Una importación no se define por el valor FOB, sino por todo lo que pasa antes de embarcar

Roberto Rando, presidente de un estudio de comercio exterior, repasa qué rubros mueven hoy la actividad, qué exige la especialización del despachante y cómo la digitalización cambia la aduana

Roberto Rando es presidente de un estudio de comercio exterior (Foto: Movant Connection)
Roberto Rando es presidente de un estudio de comercio exterior (Foto: Movant Connection)
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“En este momento no puede haber costos extra de ningún tipo, porque un costo extra es una pérdida de negocio”. Con esa premisa, Roberto describe un comercio exterior que se mueve por sectores, con operaciones por frontera y certificados que hoy viajan en un código QR, y explica por qué el trabajo del despachante va mucho más allá de oficializar un despacho.

¿En qué rubros estás viendo hoy mayor movimiento y qué está impulsando esa actividad?

Trabajo con rubros muy diferentes, y los que más actividad tienen ahora son neumáticos, lubricantes y, por temporada, helados. En neumáticos se está apuntando a una venta directa a clientes, y eso genera mucha operación por frontera para abaratar costos, porque hoy hay que abaratar el costo de todo; si no, es imposible.

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En textil se mueve más la prenda terminada, por temporada, pero hay mucha mercadería en zona franca esperando a que se venda. La industria nacional está muy frenada: los colorantes textiles se siguen trayendo, pero no en la cantidad de antes. El movimiento nunca es constante: se va sectorizando y pasando de un sector a otro.

¿Qué rubros demandan una mayor especialización del despachante de aduana y cómo se logra esa especialización?

Creo que siempre tenés que estar especializado, salvo un particular que quiera traer algo muy puntual. En todos los rubros hay que saber bien de lo que estás hablando, qué estás trayendo, qué intervenciones lleva y cuáles no, cómo mover la documentación y qué documentación se necesita.

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Me tocó especializarme, o por lo menos estar muy concentrado en lo que hago, porque no estar concentrado o cometer errores tiene un costo, y ese costo es para el cliente. En este momento no puede haber costos extra de ningún tipo, porque un costo extra es una pérdida de negocio.

Para eso hay que conocer bien el rubro. Si un cliente nuevo va a traer chupetines, por ejemplo, hay que estudiar la posición, qué intervención lleva y contactarse con quien hace ese trámite para ver qué documentación va a pedir el despacho, si va a pedir vencimiento o lote.

Y no es buscar la posición y decirle cuánto paga. Hay que ver si se encarga el transporte, si es marítimo, si conviene contenedor completo o carga consolidada, qué incoterm le conviene, y pedir la documentación antes para analizarla. Muchas veces nos encasillan con eso de que se hace el despacho y se acabó, y no es así.

La operación de importación no comienza cuando la mercadería se sube al barco o se hace la aduana. Hay que planificar la operación y la logística mucho antes de que el cliente embarque o mande los papeles (Foto: Shutterstock)
La operación de importación no comienza cuando la mercadería se sube al barco o se hace la aduana. Hay que planificar la operación y la logística mucho antes de que el cliente embarque o mande los papeles (Foto: Shutterstock)

¿Hay operaciones que a simple vista parecen simples, pero que se complican cuando uno se mete en el proceso?

La exportación de alimentos tiene sus bemoles, porque no solo lleva el certificado que pida el país de destino: también hay que controlar los lotes y que la mercadería no esté vencida. Puede pasar que estés terminando de cargar, te des cuenta de que un lote está vencido y haya que bajar la mercadería.

No hay mercaderías fáciles, aunque algunas son más simples. La prenda terminada hoy es más fácil, porque hay cosas que ya no están en el medio, como el etiquetado textil. Igual hay que clasificar bien y revisar la declaración jurada, porque si el exportador no la completó, vas a tener problemas acá.

En seguridad eléctrica, los certificados del exterior pueden ser válidos sin certificar el producto en Argentina: se hace una declaración jurada y todo queda en un código QR que se escanea al analizar la mercadería. En las cubiertas, aunque se abrió el mercado, sigue haciendo falta el certificado de seguridad homologado.

¿Qué creés que puede cambiar más la dinámica del comercio exterior en los próximos dos o tres años?

Se están digitalizando un montón de trámites, que se vuelven más fáciles, y hay controles que antes eran previos y ahora son posteriores. En una charla se comentó que la aduana quiere llegar a ser una aduana sin papeles.

Si se logra, sería un golazo de media cancha, porque se evitaría la carpeta y el papelito. Si podés oficializar un despacho desde tu oficina, vas al puerto y el verificador lo puede ver por sistema y aprobarlo, son muchos menos papeles para presentar.

¿Qué le recomendarías a quien evalúa importar en este nuevo contexto?

La operación de importación no comienza cuando la mercadería se sube al barco o se hace la aduana. Hay que planificar la operación y la logística mucho antes de que el cliente embarque o mande los papeles, para darle tranquilidad de que el costo le va a servir.

Con la apertura hay gente que consigue en China un micrófono de dos dólares, y cuando lo trae no le sirve por todos los costos que no conocía. Un negocio no se decide por el valor FOB: hay que sacar el costo hasta la puerta del local, y ver si eso no existe en el mercado interno y cuál es el margen.

A veces, cuando me piden un costo, le digo al cliente que no creo que le sirva, aunque pierda el trabajo. Con mercadería voluminosa, que lleva mucho flete, hay que traer más cantidad o analizar otra cosa, salvo que se arranque con algo que no hay en Argentina y se acepte perder al principio. No es fácil.

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