El Congo, un mercado donde está todo por hacer para el comercio exterior argentino

Laura Medina, consultora internacional y directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Argentino Congoleña, repasa sinergias productivas y desafíos operativos de abrir un mercado nuevo en África

Laura Medina es consultora internacional y directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Argentino Congoleña (Foto: Movant Connection)
Laura Medina es consultora internacional y directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Argentino Congoleña (Foto: Movant Connection)
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“Se puede producir y comercializar algo que en este país es de descarte”. Con ese ejemplo, Laura resume una lógica que atraviesa toda su mirada sobre el vínculo con el Congo: entender primero qué necesita el otro. A partir de su experiencia, recorre el potencial agropecuario y minero, el peso de la diversidad cultural en la negociación y el lugar de la cooperación Sur-Sur.

¿Qué sinergias comerciales existen hoy entre Argentina y el Congo?

Son diversas. En el desarrollo agropecuario, que allá todavía no está industrializado, Argentina puede proporcionar know how, conocimiento, porque está todo por hacer. Hay lugares en el mundo que por distintos motivos han quedado relegados, y el Congo es una nación relativamente joven: hace 62 años que se independizó.

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Comparado con Argentina, imaginate que la evolución es mucho menor. Es un lugar donde está todo por hacer y hay muchas ganas de hacer cosas. Lo pudimos comprobar en distintos eventos, en el acercamiento a la embajada y en el contacto con ciudadanos congoleños que vinieron al país y nos pudieron expresar en profundidad todo lo que hay por hacer.

Tenemos mucho en común, mucho más de lo que creemos, y las posibilidades de negocio son ilimitadas. Hay desarrollo de minería, pero todo es manufactura: todavía no hay industrialización, que es algo muy importante para que una nación crezca. El trabajo es que el Congo deje de ser un enigma en el imaginario de la gente y se transforme en algo tangible, en una posibilidad.

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Cuando se busca abrir un mercado nuevo, ¿qué suele ser más difícil: encontrar al comprador o lograr que toda la operación de comercio exterior funcione?

Lo primero es que hay personas de por medio. Hay que encontrar los puentes, los lazos, y construir los caminos. Llevar los productos es más que una charla de oficina: hay gente trabajando, hay gente movilizándose. Uno sabe lo que llega a su mesa, pero no conoce todo el proceso que hay en el medio.

Cuando se logra enlazar todo aquello que nace en una necesidad y satisfacerla con todo el proceso que hay en el medio, se encuentra una solución, se brinda un servicio y se llega al punto donde todos queremos estar. Ahora, hay toda una mecánica que no es sencilla, sobre todo cuando hay diversidad cultural: hablamos un idioma diferente, tenemos distintas costumbres y consumimos distinto tipo de productos.

Un ejemplo práctico: en una charla con una empresa descubrimos que la hoja de mandioca, que acá se descarta, en el Congo es un alimento de primera. Está en todas las casas, es como nuestra espinaca. Se puede producir y comercializar algo que en este país es de descarte. Y así te puedo dar millones de ejemplos.

"Ver a África como una oportunidad concreta es de visionarios. Nos quedamos atrás si no miramos a África como un potencial enorme", sostiene Laura (Imagen: Shutterstock)
"Ver a África como una oportunidad concreta es de visionarios. Nos quedamos atrás si no miramos a África como un potencial enorme", sostiene Laura (Imagen: Shutterstock)

¿Qué aprendiste sobre negociación trabajando con empresas, culturas y mercados tan distintos?

Que se hace camino al andar. Cuando se trabaja con diversidad de culturas y de pensamiento, una de las cosas más importantes es aprender a escuchar fundamentalmente lo que el otro necesita. Más allá del interés mutuo, que es el comercio internacional y el desarrollo de operaciones comerciales concretas, lo que más interesa es saber qué necesita el otro.

¿Por qué? Porque cuando uno descubre lo que el otro necesita, puede satisfacer una necesidad. Y cuando se trabaja con culturas tan diversas como la congoleña y la argentina, lo que lleva adelante cualquier negociación es esa capacidad de conectar con el otro como primera parte.

¿Qué aprendiste del Congo y de su gente en este tiempo de trabajo conjunto?

Llevo un año trabajando directamente con dos congoleños nativos que hoy viven en Argentina. Están un poco argentinizados, pero siguen siendo congoleños. Y hace poco tuvimos la dicha de recibir a una persona que vive en el corazón del Congo, en la provincia de Katanga, que se animó a saltar el Atlántico para darnos a conocer su país.

Es diferente hablar con alguien que lleva muchos años residiendo acá que con alguien que nunca había pisado la Argentina. Pudimos aprender muchísimo, no solo sobre la cultura, sino sobre las formas. Es gente sumamente respetuosa y con una diversidad cultural increíble. De hecho, el tango viene de la rumba congoleña: hay un corto que cuenta esa evolución hacia el tango y la salsa.

¿Qué tiene que pasar para que una empresa argentina deje de mirar a África como un mercado lejano y empiece a verla como una oportunidad concreta?

Ver a África como una oportunidad concreta es de visionarios. Nos quedamos atrás si no miramos a África como un potencial enorme. Fijate que Estados Unidos está mirando a África: hace poco se firmó un acuerdo de paz entre el presidente de la República Democrática del Congo y el presidente de Estados Unidos. ¿Por qué? Porque están mirando a África.

En esa pregunta está la respuesta: hay mucho para hacer. La cooperación Sur-Sur es algo que está en marcha; todavía no está tan popularizada, pero avanza. Por eso el mensaje es descubran África, miren África. Empresarios, directores de cámaras, CEOs y personas de a pie: anímense a saltar el charco, porque hay mucho por descubrir y muchas cosas buenas por hacer.

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