Educación superior y logística: desafíos en tecnología y experiencias de aprendizaje

Rodolfo De Vincenzi, rector de una universidad privada, analiza el rol transformador de la formación, el impacto de las herramientas digitales y la importancia de diseñar recorridos académicos

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Rodolfo De Vincenzi
Rodolfo De Vincenzi es rector de una universidad privada (Foto: Movant Connection)

Al referirse al rol operativo dentro del sistema, Rodolfo señala que “la logística es la que te permite llevar el propósito a la acción”. En esta entrevista, profundiza en cómo se articulan los objetivos institucionales con la ejecución diaria, el desafío de sostener modelos flexibles sin perder calidad y la necesidad de diseñar entornos que acompañen trayectorias diversas en un escenario en constante cambio.

¿Qué implica liderar en educación superior hoy?

Liderar en educación superior implica, en primer lugar, definir propósitos. Porque en definitiva la educación pretende lograr resultados de aprendizaje con propósitos determinados.

La universidad tiene que poder ser capaz de transformar realidades individuales de aquellos que se forman, y que esas personas, a su vez, puedan transformar las realidades de la sociedad. Ese es el punto central.

Y ahí es donde aparece algo que para mí es clave: ubicar a las personas en el centro. Porque todo lo que hacemos con la ciencia, con la tecnología, con el conocimiento, tiene que tener un impacto concreto. Tiene que atender problemáticas reales, situadas, y tiene que mejorar la vida de las personas.

¿Qué te atrajo de construir proyectos educativos más allá de la docencia?

Lo que más me atrajo es esa capacidad transformadora que tiene la educación. Si uno analiza el impacto del sistema educativo, yo diría que hay tres niveles. El primero es la eficiencia. Es cumplir con aquello que prometiste en términos de resultados de aprendizaje.

Por otra parte, el segundo punto es la pertinencia, donde aparecen las preguntas: ¿esto que estamos haciendo, para quién es útil? ¿Qué problema resuelve? Ahí entra el propósito. Y el tercer nivel es la transformación. Ahí ya hablamos de innovación, de mover estructuras, de generar cambios reales y de producir evolución en aquello sobre lo cual se actúa. Y ese tercer nivel es el que realmente marca la diferencia.

¿Qué cambios van a transformar la educación en los próximos años?

Yo creo que en los últimos 20 años se produjeron más transformaciones que en el último siglo. Y me atrevo a decir que incluso en gran parte de la historia de la humanidad. Hay dos cambios muy fuertes. Uno es el cambio demográfico. Después de la pandemia se empieza a ver una contracción del sistema educativo, cuando históricamente siempre estuvo en expansión. La baja en la tasa de natalidad cambia completamente la lógica.

El segundo cambio, más profundo todavía, es el tecnológico. Estas transformaciones cambiaron nuestras vidas y generan un cambio de paradigma en la educación. Pasamos de un modelo de universalización —donde la lógica era llegar a todos de la misma manera— a un modelo de personalización masiva del aprendizaje. Hoy es posible llegar a cada persona de forma distinta, respetando sus talentos, sus decisiones, sus tiempos. Y eso cambia completamente el diseño del sistema educativo.

¿Cómo se gestiona una institución educativa de gran escala?

Implica trabajar en alta escala, pero al mismo tiempo con una lógica de personalización. Y ahí hay algo que se dice mucho: a nosotros no nos ordena la autoridad ni la burocracia, nos ordenan los objetivos que perseguimos. Eso cambia la manera de gestionar, porque cuando el objetivo es claro, las decisiones se alinean. Y cuando las decisiones se alinean, la operación se vuelve más eficiente.

¿Qué rol juega la logística en ese esquema?

Cuando uno tiene que resolver problemas complejos, necesita soluciones simples y ahí la logística cumple un rol central. Primero, porque implica planificación; segundo, porque implica coordinación; y tercero, porque implica ejecución.

La logística, en definitiva, es la que baja a tierra el propósito. Es la que permite que lo que se piensa se transforme en acción concreta. Y para que eso funcione, hay tres cosas que son clave: tener un propósito claro, tener una hoja de ruta simple y lograr que cada parte de la organización entienda qué tiene que hacer y para qué lo hace.

¿La logística forma parte de la experiencia del estudiante?

Sin duda. Si uno quiere lograr una personalización masiva del aprendizaje en alta escala, uno de los factores críticos es el diseño de la experiencia del estudiante. Y ese diseño no es solo académico, incluye todo: la infraestructura, la tecnología, los procesos, la interacción y demás. Todo eso forma parte de un sistema que tiene que funcionar de manera coordinada y ahí la logística es fundamental.

¿Qué tensiones existen hoy entre el sistema educativo y la realidad?

Estamos en un momento bisagra. Durante mucho tiempo, los modelos educativos funcionaban con una lógica de talla única o, en el mejor de los casos, con sistemas de tallas, es decir, el estudiante tenía que adaptarse al sistema. Hoy eso cambia, es posible diseñar una educación que se adapte a la diversidad de talentos y de elecciones de cada persona, sin perder calidad. Y ese es el gran desafío: demostrar que la flexibilidad no está en contradicción con la calidad. Se puede personalizar, se puede flexibilizar, y al mismo tiempo sostener estándares altos.

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Para Rodolfo, "la universidad tiene que poder ser capaz de transformar realidades individuales de aquellos que se forman, y que esas personas, a su vez, puedan transformar las realidades de la sociedad. Ese es el punto central" (Imagen: Shutterstock)

¿Cómo impacta la tecnología en el rol docente?

Cambia completamente. El docente tradicional era un transmisor de conocimiento y el alumno, un receptor. Hoy eso no funciona más así, ya que pasa a ser un facilitador de fuentes de información, un curador de contenidos y, sobre todo, un diseñador de experiencias de aprendizaje.

Lo importante no es el contenido en sí, sino el resultado de aprendizaje. El contenido sin propósito no tiene sentido. Acumular información no transforma, lo que transforma es lo que hacés con esa información.

¿Cómo se puede planificar frente a los cambios demográficos y tecnológicos?

El cambio demográfico es un dato y una condición del contexto. Lo que cambia es cómo respondemos a eso. Antes, la lógica era la economía de escala. Por eso la estandarización. Hoy, gracias a la tecnología, es posible atender la diversidad, trabajar sobre trayectorias personalizadas y diseñar experiencias distintas para cada estudiante.

¿Qué reflexión te gustaría dejar?

Hay tres cosas que para mí son clave al momento de tomar decisiones. La primera es superar la palabra. Estamos muy acostumbrados a hablar mucho, pero necesitamos más acción. Y eso implica construir hojas de ruta claras, que aseguren resultados.

La segunda es la capilaridad, que tiene que ver con la colaboración. Tenemos una tendencia muy fuerte a competir. A pensar en términos de suma cero. Y en realidad, cuando uno colabora, encuentra capacidades complementarias en el otro.

Y la tercera es la co-creación, no se trata solo de empatía, se trata de construir con otros. Si hay un propósito claro, la co-creación permite lograr resultados mucho más significativos.

Para cerrar, ¿cómo definirías la logística en la educación?

La logística es la que te permite llevar el propósito a la acción, es la bajada a tierra, la que te asegura que lo que diseñaste y lo que planificaste efectivamente ocurra. En educación, el propósito es el resultado de aprendizaje y la logística es todo aquello que permite que ese resultado se logre: el diseño del ecosistema, el modelo educativo, la experiencia del estudiante. Ese es el verdadero desafío.