora estoy enfocada en los últimos detalles”, señaló. La descripción anticipa una continuidad temática con Querida Sharik: ambos proyectos orbitan alrededor de lo que se transmite entre generaciones, lo que se hereda sin haberlo pedido.
Con el Herralde en mano, el nombre de la escritora colombiana se suma a una lista de ganadores que incluye a Roberto Bolaño, Javier Cercas y Rosa Montero.
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